La enésima guerra psicológica de Putin

En los últimos días, se está teniendo conocimiento de una supuesta escalada del Kremlin de Rusia en su ofensiva y rivalidad con los países que componen la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN). Estas preocupaciones se habrían acrecentado tras el lanzamiento de drones rusos contra la línea ferroviaria que conecta Varsovia con Kyiv (en la estación de Yahodyn, que está situada a escasos kilómetros del punto fronterizo polaco de Dorohusk, en el voivodato de Lublin). En ese instante, circulaba un tren en el que había políticos y diplomáticos de la zona OTAN como el ex Primer Ministro británico Boris Johnson y el ex director de la CIA David Petraeus.

A lo largo de esta semana, se han incrementado las preocupaciones, y no solo debido al ataque del pasado día 17 en una gasolinera de Volinia, el cual motivó a la Fuerza Aérea Polaca a hacer un despliegue aéreo preventivo, aparte de activarse alertas en los voivodatos de Subcarpacia y Lublin. Alemania estaría preparando sus hospitales para atender a unos mil soldados por días y Lituania estaría definiendo rutas de evacuación a través de Polonia (cabe recordar que el corredor de Suwalki es una infraestructura muy delicada, que podría aislar a los bálticos de la mayoría de países europeos por vías terrestres). También aumentan las tensiones en la ciudad fronteriza estonia de Narva, donde hay una mayoría rusoparlante (recordemos que los soviéticos propiciaron la invasión demográfica de las repúblicas bálticas, la cual es muy significativa en Letonia y en Estonia).

Ergo, la pregunta que uno se formula es si se va a avanzar de modo que se entre en una Tercera Guerra Mundial o si realmente se avecinan tiempos oscuros para Europa. También uno se puede formular preguntas sobre si realmente, el ejército ruso está realmente tan fuerte tan haber sido incapaz de anexionar y destruir todo el territorio ucraniano o de tener asegurado y en sus propias manos otro territorio en disputa como es Moldavia, a el que este verano han apuntado varios drones rusos (un pequeño país que condiciona la influencia rusa sobre el Mar Negro y que tiene cada vez a más ciudadanos interesados en una unión política con Rumanía, que no necesariamente obedece a similitudes lingüísticas). Así pues, voy a exponer lo que yo pienso.

Este fin de semana se han celebrado unos comicios electorales ficticios en Rusia, en el que se ha restringido la participación de partidos políticos realmente disidentes. Este viene a ser el caso del partido Yábloko, un partido de corte centrista que se opone frontalmente a las diversas agresiones belicistas del Kremlin (y estaría a favor de ingresar en la Unión Europea, alejándose de las alianzas del estilo de los BRICS. Bajo el pretexto de la condena de dos dirigentes y los errores en cierta burocracia electoral, esta formación fue vetada, aunque algunos de sus miembros estarían aprovechando la vía de las circunscripciones uninominales para concurrir de manera independiente e intentar asegurar cierta representación en la Duma Estatal de Moscú). Es más, la demoscopia que circula en redes sociales les habría dejado en la segunda posición.

La popularidad del ex agente del KGB (inteligencia soviética rusa) Vladimir Putin no sería tan elevada. Hay rusos que están hartos de la política belicista y otros que consideran que los movimientos políticos del Kremlin les alejan considerable de una justa y decente bonanza económica. Hay necesidades de racionamiento tanto en combustibles como en alimentos. Además, muchos rusos están huyendo del país para evitar ser reclutados forzosamente en el ejército, optando en función de sus capacidades y de sus intereses por países como Armenia, Georgia, España, Israel, Turquía, Argentina, Kazajistán y Emiratos Árabes Unidos. Aunque también es cierto que no son pocos quienes se cansan de las penurias económicas y de las constantes erosiones sobre las libertades concretas. Con lo cual, necesita Putin recurrir a la grandilocuencia militarista y expansionista para autoerigirse como un aguerrido defensor de la patria y de la Gran Rusia.

En cuanto a los países de la OTAN, es evidente que hay que reforzar la seguridad en el flanco fronterizo oriental y que todos los países han de responsabilizarse de sus prioridades y necesidades de defensa militar. La guerra híbrida se da por esta demarcación, igual que por la más meridional, debido a los desafíos religiosos, culturales y demográficos (con su cariz de expansionismo). Y jugando con eso, el sátrapa ruso busca una provocación política y militar que incremente la razonable preocupación en los distintos países de la Unión Europea y que se disparen los temores sociales en determinadas zonas de la Región Intermarium (gran damnificada de toda acción y palabra de Putin). Quiere medir la capacidad de respuesta de la OTAN sin más, ya que entrar en una guerra contra cualquier miembro de la OTAN podría no resultarle rentable. Como prueba de ello están sus incapacidades para celebrar a lo grande el llamado «Día de la Victoria», la incapacidad de destruir Ucrania entera y la incompetencia para defender las principales refinerías de Moscú.

Ante ello, la respuesta de Occidente no ha de ser la ignorancia. Es evidente que hay que mejorar la defensa militar en Europa (sin perjuicio de entender que la criticidad depende del país, ya que en España tiene probabilidades más altas de ser atacada por Marruecos que por Bielorrusia) y adoptar una postura firme frente a lo más horrendo y totalitario del Kremlin ruso. Pero la clase política de la zona OTAN no debe de beneficiarse de la guerra psicológica para tapar su propia incompetencia en otras materias más internas, ni seguir haciéndole el juego a Rusia mediante las batallas ecosocialistas contra la energía nuclear y la innovación científico-tecnológica. Y no, no se puede negar la infiltración e influencia de Rusia en distintos agentes, incluyendo determinadas entidades que tienen una simpatía notoria debido a su razonable crítica y denuncia de la islamización de Europa y el estrangulador socialismo verde y woke de Bruselas (hay que poner el ojo en ello, ya que la histeria razonable podría satisfacer ciertos deseos de Putin).

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