La torpeza de Chivite en la comisión de investigación del Senado

Ayer pudimos ver a una Chivite tensa y agresiva compareciendo en la comisión de investigación del Senado. Para ver a Chivite respondiendo a las cuestiones sobre las irregularidades en la concesión de las obras de los túneles de Velate a la empresa de Cerdán hay que acudir al Senado porque en el Parlamento de Navarra a la mayoría de gobierno no le interesa que comparezca la presidenta del gobierno foral. En este sentido no deja de resultar curioso que fuerzas tan antiestatalistas y nacionalistas como las que sostienen a Chivite en Navarra vacíen de funciones y responsabilidades de este modo a la presidencia del gobierno y al parlamento foral.

La tensión y agresividad de Chivite en el Senado se compadecen bien con esta negativa a comparecer y dar explicaciones a una comisión de investigación en Navarra, pero mal con la actitud que sería lógica en una presidenta inocente y con afán de colaborar en la investigación. Es decir, lo normal es que Chivite, si es inocente, concibiera toda oportunidad de comparecer en una comisión de investigación como una ocasión de aclarar su inocencia y su buen hacer. Si no tiene nada que temer ni esconder, en vez de tensa y agresiva, debería estar casi entusiasmada de poder comparecer. Debería también entender que comparece a explicarse ante todos los españoles y navarros, no ante los partidos de la oposición. Así las cosas Chivite inició la comparecencia con un error de enfoque como punto de partida. El enfoque adecuado debería haber sido el de estoy feliz y relajada por esta oportunidad que se me da de aclarar mi forma de hacer las cosas y explicar todo lo sucedido. Por supuesto este sería el caso si Chivite no tuviera nada reprochable que esconder en la comisión.

Más allá de la actitud equivocada, la comparecencia sirvió para poner de manifiesto la falta de reflejos de la presidenta. De este modo, resulta llamativa la diferencia entre la primera y la segunda respuesta que da a varias de las más fundamentales preguntas. No sólo es que resulte llamativo que Chivite primero responda de una forma y después tenga que matizarse o desdecirse, es que cabe pensar que la primera respuesta es la más sincera, la que primero le viene a la cabeza, la real, y la segunda es la que va elaborando poco a poco cuando se da cuenta de que no le conviene lo que ha respondido primero.

Un ejemplo de lo anterior es el momento en que, mostrándole la foto en que ella aparece firme y haciendo el saludo militar a Cerdán, se le pregunta: “¿está usted a las órdenes del señor Cerdán?”. A lo que Chivite contesta significativamente: “El señor Cerdan ocupaba un alto cargo dentro de la organización del Partido Socialista Obrero Español concretamente el tercero en relevancia”. Al insistirse en la pregunta, Chivite vuelve a decir: “lo que le estoy diciendo es que el cargo que ocupaba el señor Cerdán es el tercero en la organización de la que yo también formo parte”. La primera respuesta que le viene a la cabeza a Chivite, la más sincera, es por tanto atroz, porque en vez de declarar claramente que ella era la presidenta de Navarra y que no recibía órdenes de Cerdán, lo que repite una y otra vez es que Cerdán era el numero 3 del partido, indicando que ese era el orden de rangos y que ella estaba por debajo de Cerdán en esa jerarquía. Más tarde Chivite intenta arreglarlo pero esta primera y significativa respuesta ya está emitida. Es más, es que esta primera repuesta se compadece mejor con los hechos y con todo lo sucedido. Lo que nos lleva a la segunda respuesta más esclarecedora y preocupante de la presidenta.

Inmediatamente después de los anterior, se le plantea a Chivite la siguiente pregunta: “Sin Cerdán Chivite no sería presidenta, ¿esto es cierto?”. A lo que Chivite sorprendentemente no responde en primer término que no, sino que responde dando por cierta la premisa y preguntando en cambio: “¿Y eso que tiene que ver con las obras públicas?”. Es decir, la respuesta que primero le brota a Chivite es asumir y no negar que efectivamente es presidenta por Cerdán, pero que eso no ha tenido que ver con las adjudicaciones. Un momento después se da cuenta de su exceso de sinceridad y se refiere ya a que es presidenta por los votos de los navarros. El punto no es sólo que esa es su segunda respuesta contradiciendo la primera, sino que la cuestión sería cómo sin el apoyo de Cerdán y la organización del partido, del que Cerdán era número 3 como Chivite misma tanto insiste, habría llegado ella a ser la primera en la lista. Pero profundicemos en la respuesta de Chivite respecto a cuál es la relación entre que Cerdán la llevara a la presidencia y las adjudicaciones públicas a la empresa de Cerdán. Chivite no entiende la relación, pero es muy sencilla de explicar.

¿Qué tiene que ver que Chivite llegara a encabezar la candidatura del PSN y ser presidenta gracias a Cerdán con las obras públicas adjudicadas? Pues todo. La pregunta de Chivite es absurda lo que una vez más incide en su falta de reflejos. Pongámonos en el lugar de Cerdán: si por un lado necesitas cometer una serie de chanchullos para forrarte a través de las obras adjudicadas a Servinabar, y por otro lado tienes el poder para elegir a los responsables políticos de esas obras, eliges a alguien que no te vaya a crear problemas, o sea a María Chivite. A la vista retrospectiva de los hechos, además, efectivamente no se equivocó Cerdán en que Chivite y su equipo no iban a ser ni han sido el menor obstáculo para conseguir sus chanchullos. Y esto es lo menos malo que a fecha de hoy se puede decir de Chivite aunque ya es motivo sobrado para que presente su dimisión.

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