Crucificadlo a él, yo tengo mujer y hermano

Oscar Puente y Pedro Sánchez se ríen de los españoles a la cara. De hecho, hace sólo unos días el propio Puente negaba que fuera a dimitir y aseguraba, por el contrario, que “mi forma de ser responsable es dar la cara” y que “salir sería lo fácil”. ¿Qué pasa entonces ahora, que ya no es responsable? ¿Ahora dimitir es el camino difícil? Con Sánchez y sus muñecos sólo es blanco o negro lo que diga Sánchez en cada momento.

«Lo fácil sería salir, pero ni va con mi carácter ni el presidente me lo ha pedido», habrá que adivinar entonces qué es lo que ha cambiado, si el carácter de Puente o que Sánchez se lo ha pedido. En realidad la pregunta es ociosa, ¿o acaso es concebible pensar en Puente haciendo algo distinto que lo ordenado en cada momento por Sánchez? Lo peor de todo es que lo que ha cambiado no son los hechos: los muertos son los mismos y no es por tanto por las víctimas por las que Puente dimite o Sánchez lo cesa, sino por las encuestas que hayan llegado a Moncloa. De hecho ese era el análisis ayer mismo. Si Sánchez pensaba que Puente le servía como cortafuegos, lo mantendría, pero en el momento mismo en que pensara que mantener a Puente le restaba votos lo decapitaría al instante. Así por lo visto ha sucedido.

“Voy a seguir adelante tratando de cumplir con mi deber”, “la decisión que yo he tomado es continuar adelante, al frente de mi responsabilidad, trabajar en esto como he trabajado en la crisis de la Adamuz”. Esto era lo que decía Puente hasta un segundo antes de dimitir. Pero no menos llamativo que lo de Puente es lo de Sánchez. Públicamente, el presidente evitó tanto mostrar su respaldo como exigir a Puente la dimisión. Hacer una cosa u otra no era una cuestión de principios o podría haberse pronunciado desde el primer momento, era una cuestión de sondeos y tenía que ver los datos y su evolución antes de cobrarse o no la cabeza de Puente. Si con el mismo número de muertos las encuestas se mantenían había que dejar en su puesto a Puente. Si con el mismo número de muertos las encuestas mostraban un castigo al PSOE había que sacrificar a Puente.

No han sido los muertos, han sido los votos. A Sánchez no le importan los muertos o no habría sostenido a Puente tras Adamuz y ante la situación general del sistema ferroviario, ya catastrófica antes de Urda, no digamos después de Adamuz. En este sentido es casi un bochorno que ahora Sánchez, tras dimitir Óscar Puente, diga que “ha dado la cara, ha dado soluciones y, después, ha dado un paso al lado. Por dignidad. Por voluntad propia. Por respeto a las víctimas y al proyecto progresista”. Si lo que explica la dimisión de Puente es la dignidad y el respeto a las víctimas, ¿ha estado siendo indigno y faltando al respeto a las víctimas hasta ayer? A las de Urda, porque a las de Adamuz les llevaría faltando al respeto y siendo indigno hace meses. Y Urda, ¿es acaso el resultado de las soluciones dadas por Puente tras Adamuz?

Si lo digno y respetuoso era dimitir, entonces Puente habría tenido que dimitir en el minuto uno y el ya ex ministro no habría podido comparecer diciendo que dimitir “ni va con mi carácter ni el presidente me lo ha pedido”. Es evidente por tanto que el relato ha cambiado entre medio, que de repente lo digno y lo respetuoso con las víctimas ha pasado a ser lo contrario de lo que se había hecho y dicho. Sólo que cualquiera puede ver ahora la diferencia. La diferencia es que en este caso hay elecciones dentro de un mes. No importa la dignidad, no importan las víctimas, no importa el estado de la red ferroviaria: sólo importa el relato para mantener el poder, y el relato exige ahora la cabeza de Puente. Puente estaba dispuesto a seguir si Sánchez le hubiera mantenido el respaldo o, si la dimisión hubiera sido por voluntad propia, Puente hubiera dimito ya en Adamuz o en cuanto se conoció la tragedia de Urda. Puente pudo sobrevivir con absoluta indiferencia a la mala gestión y a las masacres ferroviarias, pero ni un segundo a la conclusión de los asesores de Sánchez de que le estaba restando votos al emperador. ¿Alguien podía garantizar incluso que no hubiera otra tragedia ferroviaria más en el mes que falta hasta las elecciones? Naturalmente ahora se destapa que si lo digno es dimitir entonces fue indigno no dimitir después de Adamuz. Por donde aparece Pedro Sánchez desaparece la dignidad y sólo hay cálculo de interés personal. Puente por lo demás sólo es un teleñeco del “number one”, un puto siervo del puto amo, siguiendo su propia lógica literal, por consiguiente Puente no es más que un fusible fundido y el verdadero responsable final que debe ser juzgado en las urnas, el que ha mantenido hasta ahora a Puente en el puesto, es Sánchez, el que por otro lado se juega el 29N no sólo la presidencia sino su horizonte penal.

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