¿Por qué Sánchez no ha sido ya imputado y su suplicatorio podría ser imposible?

No es la primera vez que abordamos la posibilidad del suplicatorio de Pedro Sánchez. El suplicatorio es el proceso que tiene que seguir el Tribunal Supremo para imputar a una persona aforada, como el presidente del gobierno, un ministro o un diputado. Este proceso implica que la mayoría que controla el Congreso pueda aprobar o rechazar el suplicatorio, de modo que para procesar a Sánchez mientras sea presidente habría que conseguir que la mayoría sanchista aprobara el suplicatorio. Obviamente sería escandaloso que la Justicia tratara de imputar al presidente mediante un suplicatorio por un caso de corrupción y la mayoría presidencial lo vetara, ¿pero qué sucede día tras día con el sanchismo que no sea un escándalo?

La cuestión es que, además, el sanchismo podría evitar incluso la votación del suplicatorio, que este decayera por una cuestión de plazo y que la imputación del presidente quedara definitivamente archivada sin haber sido siquiera juzgado, equivaliendo de hecho a una absolución completa. Dicen las malas lenguas que es precisamente por este temor que Pedro Sánchez no ha sido todavía imputado. Es decir, Pedro Sánchez se encuentra en el centro de todas las tramas corruptas investigadas en curso, ¿por qué los jueces no llaman siquiera a Sánchez a dar explicaciones sobre todos estos asuntos? Esas mismas malas lenguas sugieren que es por este motivo. Los jueces y magistrados, conscientes de la fragilidad del suplicatorio, estarían evitando tener que recurrir a él para que el gobierno no tenga la oportunidad de tumbar con carácter definitivo las posibles responsabilidades penales de Sánchez. Profundicemos en el asunto.

La mayoría sanchista, por las causas ya abiertas o por cualquier nueva causa o caso que pueda abrirse en el futuro, podría recibir el suplicatorio del Tribunal Supremo para imputar a Sánchez y votar en su contra. Esto no obstante retrataría ante la opinión pública española y ante el mundo a la mayoría sanchista. Seguramente a la mayoría sanchista le daría lo mismo el retrato llegado el momento, si no hay otro remedio, pero lo cierto es que hay otra vía un poco menos escandalosa para evitar el retrato. Según el artículo 14.2 del Reglamento del Congreso de los Diputados, “el suplicatorio se entenderá denegado si la Cámara no se hubiera pronunciado en el plazo de sesenta días naturales”. Es decir, si una vez recibida la petición el Congreso va retrasando la votación del suplicatorio hasta rebasar los 60 días, el suplicatorio se daría por denegado sin siquiera haberlo votado.

¿Puede hacer esto el sanchismo? La respuesta es que no se puede decir que no, lo que de hecho significa que probablemente sí que puede, teniendo en cuenta además que el sanchismo controla tanto la presidencia del Congreso como la Mesa del Congreso, esto significa que el sanchismo controla por completo el calendario del Congreso. Efectivamente también sería escandaloso evitar la votación del suplicatorio alargando y al final evitando su votación, pero quizá sería menos escandaloso que realizar la votación y votar directamente en su contra. En cualquier caso la mayoría sanchista podría evitar el procesamiento de Sánchez de un modo u otro.

Si el suplicatorio contra Sánchez no prosperara, ya fuera porque pasara el plazo para votarlo o porque se votara y la mayoría sanchista votara en su contra, el efecto sería que la imputación contra Pedro Sánchez decaería y en la causa que fuera quedaría archivada respecto a él. Como mucho, la imputación acaso podría reactivarse cuando Sánchez dejara de ser presidente o el sanchismo perdiera la mayoría. No obstante, existen dudas doctrinales a este respecto, por no mencionar la falta de antecedentes frente a un asunto de semejante calibre. Por si fuera poco, el Tribunal Constitucional, que podría ser el intérprete final del debate, también se encuentra controlado por una mayoría sanchista. Es una opinión por tanto no despreciable entre los juristas la de que si el Supremo imputara a Sánchez y pidiera su suplicatorio, y este no prosperara, el efecto jurídico de hecho equivaldría a la absolución forzada de Sánchez. Quizá por tanto sea por esto que Sánchez, pese a las evidencias de corrupción en todo su entorno, no haya sido imputado.

A su vez, todo lo anterior ayuda a entender el grosor del blindaje de Sánchez mientras conserve la presidencia, mientras no convoque elecciones y mientras no pierda la mayoría. Por tanto, sobre todo si tiene dudas sobre su propia inocencia, no se puede subestimar el interés ni la capacidad de Sánchez para hacer lo que sea que le garantice conservar la presidencia, no convocar elecciones anticipadas o no perder de ningún modo la mayoría.

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