Ha muerto Carlos Ardanaz, “el Puma de Olite”, el enfermo de ELA que llevaba años luchando contra la enfermedad por un lado, y contra la falta de ayudas de la administración por otro. No es sólo un caso personal, todos los enfermos de ELA en España se encuentran aproximadamente en el mismo abandono. El que no tiene recursos propios, y hacen falta muchos recursos para pagar los cuidados permanentes que requiere un enfermo de ELA, no tiene otra salida que la eutanasia. Pero si no tiene otra salida que la eutanasia entonces la eutanasia no es voluntaria. Y si la maravillosa eutanasia no es voluntaria habría que concluir que los enfermos de ELA no mueren, los matan.
Muere Carlos Ardanaz, 'El Puma' de Olite, enfermo de ELA desde hace dos años https://t.co/NeUf4UV24b
— Diario de Navarra (@DiariodeNavarra) March 10, 2026
Hace sólo unos días se publicaba la decisión de la familia Ardanaz de poner fin a su vida acogiéndose a la eutanasia no por rendirse a la enfermedad, sino por la falta de ayudas. Esa última carta es ahora un escrito de acusación contra los gobiernos y partidos políticos de progreso, que te ponen delante la eutanasia por un lado pero te niegan por otro los recursos para que esa eutanasia sea una opción y no una obligación:
“Me da mucha pena marcharme, pensando que quienes nos gobiernan miran hacia otro lado ante necesidades vitales que requieren atención y, en su lugar, se pasan la responsabilidad unos a otros mientras el tiempo pasa y fallecemos en la lucha por sobrevivir. Con vuestro silencio, casi seis meses después, y con la misma humildad, hoy dedico estas palabras al Gobierno de Navarra: gracias a vuestros hechos -o mejor dicho, a vuestros no hechos- he tomado mi decisión. He decidido morir”. Resulta no sólo indignante sino incluso un escarnio que justo ahora, ante esta mala publicidad, el Gobierno de Navarra, el más progresista del universo, anuncie de repente ayudas a los enfermos de ELA para limpiarse las manos, para hacer una operación de lavado de imagen, para tapar la tragedia.

El Congreso de los Diputados aprobó en octubre de 2024 la Ley ELA. Los enfermos y sus familias acogieron la noticia con entusiasmo para comprobar poco después que habían sido engañados. Había una ley aprobada, pero no había dotación presupuestaria, eran sólo palabras vacías. En octubre de 2025 Carlos Ardanaz y otros enfermos expusieron su situación también en el Parlamento de Navarra. Muchas buenas palabras, pero una vez más sin euros de presupuesto. Ahora el gobierno foral y los partidos que lo sustentan vuelven a prometer ayudas, pero justo en el día en que “el Puma” ha muerto, para tapar una noticia con otra noticia. ¿Habrá servido la muerte de Carlos para que al menos lleguen al fin las ayudas o estamos ante otro cruel engaño más a los enfermos de ELA?

El caso de este navarro confirma de todos modos lo peor que siempre temimos los opositores a la eutanasia. ¿Cómo se nos vendió la eutanasia? Asegurando que era una medida progresista y humanitaria, que era inhumano y cruel prolongar el dolor de los enfermos, y que no nos preocupáramos porque en todo caso iba a ser una opción voluntaria. El peligro estaba ahí sin embargo para todo el que tuviera los ojos abiertos. Por un lado, al hablar de “muerte digna”, se creaba la categoría de vidas indignas. ¿Qué mensaje se mandaba a una persona postrada cuando a la persona de al lado se le facilitaba la muerte porque su vida era indigna? Por supuesto a nadie nos gusta el sufrimiento y todos estamos a favor de los cuidados paliativos necesarios para evitar el dolor, pero la deslizante pendiente era calificar de indigna la vida de todas las personas postradas para que ellas mismas interiorizaran ese diagnóstico, se sintieran una carga insoportable y pidieran su propia muerte. Mantener a un enfermo postrado es muy caro, los cuidados paliativos son caros, la eutanasia en cambio es absolutamente barata. ¿De veras nadie veía los riesgos?

De todos modos, aunque estábamos creando un ambiente en el que las personas postradas y enfermas se sintieran indignas de vivir y una carga para la sociedad, de forma que se las empujara a pedir la eutanasia, eso no era suficiente. Aún así eran demasiados los que seguían eligiendo vivir, así que la eutanasia “voluntaria” seguía siendo un gasto demasiado elevado para el gobierno. La solución ha sido prometer y prometer ayudas a los enfermos que después no han llegado. Sin recursos para seguir viviendo, la eutanasia la pide el propio afectado pero no es voluntaria, y si es obligatoria y no hay casos que atender ya no es un problema económico. Cumplir las promesas es caro e incumplirlas barato. Todo lo que nos temíamos en que se podía convertir la eutanasia está sucediendo. Y más que sucederá con una población cada vez más envejecida, enferma y por consiguiente cara de sostener. Segunda ronda de oportunidades para abrir de una vez por tanto los ojos.
Un comentario
Una amiga de mi hija, y no estamos hablando de Navarra, ha comenzado su trabajo como psicóloga funcionaria con la tarea de visitar a enfermos de ELA. En varias de sus primeras visitas, se encontró con que algunos ya habían fallecido. Ni ayudas, ni interés, ni seguimiento; esta es la España que, según el presidente, va como una “moto”.