Los ayatolás también pueden caer después de la guerra

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció ayer que los objetivos de la operación contra Irán se encontraban muy avanzados sobre las previsiones y que la intervención militar no se alargaría mucho más, lo que ha proporcionado aire a los mercados financieros y de materias primas tras el corte del tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz.

El anuncio de Trump pone sobre la mesa una vez más la cuestión de qué es una victoria y en todo caso qué se puede conseguir a través de la intervención contra Irán. Lo que desde luego se ha conseguido es una fuerte destrucción de todo su arsenal e industria militar, fuerzas aéreas y navales, así como sistemas de radares, mando y comunicaciones. También se habrían destruido gran cantidad de lanzaderas de misiles. Además el número de drones y misiles de Irán habría quedado fuertemente reducido por el consumo de todo aquello no destruido. Cabría pensar que las instalaciones relacionadas con el programa nuclear también habrían resultado perjudicadas o destruidas. Esto ya de por sí podría ser considerado como conseguir los objetivos mínimos perseguidos. Lo que podría no conseguirse si se detienen las operaciones a corto plazo sería la caída del régimen del régimen de los ayatolás, que sería el máximo objetivo para obtener una solución moral y a largo plazo eficaz. El fin de la guerra en la situación actual, sin embargo, no significaría necesariamente la consolidación del régimen de los ayatolás.

Una vez cesadas las operaciones militares, Irán va a tener que hacer frente a una situación de notable devastación. Tanto la guardia republicana, como la policía, como las milicias Basij han sufrido un fuerte castigo. La guerra puede ejercer un cierto efecto unificador en torno al gobierno en un momento dado, pero cesadas las hostilidades queda la cruda realidad de una tiranía que aboca a un país a la ruina, a la opresión y a conflictos bélicos recurrentes en los que hace daño a los demás, pero recibiendo 99 golpes por cada uno que da. El hartazgo de la población con el régimen necesariamente es atroz. Por otro lado, el cese de las oleadas de ataques aliados no significa que no vayan a quedar importantes fuerzas militares en la zona y que no puedan realizarse ataques selectivos puntuales en cualquier momento, contra dirigentes del régimen, contra la reconstrucción de las capacidades militares, o contra las fuerzas policiales y militares del régimen, especialmente si persisten en la represión de manifestantes.

A lo largo de todo el conflicto Irán está recibiendo inteligencia de Rusia y/o de China, es la única forma de explicar muchos de los ataques de precisión iraníes con misiles y drones. Sencillamente Irán no tenía forma de saber, sin ayuda exterior, dónde estaban muchos de los objetivos militares de los EEUU que ha estado atacando. Desde luego para China es un grave problema el cierre del estrecho de Ormuz, aunque Rusia por el contrario puede ser beneficiaria del precio disparado del petróleo y del gas. Rusia sin embargo también es dependiente de China en buena medida, económica y politicamente, ahora que su enfrentamiento con Occidente es casi total. Por tanto la reanudación del tráfico por el estrecho de Ormuz, que es el principal problema que está generando Irán, es una preocupación de Xi Jinping y no sólo de Trump, por desgracia para los ayatolás.

Los problemas que está generando Irán, más allá de que en buena medida fueran previsibles, vuelven a evidenciar sin embargo que nos encontramos ante una nueva forma de hacer la guerra basada en misiles y drones. Incluso Estados Unidos, a pesar de todo lo visto en Ucrania, parece haber llegado al conflicto con Irán sin haber terminado de aprender la lección. Los misiles hipersónicos y drones han cambiado la forma de hacer la guerra como en su día lo hicieron los aviones y los carros de combate, quien no lo entienda puede tener un ejército tan paquidérmico y caro como inútil, lo mismo que Francia al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Cualquier conflicto futuro exige por un lado no una pequeña capacidad para usar drones y misiles contra el enemigo, sino convertir esa capacidad de una forma masiva en casi la principal capacidad militar. Esto exige reorientar por completo las capacidades de los ejércitos. Por otra parte, cualquier conflicto va a exigir la misma capacidad o más que para atacar el poder defenderse de los drones y misiles del enemigo, a través de sistemas de defensa aérea multicapa muy superiores a los que actualmente disponemos, y por supuesto enfocados específicamente contra drones y misiles. Irán o Rusia no tienen aviones furtivos, pero el efecto de los drones y misiles es casi el mismo que si los tuvieran. Estamos viendo además que cualquier conflicto actual exige una fuerte capacidad de producir más drones, más munición y más misiles interceptores, así como el desarrollo de sistema antidrones baratos y específicos, como drones interceptores que cazan drones. ¿Está preparado el Ejército Español para esto? ¿Lo están los ejércitos de la UE? Como siempre la UE está dispuesta a gastar dinero a manos llenas, actualmente con ocasión del rearme de Europa, ¿pero se va a gastar el dinero de forma eficiente en los medios que se necesitan para las nuevas formas de hacer la guerra o vamos a arruinarnos sepultando una fortuna en un inútil y desfasado ejército armado con globos aerostáticos, caballos y arcos?

Como cierre a este análisis merece la pena una reseña de lo ocurrido este fin de semana en Australia, donde la selección iraní de fútbol femenina jugaba un partido de fútbol. Las chicas se negaron a cantar el himno como acto de protesta, lo que desde el régimen de Irán ha sido calificado como un acto de traición, y cinco de ellas han pedido asilo político en Australia. El resto posiblemente vuelve a Irán por el temor a las represalias del régimen sobre sus familias. Todas salieron al campo de juego cubierta la cabeza con un pañuelo porque el pañuelo no es opcional. La mujer no es libre en Irán, pero no lo es a un nivel que aquí no podemos ni imaginar.

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