El primer problema de España es la democracia

A la hora de determinar los problemas que más preocupan a los españoles uno de ellos no suele ser precisamente la democracia. Esto significa o bien que a la gente no le preocupa la democracia y lo mismo le daría una dictadura, o bien que la democracia es algo que damos por supuesto y que no concebimos que se encuentre bajo amenaza. La democracia es el marco en que pasan las cosas pero nunca pensamos que le pasan cosas al marco.

¿Cuáles son los problemas que ahora mismo citaría como más preocupantes un español promedio? Seguramente la vivienda, el encarecimiento de la vida (o el empobrecimiento de su vida), el deterioro de los servicios, la inseguridad... Desde luego no es que no sea muy preocupante la vivienda, el deterioro de los servicios, el empobrecimiento de los hogares o la inseguridad, pero la preocupación por la democracia no es habitual porque se da por supuesta, esa guardia baja es por tanto un añadido enorme al peligro. No nos han enseñado a ser vigilantes con la democracia ni exigentes con el gobierno.

Por supuesto no se trata de idealizar la democracia, ni en general ni en particular. Es decir, la democracia está lejos de ser perfecta. Incluso cuando funciona bien tiene por principio sus debilidades, sus carencias y sus fallos. Lo que decide la mayoría no es necesariamente lo verdadero ni lo mejor. Hitler llegó al poder a través de la democracia. Evidentemente tras llegar al poder se la cargó y su gobierno no fue mejor. Todos los horrores del nazismo, sin embargo, podrían interpretarse como avalados en origen por el sello de una mayoría democrática formal que los respaldó. Los líderes democráticos piensan sólo en plazos menores de 4 años, con el cortoplacismo consiguiente, pero elegir presidentes para 20 años disiparía el control al gobierno mediante las urnas. El poder de un español sobre el gobierno es insignificante como millonésima del censo, pero en cambio el poder del gobierno sobre cada español es atroz. Los partidos que representan al pueblo pueden acabar siendo organismos cerrados con sus propios intereses que generen una partitocracia. En una partitocracia la alternancia real y la diferencia de agendas y programas puede ser mera apariencia. Por tanto la democracia, incluso cuando funciona medianamente bien, tiene sus propios problemas sólo que el resto de sistemas alternativos tiene más problemas todavía. De lo que se trata por consiguiente no es de abrazar una dictadura sino de equilibrar la diferencia de poder entre el gobierno y el ciudadano, avanzando hacia un horizonte de más libertad.

Todo los los problemas inherentes a la democracia (el resto de sistemas tienen los suyos), como decíamos, existen en mayor o menor medida incluso en las democracias que funcionan medianamente bien, ¿pero qué pasa cuando funcionan mal? ¿Qué está pasando con la democracia española? ¿Está el gobierno fuera de control? ¿Nos tenemos que empezar a alarmar?

Que tengamos un gobierno plagado de casos de corrupción y que estos lleguen hasta el entorno más próximo y familiar del presidente del gobierno es un problema. Lo es en sí mismo pero lo es en mayor medida en cuanto se ha convertido en un incentivo para oponer la democracia con la impunidad penal del gobierno. De este modo, desde la famosa carta de Sánchez a los españoles cuando se imputó a su mujer, asistimos a un desmantelamiento sistemático de los mecanismos del estado de derecho para garantizar la democracia y limitar el poder y la impunidad gubernamental. El gobierno, para defenderse a sí mismo de su horizonte penal, se encuentra en plena campaña de lucha contra los fiscales, jueces y tribunales que investigan su corrupción. El Tribunal Constitucional ya está colonizado por el gobierno. El CGPJ ha sido desactivado y está bloqueado. La Fiscalía General depende de quien depende. También ha sido totalmente colonizada RTVE así como medio IBEX. A través de todas sus plataformas, el gobierno señala a los medios y los periodistas particulares que le molestan y denuncian sus corruptelas. Los altos mandos del Ejército y las fuerzas y cuerpos de la seguridad del estado también han sido en gran medida colonizados. Se gobierna por decreto y al margen del Parlamento. Se gestiona sin Presupuestos. El presidente y sus ministros sólo contestan, cuando contestan alguna, las preguntas de los medios afines previamente seleccionados. Todas las iniciativas legales del gobierno, por suerte hasta ahora con poco éxito, inciden en los intentos de amordazar las redes sociales y a los influenciadores que no controla. Pero todo esto que es gravísimo y una prequiebra del estado de derecho es sólo el principio y lo más leve del caso.

El problema final al que se enfrenta todo gobierno en una democracia mientras es democracia es la cita con las urnas. Por más que las citas con las urnas se encuentren limitadas por el oligopolio o la oligocracia de los grandes partidos que se presentan, o por más que la información que conforma la opinión llegue en buena medida a los ciudadanos a través de vías y canales controlados por el gobierno, al final el rechazo popular siempre puede provocar un bandazo y un resultado que saque del poder a los gobernantes para sustituirlos por otros. ¿Qué pasa cuando pese a todos los resortes del poder todo anticipa un resultado electoral negativo para el gobierno? Llega un momento en que la oposición entre mantener el poder y la democracia es extrema y o salta el gobierno o salta la democracia. Pues bien, en España estamos llegando a pasos agigantados a ese momento.

No hay forma de exagerar la alteración del censo que se está experimentando desde la llegada al poder del sanchismo, ostensiblemente acentuada en la última legislatura, acelerada por el turbo de las investigaciones judiciales alrededor de la corrupción en la cúspide del gobierno. Hablamos últimamente de los 500.000 regularizados de golpe por el sanchismo, pero esto es lo menos grave dentro de lo grave que estamos viviendo. Ese medio millón de regularizados no podrá votar en las próximas generales salvo que el gobierno cambie los plazos legales para poder nacionalizarlos, pero es que con mucha menos publicidad se nacionalizan en España 250.000 extranjeros al año. No se trata de una regularización de golpe, sino de una nacionalización discreta y constante de todos los regularizados anteriormente. El resultado es que por esta vía en las elecciones de 2027 van a votar alrededor de 1 millón de extranjeros que no estaban en el censo en 2023, cuando Sánchez ganó por los pelos. A ellos hay que sumar a los llamados nietos o tataranietos del exilio, que en realidad son personas que no son españolas hace generaciones, que no viven en España, a los que se está otorgando el voto con la previsión de que votan muy mayoritariamente al sanchismo. Hablamos de otro millón más de votantes sacados de la chistera por Sánchez. En total llegaremos a las elecciones de 2027 con unos dos millones de votantes más introducidos en el censo con calzador por parte de Sánchez, con un perfil mayoritario casualmente simpatizante de Sánchez y estimulado por las ayudas y pagas que Sánchez promete. Un pucherazo es tanto sustituir los votos como sustituir a los votantes. Ambas sustituciones pueden conducir a lo mismo: a que quien realiza la sustitución llegue al resultado deseado por un camino o por otro. Si crees que los votantes no te van a reelegir pues los cambias. Democracia es cuando los votantes pueden cambiar al gobierno, no cuando el gobierno puede cambiar a los votantes.

Así las cosas, puesto que no hablamos ya de elucubraciones o amenazas hipotéticas sino de cosas que ya están pasando objetiva y fehacientemente delante de nuestros ojos, muy poco preocupados estamos, como si fuera tan terrible que nos negáramos a creerlo. Todo esto que estamos observando es el resultado de un plan, y ese plan es a la respuesta a la pregunta de qué podemos hacer para seguir en el poder como sea aunque haya elecciones y la mayoría actual que compone el censo nos quiera echar. Esto es lo que debería centrar ahora mismo nuestra atención porque no tiene sentido discutir todas las otras cosas que hace el gobierno, o las cosas que se podrían hacer con otro gobierno, si el gobierno no se puede cambiar. Pensemos también que el gobierno a veces hay cosas que no hace, como robar sin disimular o perseguir abiertamente a la gente, sólo temiendo que si lo hace lo puedan cambiar.

Compartir este artículo

Deja una respuesta

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

  • Navarra Confidencial no se responsabiliza ni comparte necesariamente las ideas o manifestaciones depositadas en las opiniones por sus lectores. Cada usuario es único responsable de sus comentarios
  • Los comentarios serán bienvenidos mientras no atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos o calumniadores ,infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros , empresa, institución o colectivo, revelen información privada de los mismos, incluyan publicidad comercial o autopromoción y contengan contenidos de mal gusto.
  • Se procurará evitar en lo posible los comentarios no acordes a la temática publicada
  • Navarra Confidencial se reserva el derecho de eliminarlos

Información sobre protección de datos

  • Responsable: Navarra Confidencial
  • Fin del tratamiento: Controlar el spam, gestión de comentarios
  • Legitimación: Tu consentimiento
  • Comunicación de los datos: No se comunicarán los datos a terceros salvo por obligación legal.
  • Derechos: Acceso, rectificación, portabilidad, olvido.
  • Contacto: info@navarraconfidencial.com.

Suscríbete a nuestro boletín