Decíamos ayer que el libro de Cerdán desde su celda primero negaba cualquier negocio corrupto, llegando a asegurar que los audios de su caso han sido inventados por la UCO, el barón Ashler, Espectra y los pitufos negros. En segundo lugar, Cerdán se lamentaba como Carmina Burana de los vaivenes del destino, de lo rápido que pasas de estar en la cumbre a caer en el fango. Pero aparte de victimizarse había muchas cosas que Cerdán no contaba en sus 100 páginas de reflexiones existenciales y cuitas. El ex secretario de organización del PSOE y mano derecha de Pedro Sánchez se queja amargamente en su opúsculo de que la reputación de alguien pueda ser arrastrada de la noche a la mañana sin posibilidad de defensa. Cerdán denuncia que el buen nombre de un preboste del gobierno pueda ser difamado por fuerzas oscuras y siniestras sirviendo intereses bastardos. No existe la corrupción gubernamental, existe el complot de todos los pseudoperiodistas que no se encuentran al servicio del gobierno. Hay que frenar el poder de la prensa no controlada para acabar con la posición de poder que tenía un personaje como él.
Y sin embargo, conviene recordar que Santos Cerdán era la garganta profunda que le filtraba datos a Ketty Garat de José Luis Abalos, tanto para destruir a su antecesor y competidor como para proteger a Sánchez (y probablemente a sí mismo) en este juego de tronos. Así lo ha revelado abiertamente la propia Ketty Garat en su libro “Todos los hombres del presidente”. Se da por tanto la paradoja, por no hablar de la hipocresía, de que el mismo Cerdán que lamenta la injusta forma en que un honrado lugarteniente de Sánchez como él puede ser arrastrado por la calumnia, al mismo tiempo es el verdugo que alimentaba con confidencias sobre Abalos, para que fuera arrastrado Abalos, lo que todos los días su gobierno estaba llamando “el ojete” y la máquina del fango.
Cerdán se presenta en su libro como el hombre de confianza de Sánchez: "Santi me reporta sólo a mí, dijo a los compañeros"
— EL ESPAÑOL (@elespanolcom) June 29, 2026
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El mismo Cerdán que en su libro lamenta la forma en que se puede destruir mediáticamente la reputación de una persona y la indefensión en que queda, lanzaba información a los medios desde la sombra para destruir la reputación de alguien que había sido su compañero, o su rival, hasta hacía sólo unos días, naturalmente con el conocimiento de Sánchez. Por supuesto destruir a Abalos para crear un cortafuegos es un motivo de peso para intentar limitar los daños, pero en el caso de Cerdán se da la circunstancia de que fue el sucesor de Abalos. Ayudar a destruir a Abalos no sólo era un cortafuegos, en su caso era también un ascenso. De todos modos Abalos ha sido víctima de algo más que rumores y maledicencias, como ha confirmado su sentencia y como probablemente le suceda a Cerdán. Al menos Äbalos no nos ha castigado con un libro lleno de omisiones, victimizándose y negando hasta el final la mayor.

Todo indica por tanto que Santos Cerdán puede ser un corrupto, pero además también sería un intrigante, un cínico y un hipócrita. Desde luego estas filtraciones que le pasaba a Ketty Garat para destruir a Abalos y construir a su alrededor un cortafuegos no aparecen en el libro de las injusticias y los lamentos de este monje benedictino. Es curioso que alguien que podría escribir (o hacer que le escriban) un libro de miles de páginas llenas de informaciones sabrosas, en cambio nos castigue con las 100 páginas de su vida que no interesan. Si aplicamos el dicho de que alguien vale mucho más por lo que calla que por lo que habla, el libro interesante de Cerdán es el que no ha escrito, en contraste con el que ha escrito que no vale nada. El título del libro no escrito podría ser “Santi sólo me reporta a mi”, por lanzar una sugerencia.