¿Cuáles son las piezas que está moviendo Moncloa para atornillar a Sánchez a la silla presidencial? ¿O acaso Moncloa sólo recibe golpes como un saco de boxeo? ¿Todo el poder de un gobierno que cada vez es más grande sin un contrataque? El diario El País, por el contrario, publica hoy en portada dos noticias preocupantes y que demuestran que el sanchismo aún tiene colmillos. La primera, que en realidad ahora ya es portada en todos los medios, es el relevo en la dirección de la UCO. El Consejo de Ministros va a aprobar mañana mismo el ascenso a general de brigada del coronel Rafael Yuste, el actual mando supremo de la UCO, lo que obliga a que sea destinado a un nuevo puesto acorde con su rango. Esto permite al ejecutivo de Sánchez nombrar un nuevo jefe de la UCO, que naturalmente podría ser más afín a sus intereses. Aunque el nombre más sonado de la UCO es el del teniente coronel Balas, al que la fontanera de Moncloa quería “muerto”, el hecho es que Balas es sólo el encargado del Departamento de Delincuencia Económica. Jerárquicamente, por tanto, el nuevo jefe de la UCO se encontraría por encima de Balas. El ascenso del propio Balas también está en la agenda del gobierno, lo que podría determinar un auténtico asalto del ejecutivo a la UCO, habida cuenta de la discrecionalidad de los nombramientos y del afán colonizador de todas las instituciones por parte del sanchismo, cuanto más en el caso de un organismo de la Guardia Civil cuyas investigaciones se han convertido en su quebradero principal de cabeza. Cabe pensar que Sánchez se mantiene en el poder a toda costa por esto, porque el poder entre otras cosas le da la capacidad de influir en este tipo de nombramientos.

La segunda noticia llamativa, también publicada hoy por El País, es la de que más de 1 millón de descendientes de españoles exiliados de la Guerra Civil han pedido la nacionalidad española, y que 1,3 millones más han solicitado cita para pedirla. Hablamos por tanto de meter casi 2,5 millones de personas más en el censo. Nuevos votantes que se suman a todos los nuevos votantes nacionalizados de origen extranjero y que no son descendientes de emigrantes españoles.

Desde luego el caso de personas descendientes de emigrantes españoles no es igual que otros supuestos de personas sin raíces, de otras culturas, en situación irregular o sin voluntad de integración. Sin embargo, aunque el camino sea distinto, el resultado sí puede ser similar: el reemplazo poblacional. En este caso, concretamente, lo perseguido sería un reemplazo censal. Una forma evidente de cambiar un resultado electoral, aparte de un pucherazo, es un cambio en el censo. Cambiando a los electores, cambian los resultados. Si en el censo de 2027 hay 3 ó 4 millones de personas que no sólo no estaban en el censo de 2023, sino que en 2023 ni siquiera eran españoles, puede haber en 2027 un resultado peculiar. ¿Cuántas de estas personas, por ejemplo, pueden no tener ni idea de quién es Koldo García? Desde luego Pedro Sánchez ha demostrado ser un tipo creativo, o ser un tipo que pide a sus asesores soluciones creativas para obtener resultados. Un ejemplo de ello fue convocar elecciones en plenas vacaciones de verano. Puede que el propio Sánchez no sepa de antemano el resultado, pero sabe que en circunstancias normales el resultado normal sería una debacle del sanchismo, por tanto le interesa cualquier escenario anormal. Sánchez no tiene nada que perder con la anormalidad y nada que ganar con lo previsible y normal.
El Gobierno ascenderá al teniente coronel Balas para apartarlo del ‘caso Ábalos’.
— THE OBJECTIVE (@TheObjective_es) October 28, 2025
Una noticia de Teresa Gómez (@teresagomezgp)https://t.co/78z6tnZwQE
Las dos noticias de hoy nos recuerdan que, aferrándose al poder, Pedro Sánchez tiene muchas palancas a manejar y muchas cartas para jugar. Un político inocente en el poder podría dimitir o no al salpicarle un escándalo. Un político culpable nunca lo haría. Un culpable nunca renunciaría a los mecanismos de impunidad que le puede ofrecer el poder. Para evitar ese escenario existen las responsabilidades políticas. No es que un presidente ante un escándalo abandone su cargo pese a ser inocente, sino precisamente para mantener la apariencia de su inocencia. También para evitar la situación de que las instituciones tengan que vivir bajo sospecha o que efectivamente haya al frente del poder una persona corrupta, usando el poder para blindarse frente a la justicia. El problema con Sánchez no sólo es que no abandona el poder pese a los escándalos de sus subordinados y familiares, sino que estamos viendo que se queda con el poder para hacer con él todo lo que puede para mejorar sus perspectivas procesales o de su entorno. Desde acaso colonizar la UCO o cambiar el censo a usar la televisión pública para llamar a golpistas a los jueces que le molestan. Si Sánchez no es el jefe de una trama corrupta, actúa como lo haría desde el poder el jefe de una trama corrupta. El mismo al aferrarse al poder provoca que todo lo que hace el gobierno se encuentre bajo sospecha.