La mitad del precio de la gasolina o el diésel son impuestos

No diremos que la guerra no tiene una incidencia en el precio de los combustibles. Es evidente que la está teniendo. El cierre del estrecho de Ormuz representa un grave quebranto, al menos de manera temporal, que afecta al suministro de gas y petróleo de la zona del Golfo Pérsico. Esto se suma a los ataques que además están sufriendo plantas y pozos en toda la zona. Podríamos pensar que el descenso del flujo de suministro afecta principalmente a China, que es quien más depende del abastecimiento de estos países, pero en realidad todos somos los afectados. Es decir, si China no puede comprar a los países del Golfo empieza a pujar por el petróleo o el gas de otros productores, presionando al alza los precios para todos. A menos oferta de producto precios más elevados, aunque no lo sepa Irene Montero, da igual que hablemos de petróleo, de pisos o de ofertas de trabajo y salarios; claro, si es por todo esto normal que viva en otro mundo Irene Montero.

Volviendo al precio de la gasolina o el diésel, que se disparen los costes es un tsunami que se extiende por toda la economía empobreciéndonos a todos. Lo mismo sucede con el gas. El problema con la energía y los combustibles es que se encuentran en la base de todo el proceso productivo y de distribución. Si suben los costes de la energía, eso repercute sobre el coste de todos los bienes y servicios porque necesitan energía para ser producidos y distribuidos. No sólo es que un bien necesite energía ya de entrada para ser producido, es que ese bien además debe ser distribuido en aviones, barcos, camiones, furgonetas o cualquier medio que depende del precio de la energía. Además cualquier centro comercial u oficina necesita energía. También los hogares la necesitan. El precio de la energía significa inmediatamente inflación y el encarecimiento de los precios significa automáticamente empobrecimiento de la población. Un empobrecimiento e incremento de precios que se acumula al que ya lleva sufriendo hace tiempo la población.

Hablamos del incremento de precios y de los malvados comerciantes capitalistas, aunque en realidad estos no hacen más que repercutir sus propios aumentos de costes. Por esa razón no tiene sentido topar los precios como pretenden algunos. Si no topas también los costes y los salarios, topando los precios sólo arruinas negocios y provocas desabastecimiento. No son precisamente pocos en todo el mundo y en toda la historia los ejemplos y los fracasos a este respecto.

Por el contrario, cuando hablamos del incremento de los precios y de la asfixia económica del pueblo no solemos mirar al gobierno. Seguramente no es casualidad. El propio gobierno señala a las empresas y los comerciantes para que la gente no le mire a él. Es por tanto un buen momento para recordar que la mitad del precio de los combustibles son impuestos que cobra el gobierno. La gasolina o el gasóleo no cuestan 1,7 euros el litro, cuestan 0,85, Si echamos 40 litros de gasolina o gasóil al coche, no son 70 euros que le pagamos a la gasolinera o la petrolera, son 35 euros que le pagamos a la gasolinera y 35 euros que le pagamos al gobierno.

Sobre el precio de los combustibles de los vehículos tenemos en España para empezar un Impuesto Especial sobre Hidrocarburos, que es un importe fijo que oscila entre los 0,47 euros por litro de la gasolina y los 0,37 del diésel. A esto hay que añadir un IVA del 21% sobre el precio total del combustible. El resultado es que alrededor de la mitad de lo que pagamos por llenar el depósito es dinero que se lleva el gobierno. Irónicamente es mucho menor el margen de las petroleras o de la gasolinera que el que se lleva sin más el gobierno. No hay empresarios en casi ningún sector que manejen márgenes de beneficios como los que se lleva con carácter general en todos los sectores el gobierno con sus impuestos. Hay gente que lo aplaude, pero que sea consciente de hasta qué punto esto encarece los bienes y los servicios, por supuesto los combustibles.

En el caso de la gasolina y el diésel, se da además la circunstancia de que cuanto más sube el precio más impuestos cobra y más dinero se lleva el gobierno. Es decir, puesto que el IVA es un porcentaje fijo del 21% sobre el precio, si el precio del litro de gasolina es 1 euro el gobierno se lleva 21 céntimos por litro, pero si el precio de la gasolina sube a 2 euros el gobierno se lleva 42 céntimos. El que especula con los precios para beneficiarse y empobrecernos es el gobierno, porque el gobierno no padece las subidas de costes del producto de cuya subida de precio se beneficia.

Así las cosas lo normal sería que el gobierno rebajara la fiscalidad de los combustibles para aliviar a los ciudadanos. Es decir, no hablamos siquiera de que el gobierno recorte sus ingresos, sino de que no se aproveche de los precios para multiplicarlos. En el ejemplo anterior, si la gasolina pasa de 1 euro a 2 euros lo suyo sería que, simplificando, el gobierno bajara el IVA del 21% al 10,5%, de forma que mantuviera sus ingresos pero no se enriqueciera más, aprovechando la coyuntura, a costa de sangrar a los ciudadanos. Puede que Trump tenga la culpa de muchas cosas, pero de la mitad de lo que cuestan los combustibles la culpa la tiene el gobierno.

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