Tras broncearse en La Mareta, Sánchez remata en Andorra su desconexión mientras los asaltantes, envalentonados, atacan y hieren incluso a los militares

La izquierda nos ha metido en la ficción de que para enterarte de que hay una inundación, en el siglo XXI y plena eclosión de las comunicaciones y las redes sociales, necesitas que el gobierno te mande un SMS. El 29 de octubre de 2024 hasta las televisiones, con excepción de la pública, estaban informando en tiempo real de lo que sucedía desde primera hora de la tarde en la Comunidad Valenciana, mientras Mazón estaba perdido en el Ventorro, Sánchez en la India e Iglesias en México. Ahora, en plena crisis de Ceuta, Sánchez se ha pasado todo el mes en La Mareta, para marcharse después a su Ventorro andorrano. Los gobiernos viven en una burbuja. Los gobiernos, da igual que hablemos de inundaciones, del COVID o de invasiones, no te avisan de lo que llega. Estás muerto si para hacer algo esperas que te avise el gobierno. Y sin embargo pensar esto, que es desastroso, es hasta cierto punto benevolente, porque lo terrible es pensar que actúan como actúan, o bien dejan de actuar, conscientes de lo que viene y enterándose de todo, sólo que su cálculo no es salvar al país, sino pensar si los desastres les perjudican o les favorecen y cómo pueden utilizarlos.

La avalancha humana contra Ceuta no es algo que no se pudiera saber, porque una movilización de tal magnitud exige un elevado grado de preparación, organización y comunicación, también porque 80.000 personas en columna de a 10 forman una fila de 8 kilómetros. No es una cantidad de gente que se pueda mover por Marruecos, ni por ningún sitio, sin ser percibida hasta llegar a la frontera, ni por la dictadura alauita en la que no se mueve la rama de una palmera sin el permiso del régimen, ni por los servicios de inteligencia españoles si son merecedores de semejante nombre. Tienen que dimitir toda la cúpula de Defensa y de Interior, o bien porque no se enteraron de que se estaba organizando una Marcha Verde de 80.000 personas contra Ceuta, lo cual les incapacita para seguir ocupando el puesto, o bien porque -todavía peor- se enteraron y no hicieron nada, lo que nos llevaría de la incapacidad a la complicidad, por no decir la traición.

El buenismo mata. El buenismo genera caos. El buenismo es un incentivo para los agresores, las mafias y los irregulares. Las regularizaciones masivas, la imagen de debilidad y el descontrol fronterizo, quién puede dudarlo ahora, tienen un catastrófico efecto llamada. Hemos olvidado los 100 inmigrantes muertos del primer día, pero el welcome refugees ha provocado más muertos que minar la frontera. Ahora la situación en Ceuta lleva casi un mes entero fuera de todo control. Ser prisioneros de un discurso que hace imposible el uso de la fuerza a tiempo aboca a tener que usar la fuerza mucho más tarde, con una situación mucho más envenenada y con mucha mas violencia de la que hubiera sido necesaria al principio, siendo el tigre un cachorro. Ser incapaces de expulsar a los invasores durante semanas ha generado una situación insostenible en la que los ceutíes han llegado al límite, al punto que están reaccionando por sus propios medios ante el abandono del estado. ¿Qué es lo que va a hacer ahora Sánchez, usar la fuerza contra su pueblo en vez de contra los invasores? Es evidente que para proteger a los ceutíes y restaurar el orden hay que recluir en campos, para a continuación expulsarla, a toda la horda invasora. Si la horda opone la fuerza a ser recluida o expulsada, mostrando su verdadera naturaleza no pacífica, entonces será necesaria la fuerza, o para qué queremos el estado, el gobierno y la fuerza.

Ceuta no es sino una evidencia más de que Sánchez, en realidad, desde que llegó al poder no ha sabido enfrentar ni un problema real, ya sea la vivienda, el covid, la corrupción con la que dijo venir a acabar, la inseguridad, los asesinatos de mujeres, las violacones, los trenes, la pre-dana, la post-dana, los incendios y por supuesto la crisis de Ceuta. A todo lo que se ha dedicado Sánchez desde 2019, quizá porque no sirve para nada más, es a politiquear y mercadear con sus socios para comprar votación a votación los apoyos que necesitaba para seguir en el poder, pero no ha hecho política real ni ha solucionado un problema real desde 2019. Es un inútil incapaz de resolver ninguna crisis real, no digamos a tomar ninguna medida de carácter impopular.

No nos enteraremos de la realidad en Ceuta por los medios públicos y oficiales, esos que el gobierno nos indica que son los únicos que debemos seguir. La televisión pública, para ser realistas, es una sucesión de 24 horas ininterrumpidas de desinformación, ocultación y mentiras, como la falsa normalidad de Ceuta. La realidad de la situación en Ceuta es que la población, especialmente en determinadas zonas de la ciudad, vive una especie de reclusión domiciliaria que afecta además en la mayor medida a la población más vulnerable: niños, mujeres y ancianos. Fuera de las casas no hay seguridad alguna y es cuestión de tiempo que tampoco la haya en las casas.

No terminamos quizá además de ser totalmente conscientes de la naturaleza real del problema. Si por un casual Pedro Sánchez arreglara lo de Ceuta antes de Navidad, Marruecos nos volvería a meter en Ceuta a otros 80.000 y volveríamos a al situación inicial. No se trata por tanto sólo de sacar a los invasores que ya tenemos en Ceuta. El punto en que nos encontramos es la antesala de un conflicto violento en las calles entre los vecinos y la horda invasora. El resultado de no recluir ni expulsar a los asaltantes es que acaben siendo los ceutíes los recluidos en sus casas, los que tengan que enviar a sus mujeres e hijos a la Península, los que tengan que malvender sus casas y los que acaben siendo ellos los expulsados de Ceuta, en vez de los asaltantes. Todo esto además es el fruto de un plan organizado y deliberado. Tenemos un conflicto con Marruecos que no queremos reconocer, que nos impide llegar al origen del problema y que nos aboca a una política que tampoco es clara, eficaz ni contundente siquiera a nivel paliativo.

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