Francia en llamas tras décadas de ceguera izquierdista

Rusia estaba bastante más tranquila hace unos días cuando los Wagner avanzaban hacia Moscú de lo que está Francia en estos momentos, que literalmente arde por los cuatro costados. Tan llamativo como las dantescas escenas que se viralizan por las redes sociales es el relativo silencio de los medios. ¿Por qué? Porque contemplar esas escenas podrían llevarnos a pensar cosas que los medios y quienes financian los medios no quieren que pensemos. Y mucho menos antes de unas elecciones. Tenemos que ignorar y dejar de ver muchas cosas para que nuestro pensamiento sea el correcto. O dicho de otra manera: si lo viéramos todo, no compraríamos la mercancía buenista que nos impone el discurso dominante progresista. Las imágenes, por lo demás, hablan por sí solas.

Cuando el COVID salió de China y llegó a Italia, era evidente lo que iba a pasar a continuación en España. Pero no se hizo nada. Primero por estupidez, pero después porque hacer algo hubiera sido racista, o xenófobo o atentatorio de cualquier modo contra el pensamiento políticamente correcto. El resultado es que efectivamente todo lo que se estaba viendo en Italia llegó sin filtro a España a los pocos días. Había que celebrar el 8M. España se convirtió en la primera ola del COVID en el país con la mortalidad más alta del mundo.

Todas las imágenes que nos llegan ahora de Francia sin duda se van a repetir en algún momento en España. ¿Alguien tiene alguna duda? La única duda es cuál será la chispa, o si todavía Francia nos saca algunos años de ventaja y estamos aún un poco mejor que el país vecino. ¿Y cuál es el problema evidente, el elefante en la cocina? Pues una enorme masa de población inmigrante con una cultura diferente, que no se puede adaptar, que no se quiere adaptar, que vive en la marginalidad, que ha formado un estado dentro del estado, que es un foco de delincuencia e inseguridad, que dispara el número de agresiones sexuales, robos y homicidios, que multiplica las no-go-zones por todo el país, y que eventualmente puede protagonizar, como ahora, un estallido social.

Económicamente estamos importando miseria. Literalmente estamos trasladando a todos los pobres desde Africa a Europa, en vez de intentar solucionar la situación en origen. Por supuesto sin ningún control. El discurso dominante ha decidido que importar pobres nos enriquece, que las fronteras son malas, y que la importación de delincuentes nos proporciona seguridad. Nada tiene sentido, pero precisamente por eso no se tolera la discusión.

No es que la inmigración sea mala (ni buena) por naturaleza, pero es evidente que el número de inmigrantes que podemos acoger no es infinito. Cuando acoges más inmigrantes de los que puedes asimilar empiezas a crear bolsas de marginalidad, de inadapatación, de inseguridad. No es que no se pudiera saber, es que era imposible pensar que pudiera haber pasado cualquier otra cosa.

https://twitter.com/AlertesInfos/status/1674569768920137729

Por supuesto España es más pobre que Francia, por lo que todo lo que estamos viendo en Francia aquí puede llegar a pasar incluso con más intensidad. Nosotros tenemos menos capacidad de asimilar inmigrantes pobres que Francia o que Alemania, tenemos menos recursos y tasas de paro mucho más elevadas que ellos, y sin embargo estamos acogiendo inmigrantes en la misma o incluso mayor proporción. Es imposible que haciendo lo mismo que Francia lo que está pasando en Francia no acabe pasando aquí. No hay que ser futurólogo, sólo abrir los ojos y ver lo que pasa allí.

https://twitter.com/spectatorindex/status/1674538169314967552

Políticamente todo lo que está sucediendo tiene una responsabilidad. La izquierda europea y el progresismo de salón son los culpables de la situación. Irónicamente, de los posibles brotes de xenofobia también la izquierda será responsable. Esos brotes serán la reacción al problema que se niegan a encarar. No se puede tratar a todos los inmigrantes como a delincuentes, eso sería una barbaridad, pero tampoco se los puede tratar como si fueran todos criaturas beatíficas, porque sería la misma estupidez. La importanción de delincuentes es un sinsentido. No puede haber inmigrantes con decenas de detenciones a sus espaldas circulando por nuestras calles. No podemos acoger en nuestros países a todos los pobres del mundo. En un barco con capacidad para transportar 5.000 toneladas no se pueden cargar 15.000 toneladas. No es una cuestión de fobias ni ideologías sino de física. Lo que mantiene a flote el barco no es la ideología sino el Principio de Arquímedes. Metiendo 10.000 toneladas más de las que soporta el barco no consigues transportar más cosas, sino hundir el barco. Tampoco puedes meter en un país un número infinito de personas sin que se acaben incendiando las calles. Puede ser más fácil calcular la carga de un barco que los inmigrantes que puedes acoger en un país, pero cuando ves el país ardiendo resulta bastante evidente que has estado acogiendo más de los que podías integrar.

¿Y ahora, qué? Ya no los puedes echar, dicen los mismos que aseguraban que por más que vinieran nada podía pasar. Primero hay que impedir que el problema se siga agravando, y por tanto después de dejar de comer habrá que afrontar un largo proceso de digestión. Tampoco se trata de echar a nadie que quiera integrarse y se pueda integrar. Se trata de ordenar y controlar. Y sobre todo se trata de empezar por echar a todos los que han llegado aquí para delinquir.

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