El consuelo ante el evidente aumento de la inseguridad de origen importado es que al menos ahora no tenemos ya la kale borroka. Los acontecimientos de los últimos meses, sin embargo, evidencian que este consuelo, que por lo demás siempre fue un poco triste, carece de fundamento. Salta a la vista que estamos ante un rebrote de la kale borroka en el País Vasco y Navarra. En los últimos días se han multiplicado las ekintzas y se confirma que la horda del Campus de la UNAV no fue un hecho aislado.
Ernai lleva a cabo una acción en la aduana de Dantxarinea
— naiz: (@naiz_info) December 2, 2025
Anuncia «el comienzo de una semana de activación» con acciones a favor del independentismo y en contra del españolismo https://t.co/PZPPgBXawO pic.twitter.com/D1UFQzdU2u
En realidad el problema de fondo es que la izquierda abertzale no ha condenado ni abandonado aún la violencia. Han dejado de matar no por motivos morales, sino estratégicos, y siguen sin considerar asesinos a los presos de ETA. Por el contrario, persiguen su impunidad y los llaman presos políticos. Ninguna de las dos cosas se puede sostener sin entender que sus crímenes estaban justificados.
La Cámara de Comercio condena los ataques con pintura sufridos recientemente contra la empresa navarra VDRhttps://t.co/BuhviEa8NU pic.twitter.com/LtwV56pCwC
— Cámara Navarra (@camaranavarra) December 1, 2025
Solemos repetir la evidencia de que entre dejar de matar y la normalidad existe aún un gran margen para la anormalidad. Sólo la izquierda abertzale y Podemos pueden salir a cualquier calle en cualquier sitio, montar una carpa, ofrecer un mitin, repartir folletos, presentar un libro o dar una charla sin que haga falta protección policial. La protección policial la necesitan los demás frente a ellos. Esto genera un campo de juego desigual en el que la izquierda abertzale está perfectamente cómoda y del que lleva beneficiándose durante décadas.
Así ha amanecido hoy el campus de la UPV de Vitoria.
— VOX Álava (@vox_alava) December 3, 2025
Señalamientos y amenazas de la izquierda abertzale, los cachorros de ETA de siempre. No nos callaron con balas y no lo harán ahora con sus pintadas.
Siempre nos tendrán enfrente, defendiendo la libertad y a los alaveses. pic.twitter.com/W71onQuO98
Para poder tener a unos cuantos centenares de pandilleros violentos que mantengan vivo un cierto nivel de violencia y perpetúen el plano inclinado a favor del nacionalismo es preciso seguir teniendo el puchero con el agua sobre el fuego encendido. Es decir, no se puede apagar del todo ese fuego. Pero si se mantiene el puchero en el fuego, el agua hierve y todo ese vapor necesita encontrar una salida. Es por ello que asistimos a todos los actos de kale borroka que estamos viendo. Como el nacionalismo vasco sigue sin apagar el fuego, cada vez hay más presión en el puchero. ¿Tiene el nacionalismo alguna intención de renunciar alguna vez por completo a la violencia y a su ventaja? Ni parece que esa intención vaya a nacer nunca de si mismo, ni por otro lado parece que sus socios se lo exijan para hacer política con ellos, lo que nos lleva al siguiente punto.
Las juventudes de Sortu reivindican el ataque a la sede del PP en Bilbao y los populares señalan a Otegi: "Te vamos a pasar la factura" https://t.co/b7AWt6ao2J a través de @20m
— Jesús Arce (@jar_69) December 4, 2025
En los últimos años asistimos a un fenómeno de la izquierda que no tiene que ver con la convivencia o con la cordialidad, sino con un reposicionamiento de la muralla. La izquierda no apostado ni remotamente por la convivencia entre españoles, sino por levantar un muro entre ellos separando derecha e izquierda. La convivencia se ha reparado con el nacionalismo, pero se ha destruido con la derecha. Este es un giro que remotamente nos podría llevar a 1934, o incluso antes, pero que en los tiempos recientes nos remite a las ruinosas legislaturas de Zapatero. El PSOE decidió montarle un cordón sanitario a la derecha para sumar todas sus mayorías con los partidos independentistas. Esto ha llevado a una inevitable y para el PSOE deseable polarización de la convivencia. Si pactas con Bildu tienes que blanquear a Bildu, pero eso es sólo la mitad del asunto. Para justificar el pacto con Bildu, tienes que presentar a la derecha como algo peor que Bildu que justifique el pacto con Bildu. Hay que criminalizar por tanto a la derecha. Bildu no es tan mala y la derecha es nazi. El PSOE está abocado desde el principio a este discurso por haber pactado con Bildu. Que esté abocado a ello no implica por otro lado que no esté encantado con ello. Naturalmente si tienes a un PSOE totalmente entregado a la polarización y al blanqueo de Bildu, y por otro lado a una izquierda abertzale que no quiere apagar el fuego sino seguir teniendo el puchero hirviendo y la ventaja de un terreno desigualado por la violencia, normal que rebrote con fuerza la kale borroka.