Tanto España como Navarra han experimentado en los últimos años un aumento significativo en sus cifras de población. En 2007, justo antes de la crisis financiera y el crash del ladrillo, Navarra tenía 616.000 habitantes frente a los casi 700.000 que tiene en la actualidad. Evidentemente ese aumento no se ha producido por la natalidad de los navarros de origen, que se encuentra por los suelos, sino por la llegada masiva de inmigrantes. La cuestión es si esta llegada masiva de inmigrantes presiona o no la disponibilidad y precio de las viviendas y cómo ponerle cifras a este factor.

Como se aprecia en los datos del INE, en Navarra hay 22.727 viviendas en las que reside algún inmigrante. La cifra por tanto puede ser aún mayor, teniendo en cuenta la cantidad de inmigrantes nacionalizados en los últimos años, pero en todo caso estaríamos hablando de más de 20.000 viviendas habitadas en Navarra por inmigrantes. Al margen de la posición de cada uno hacia la inmigración, el hecho es que todas las decenas de miles de personas que llegan de fuera necesitan un techo, y para conseguirlo compiten con los navarros de origen que también necesitan un techo, por lo que la demanda crece y, si no se construyen más casas en proporción equivalente al aumento de población, los precios suben, tanto de compra como en el caso del alquiler.

Hablando del alquiler, una vez más las estadísticas oficiales ofrecen el dato de que el 70% de los extranjeros no comunitarios viven habitan en viviendas alquiladas. Esto significa no sólo que la presión migratoria hace desaparecer la oferta de vivienda sino que esta presión afecta particularmente al mercado del alquiler. No tiene sentido a la vista de los hechos negar la relación entre la inmigración y la disponibilidad de vivienda, así como su efecto sobre la oferta, la demanda y los precios.

Los inmigrantes en gran medida no suelen caracterizarse además por su nivel de renta al llegar a España, por su cualificación o por sus salarios cuando empiezan a vivir en España. Por tanto la presión de la inmigración sobre los precios de las viviendas y los alquileres no se aplica por igual a todos los niveles de precios, sino a las viviendas y los alquileres más bajos. Son las viviendas más baratas las que ven desaparecer en mayor medida la oferta y disponibilidad de modo que la presión migratoria perjudica a la población nativa no por igual, sino especialmente a la población nativa con menos recursos.
Evidentemente la salida a esta situación no puede ser limitar los precios sino aumentar la cantidad de vivienda disponible, construyendo más pisos. Tras las subidas de precios de la vivienda hay un hecho objetivo que es el aumento de la población, y si tenemos viviendas para un país de 47 millones de personas pero nos hemos convertido en un país de 50 millones de personas el resultado no puede ser otro que la falta de pisos y la subida en vertical de los precios. Limitar los precios, si tienes casas para 47 millones pero necesitas casas para 50 millones, sigue dejando sin casa a 3 millones de personas. De los 47 millones con techo habrá algunos pagando un precio por debajo del que sería el real de mercado, pero seguirá habiendo 3 millones de personas sin techo. No sólo eso, puesto que con precios limitados o no sólo hay 47 millones de plazas para 50 millones de personas, los 3 millones de personas excluidos serán los más vulnerables y los que menos garantías o seguridades aporten. No es distinto que meter 50 litros de agua en 47 cubos de un litro. Aunque limites los precios hacen falta más cubos. De hecho la subida de precios sólo es un reflejo de la insuficiencia de cubos.