Matar a Rufián

No. No es que queramos matar a Rufián. En todo caso Rufián o sus amigos querrían matarnos a nosotros, los que pensamos distinto que Rufián. Todos sabemos por lo demás que Rufián no dice directamente que quiere matar a la gente que no cuadra con sus ideas. Rufián es más de llevar a su programa a una entrevistada que diga que hay que matar a la gente que no le gusta a Rufián. ¿Cuál es el problema? Pues que ahora Rufián empieza a pensar distinto que Rufián. Y claro, en teoría y según su propio discurso a lo mejor ahora sus correligionarios empiezan a pensar en matar a Rufián. Si empiezas a abrazar el discurso de quienes hasta hace cinco minutos decías que eran fascistas, xenófobos y racistas a causa de ese discurso, entras dentro del campo de tiro de toda esa gente a tu alrededor que dice que hay que reventarle la cabeza al fascismo.

Obviamente Rufián tiene un problema. Hay quien dice que ese problema es Alianza Catalana, la formación separatista que en lo que tocante a inmigración, sin embargo, mantiene un discurso parecido al de VOX. Alianza Catalana crece sin parar en las encuestas porque recoge todo el voto nacionalista preocupado por la inseguridad. Lógicamente esto afecta a ERC y Junts. He aquí por tanto la piedra en la que ha tropezado el caballo que ha hecho caer y convertirse a Rufián. En último término, sin embargo, el problema de verdad de Rufián no es Alianza Catalana, sino la realidad. Es por esto que Rufián se ha subido a la tribuna del Congreso, esa que hace 119 meses dijo que abandonaría en 18, a decir que “No lo vinculo (inmigración e inseguridad), pero basta poner la oreja cinco minutos en un barrio para saber que los flujos migratorios son un reto”, y que la izquierda debe empezar a «hablar de seguridad e inmigración».

En tierra de ciegos el tuerto es rey, hasta un reloj parado da la hora exacta dos veces al día y otros dichos similares serían de aplicación a Rufián. Seguramente Rufián no es ningún genio, pero teniendo en cuenta su entorno en ese marco puede ser casi un portento. Dice mucho de la izquierda española que el primero al que se le haya encendido la lucecita con el problema de la inmigración sea Rufián. Rufián dice sin embargo que el problema no es de cabeza sino de oreja. Que basta acercar la oreja cinco minutos en un barrio para enterarse de que hay un pequeño problema con la inseguridad y la inmigración. Esto no sólo dice bastante del nivel de la izquierda política, sino de lo lejos que vive de los barrios, del tiempo que lleva sin acercarse a ellos y de que en los últimos años no ha dedicado ni cinco minutos a poner la oreja a ver lo que dice la gente.

El dilema que ha planteado Rufián a la izquierda es pureza o cabeza. Obviamente con esto reconoce que la posición que ha elegido la izquierda desde hace años en este asunto es no tener cabeza. Naturalmente los “puros” de la izquierda han cargado contra Rufián de inmediato. En realidad es casi entrañable ver este conflicto entre la cabecita de Rufián y el tribunal progresista de puros. No se entera Rufián de que la izquierda, hace mucho y en todo, ha elegido pureza en vez de cabeza. Si empezamos así, a ver si en el tema de la energía nuclear vamos a tener que plantearnos también el dilema entre pureza y cabeza. O entre apagón y cabeza. Y por ese camino también en el problema de la construcción de vivienda tendremos que elegir quizá entre pureza y cabeza. O en el tema fiscal. O en el de la ideología de género. Empezar a pensar en términos de cabeza en vez de en términos de pureza no sólo llevaría a la izquierda a revisar todo su discurso en todos los temas, es que sobre todo la abocaría a tener que abandonar su deporte favorito: el señalamiento y la persecución de los impuros. Tiene bemoles de todos modos que sea ahora Rufián el que habla de tener cabeza cuando ha sido uno de los inquisidores más señalados del tribunal de pureza rojipardo.

Rufián por lo demás, como el resto de izquierdistas, se encuentra ahora atrapado en el dilema que él mismo han generado. Si llevas años repitiendo que decir ciertas cosas es nazi, a ver cómo explicas ahora que tú también empieces a decir esas mismas cosas, pero sin pasar a ser nazi.

Lo de Rufián ayer fue casi patético porque empezó a decir lo mismo que VOX, pero pretendiendo que sólo es nazi cuando lo dice VOX. Porque claro, no se quiere bajar del carro de que VOX es nazi. Pero se ha dado cuenta de que VOX tiene razón. Sobre todo, se ha dado cuenta de que la gente se ha dado cuenta de que VOX tiene razón. La gente también se va a dar cuenta de que no puedes empezar a abrazar un discurso que has tachado de nazi sin reconocer que no era nazi o sin convertirte en nazi. El cable de los equilibrios tiene sus límites. Te diriges hacia un desastre electoral si niegas el problema de la inmigración y la inseguridad, pero también te diriges a un desastre electoral si tu única baza electoral era que viene la extrema derecha y ahora resulta que tienes que reconocer que tenía razón la “extrema derecha”. Quién iba a decir que no eres nazi por escuchar cinco minutos a la gente de los barrios y por usar la cabeza.

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Un comentario

  1. ¿EL Rufi no decía que «sólo» iba a esta 18 meses en política cobrando del «opresor» estado español? Pues ya van casi 12 años… Parece que se va a cumplir la rescisión del contrato.

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