Habrá que volver a quemar Pamplona para que no vuelva Vito Quiles

Si Vito Quiles quiere darse un baño de publicidad gratis para relanzar su imagen, no tiene que hacer otra cosa que venir a Pamplona, que por cierto parece ser su intención en las próximas fechas. Esta capacidad de hacerse publicidad grautita es sin embargo un regalo de la izquierda abertzale y en general de toda la izquierda violenta. Si la izquierda y el nacionalismo se hubieran limitado a dejar que Quiles diera su pregón en Pamplona hubiera pasado sin pena ni gloria, en vez de eso lo convirtieron en una noticia de alcance a nivel nacional. Los enemigos de Quiles son sus mayores promotores, habría que preguntarse si conscientemente de ello o no.

Respecto a Vito Quiles, sus prácticas y su estilo cabe simpatizar o no, pero hay que considerar varias cosas al respecto. El sanchismo ha normalizado que o sus dirigentes no den explicaciones o que sólo las ofrezcan a preguntas de los medios de su semiesfera amnurallada. En consecuencia, si hay que salir a la calle a esperar a los dirigentes sanchistas para pedirles explicaciones, de algún modo se justifica esta forma de proceder fuera de las ruedad de prensa. Una vez más el sanchismo deplora los fenómenos que el propio sanchismo con sus actos genera, por no hablar de todos los preguntadores que mandan los programas de la izquierda a perseguir a políticos de la derecha por la calle, a los que por supuesto nadie cuestiona. Pero el grado de perversidad de la izquierda va con el sanchismo más allá de la hipocresía hasta saltar a un nuevo escalón.

A lo que estamos asistiendo con el sanchismo es al discurso de que los jueces que molestan al sanchismo son pseudojueces, los políticos que disputan el gobierno al sanchismo son pseudodemócratas, los parlamentos que tumban los decretos del sanchismo son pseudoparlamentos, y los periodistas que no pertenecen a la sincronizada son pseudoperiodistas. Esto es algo más que una mera taxonomía polarizadora e hipócrita, porque al señalamiento de un periodista o un político como pseudoperiodista o fascista le acompaña la legitimación de los actos violentos contra ese periodista o ese político. En Pamplona la izquierda abertzale, aplaudida por toda la izquierda, se movilizó para impedir violentamente la presencia de Vito Quiles el año pasado, resultando esa movilización en actos masivos de vandalismo por toda Iturrama y varias agresiones, incluyendo la de un periodista de El mundo.

Resulta llamativo cómo la izquierda aplica a la comunicación la misma teoría de la minifalda que le escandaliza cuando es violación. Iba provocando es la excusa de la izquierda para justificar agresiones a los periodistas que le resultan incómodos. Provocar es preguntar cualquier cosa que le incomode al sanchismo.

No es Vito Quiles, es la libertad de expresión. Con Vito Quiles se puede simpatizar o no, como con cualquiera, pero al margen de simpatías o antipatías la cuestión es si lo que hace es legal o no. Si lo que hace Vito Quiles es ilegal, lo que tienen que hacer sus detractores es acudir a la justicia, como la gente civilizada. Lo que no puede hacer la izquierda es usar la violencia para impedir actos de Vito Quiles que son legales. Practicar el fascismo es exactamente hacer eso. La izquierda en general o la izquierda abertzale en particular no es nadie para determinar lo que se puede decir en Pamplona o no, y para impedir a golpes lo que la gente puede decir le guste a la izquierda o no.

El caso de Pamplona podría parecer especial por la presencia de la izquierda abertzale, pero estos días en Sol estamos viendo la misma clase de violencia ultraizquierdista contra los periodistas no sincronizados del sanchismo por parte de los acampados. Rochos, perroflas o abertzales: todo parece que le vale al sanchismo para reprimir la libertad de expresión.

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