El sanchismo nos vuelve a traer a Floren

¿Alguien pensaba que era casualidad que Bildu estuviera liderada por Otegui el secuestrador o por Adolfo Araiz? Pues para confirmarle que no ahora tenemos el regreso estelar a la política foral de Floren Aoiz. Al igual que Otegui o Araiz, Floren Aoiz es un viejo conocido de la política navarra que viene de la Mesa de la Muerte, o la Mesa Nacional de Herri Batasuna. Como todo el mundo debería recordar, ETA era una organización con dos ramas, la rama política y la rama pistolera. Si les discutías a los de la rama política, venían los de la rama pistolera y te mataban. Si como Jose Mari Calleja hacias preguntas incómodas a gente como Floren Aoiz en un debate, pasabas a ser objetivo de ETA. Lo raro no es que una organización semejante fuera ilegalizada y un sujeto como Aoiz acabara en la cárcel, sino que tanto tiempo la rama política de ETA estuviera legalizada y, como decía Rubalcaba, no se le obligara a elegir entre votos y pistolas, entre usar la violencia y poder presentarse a las elecciones.

La recuperación de Floren Aoiz es lo contrario a una renovación en Bildu, ¿pero quién pensaba que hacía falta una renovación en Bildu? ¿Es por el ansia renovadora que pones al frente de la coalición a Adolfo Araiz o a un secuestrador de la ETA? Todo lo contrario, renovar significaría necesidad de cambiar, reconocer que algo se hizo mal, y se trata precisamente de lo contrario, de no reconocer ningún error, de enorgullecerse de todo lo hecho, de no condenar nada, de no pedir perdón por nada, de no llamar asesino a ningún asesino, de no romper amarras con el pasado sino de reafirmar la identidad y continuidad del mismo proyecto y el mismo discurso, incluso recuperando las mismas caras si es necesario.

La izquierda abertzale no tiene nada de lo que arrepentirse, nada que renovar, nada que cambiar ni ningún paso que dar, y nombrar a Floren Aoiz es una declaración de principios en ese sentido. ETA no dejó de matar por una reflexión moral o por hacer una autocrítica, sino por un cambio de estrategia. Dejar de matar no fue el resultado de un proceso de maduración que concluyera determinando que matar estaba mal, sino que matar ya no era la estrategia más provechosa. Los objetivos que se podían conseguir matando ya se habían obtenido y para avanzar hacia nuevos objetivos matar era más un obstáculo que un beneficio. Si de todos modos seguir matando les hubiera parecido lo más conveniente, hubieran seguido matando. ¿Cuánta gente fue asesinada delante de los ojos de Otegui, Araiz o Aoiz sin que movieran una pestaña o emitieran una condena? ¿Cómo iban a condenar algo cuando su filial política pertenecia a la misma empresa que la filial pistolera y los unos trabajaban para los otros y los otros para los unos?

Al dejar de matar no por razones morales sino estratégicas, debemos ser conscientes de dos consecuencias. En primer lugar que no hay una condena del pasado o un repudio de los terroristas, a los que sigue sin llamarse asesinos, que por el contrario siguen siendo calificados como presos políticos, y que como tales se les organizan ongi etorris, se pasean sus fotos por la Korrika o se exige su impunidad. En segundo lugar que han dejado de matar, pero no de usar la violencia. La izquierda abertzale ya no mata, pero como acabamos de ver en Yamaguchi o antes en Berriozar sigue siendo violenta. Tiro en la nuca no, pero botellazos, contendores quemados, costillas y narices rotas sí. Como esa violencia y el temor que genera sí que todavía sigue ofreciendo una cierta ventaja a la izquierda abertzale, entonces se conserva la infraestructura para poder movilizar a unos cuantos cientos de encapuchados con los ojos inyectados en odio. ETA ya no mata, pero queda mucho trecho entre que ETA ya no mate y haya normalidad.

Finalmente, si la izquierda abertzale no cambia y evoluciona sino que regresa al homo florens es también porque no se le exige. Lejos de exigir nada a la izquierda abertzale, la izquierda ha decidido pactar con ella, aprovecharse de sus votos para gobernar y convertirla en su referente. No puedes apoyarte en la izquierda abertzale y combatirla al mismo tiempo. Si te apoyas en la izquierda abertzale, por otro lado, tienes que blanquearla para no desgastarte por ser su aliado. Para no desgastarte por pactar con la izquierda violenta abertzale tienes empezar a decir que es estupenda. Si la describes como es no se entendería que pactaras con ella. Por tanto el regreso de Aoiz es la consecuencia natural de los pactos del PSOE, del blanqueamiento de la izquierda abertzale y de la falta de evolución o autocrítica de todo ese universo que viene de la ETA y de la Mesa de la Muerte de Batasuna.

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