No está de más recordar de vez en cuando la anormalidad de la Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución Española, esa disposición que, de entre todas las comunidades autónomas españolas, siendo en realidad más que una mera comunidad autónoma convierte de hecho a Navarra en menos que una comunidad autónoma, reduciéndola al estatus de comunidad autónoma transitoria.
Ibarrola anuncia que UPN inicia el trámite en Navarra para derogar la Disposición Transitoria Cuarta https://t.co/DT8SJ0Hs3O
— Europa Press Navarra (@EPNavarra) March 25, 2026
Efectivamente, en España hay 16 comunidades autónomas y una comunidad transitoria, que es Navarra. Las demás comunidades, al menos desde el punto de vista de la Constitución, son comunidades definitivas mientras que Navarra padece un estado crónico de transitoriedad. ¿De transitoriedad hacia qué? Hacia la anexión con la CAV. Navarra pasaría a ser una comunidad definitiva y no transitoria en el momento en que pasara a formar parte de la CAV, sólo que entonces ya no sería Navarra, sería Euskadi, la Comunidad Autónoma Vasca, la CAV. Las dos opciones para Navarra, merced a la T4, es ser una comunidad transitoria o ser una diputación de la CAV.

La Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución Española prevé un mecanismo, no previsto para ninguna otra comunidad, para que Navarra pueda pasar a formar parte de la CAV, pero es curiosamente un mecanismo que en cambio no permite salir. Un dispositivo en el que se puede entrar pero no deja salir podría ser la definición de una trampa. El mismo mecanismo previsto para entrar no está contemplado para permitir la salida. De la CAV se entra, pero no se sale. Si una generación de navarros decidiera entrar en la CAV, cualquier generación siguiente ya no podría salirse. La Transitoria Cuarta es secuestro, no democracia.
La Transitoria Cuarta, además, prevé la integración de Navarra en la CAV “al régimen autonómico vasco”. Es decir, que Navarra pasaría automáticamente a ser una provincia más de la CAV, integrada en el régimen estatutario vasco, en el cual las diputaciones aportan sus dineros al gobierno vasco central pero no tienen competencias propias en educación, policía o sanidad. No sólo es que desapareceríamos como autonomía, es que nos incorporaríamos como mera provincia al sistema de gobierno centralista de la CAV. El Parlamento de Navarra se vería privado de casi todas sus funciones y Navarra pasaría a estar representada como un mero territorio más, absolutamente minoritario, en el parlamento vasco.

Lo irónico de todo esto es que en todo caso las cosas deberían ser al revés. Sería la CAV la que en todo caso debería ser una comunidad transitoria, dotada acaso de la facultad para ser anexionada por Navarra si así lo pidieran una mayoría de los vascos y así lo aceptaran una mayoría de navarros, en las condiciones establecidas por los navarros, habida cuenta de que asimismo una mayoría de navarros pudiera revertir esa anexión en otro momento si no resultara satisfactoria para Navarra.