¿No a la guerra, sí a elecciones?

La intervención bélica en Irán es una cuestión opinable y compleja, por tanto todas las posturas son respetables siempre que no hablemos, por ejemplo, de actores. No se trata de una dicotomía entre puros e impuros. Se elija la posición que se elija, hay que dejarse pelos en la gatera. Discutimos entre personas civilizadas acerca de un asunto sucio del que nadie saldrá sin algo de roña bajo las uñas. La posición de los actores y papagayos, sin embargo, si no es respetable no es por la posición misma, sino porque son lacayos que se limitan a repetir como cacatúas las consignas que dicte Sánchez. El resto del mundo puede tener una opinión distinta y ser respetable.

Ser neutral entre dos escenarios no es que al no decidir no se produce ninguno de los dos escenarios, sino que no decidir confirma el escenario existente, en este caso el de la permanencia de la cruel, belicosa, machista y sanguinaria dictadura de los ayatolás. No hay una posición inmaculada incluida la posición de no posicionarse.

Alinearse no significa que alguno de los bandos sea perfecto y no merezca reproche alguno. No hay bando perfecto. Jamás lo ha habido en ninguna guerra. Eso no puede significar sin embargo que todos los bandos en todas las guerras valieran lo mismo y que haya sido irrelevante el resultado de todas las guerras.

En la actual guerra con el régimen iraní por lo menos hay dos bandos armados. Es decir, lo que defiende la izquierda en vez de la guerra y lo que había hasta ahora era una carnicería: un bando armado, el régimen de los ayatolás, masacrando a otro bando desarmado que era la propia población iraní indefensa.

Se nos está hablando del derecho internacional y del ataque contra Irán como si Irán fuera un país como Andorra, o como Noruega, y de repente fuera atacado porque sí. Evidentemente no son casos comparables. Irán es un país donde existe una teocracia islamista terrorífica y en el que antes del ataque ocurrían cosas terribles respecto a las que el dilema es si tolerarlas o no. Tolerarlas cuando podrían evitarse también es una responsabilidad para quien opta por no a la guerra. Por otro lado el derecho internacional no puede ser una especie de muro tras el que todos los dictadores y carniceros se sientan seguros. El derecho internacional es o nada o algo que precisamente debería poner nerviosos a los tiranos. Algo por tanto falla en el concepto de derecho internacional que maneja o vende la izquierda.

Todo lo que ocurre ahora se podría considerar todavía una consecuencia de los ataques terroristas de Hamás del 7 de octubre de 2023. Unos ataques, por cierto, que buena parte de la izquierda no condenó o no con claridad, cuando no los aplaudió. Toda la región se encuentra desestabilizada desde aquellos ataques. No olvidemos que Hamás, como los hutíes o Hizbolá, es un proxy de Irán.

Irene Montero proclama ahora el no a la guerra, pero hasta hace unos meses lo que pedía es una intervención militar contra Israel. Pacifismo selectivo. «Del río hasta el mar». No es el qué, es el quién. A la ultraizquierda le gustan los ayatolas, los etarras y los dictadores comunistas porque son como ellos y envidian su forma de gobernar.

Tan satisfecha está la izquierda de poder invocar del nuevo el no a la guerra y sí a los ayatolás que hasta se sugiere que Pedro Sánchez ahora sí que podría convocar eleeciones. Es cierto que este marco le podría resultar más favorable al PSOE que cualquiera en el año pasado o en el año venidero. Es probable sin embargo, si es que Moncloa realmente le estuviera dando una pensada a esta idea, que tuviera que darse prisa, porque lo mismo entre que se convocaran las elecciones y se celebraran caen los ayatolás y te encuentras en medio de una campaña electoral marcada por la caída del terror integrista, por la celebración de las mujeres iraníes, por una avalancha de testimonios de iranís relatando el horror de los ayatolás, y por el surgimiento de un nuevo gobierno pacífico en Irán que represente a la población, que le reproche su postura a Sánchez y que le diga gracias a Trump por la intervención.

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2 respuestas

  1. Por un lado, parece que la ONU es una entidad inútil. Si el objetivo de la civilización es la paz, el progreso y la libertad, regímenes como el de Irán tendrían que ser corregidos desde la propia ONU. Por otro, la izquierda resulta demagoga, incoherente y cínica, capaz de ver lo negro como blanco y viceversa. El lema de “no a la guerra” suena a broma. La guerra es el último recurso para acabar con un gobierno que financia grupos terroristas, que define a la mujer como un animal (como un perro o un burro), que ha masacrado a más de 20.000 iraníes por protestar, y un largo etcétera de acciones deshumanizadas. Hablar de diálogo con alguien así es “echar balones fuera”, como si Estados Unidos hubiera dicho “no a la guerra” y optado por el diálogo cuando los ejércitos alemanes ocupaban Europa.

  2. Tras la primera gran campaña del NO A LA GUERRA hubo en el 2003 unas elecciones municipales que catapultaron al PP en el poder municipal conclusión la campaña del NO A LA GUERRA no tuvo ninguna influencia en las elecciones del 2004. La victoria del PSOE fue por los atentados del 11m

    Estamos en Marzo, si para finales de abril las encuestas auguran un buen resultado al Pedro Sánchez iremos a elecciones para finales de Junio, primeros de Julio…¡Ni de coña! Esta vez a Tezanos no le van a dar mucha credibilidad por si acaso

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