Adiós estado del bienestar, hola estado verdugo

La eutanasia de Noelia Castillo es un naufragio colectivo como sociedad. No sólo es que una chica de 25 años violada y con trastornos mentales haya pedido la eutanasia y se le haya concedido, es que media España ha celebrado su muerte como si fuera una fiesta. La ejecución de Noelia, lejos de contemplarse como un drama, se celebra como un éxito. Puesto por pasiva, para esta gente hubiera sido muy triste que Noelia hubiera elegido seguir viviendo.

En esta celebración indisimulada de la muerte tenemos a todos los grandes medios remando al unísono. No resulta de extrañar. No habríamos llegado a tener a media sociedad celebrando el suicidio de las chicas violadas o enfermas sin la complicidad de esos medios.

Ahora se nos dice que todo era mentira, que Noelia no estaba enferma, no tenía trastornos, no es seguro (hermana yo no te creo) que hubiera sido violada, que todo eso son bulos de la extrema derecha. Resulta de lo más paradójico porque antes de la ejecución todo eso, que ahora nos dicen que son bulos, era munición para dar pena y para simpatizar con la decisión de Noelia de dejar este mundo. Hasta se nos ocultaba que podía andar, subir escaleras o asearse y desempeñarse ella misma. En el momento en que todas esas desgracias se han vuelto un argumento para denunciar que Noelia decidía condicionada precisamente por todas esas desgracias, de repente todas esas desgracias son bulos. Pero les da lo mismo. Aprueban igual la ejecución de una chica trastornada por una acumulación de acontecimientos catastróficos que la ejecución de una chica sana. No se trata de estrechar la ventana de Overton sino de ensancharla.

¿Cómo es que casi todos los medios y casi todos los partidos, valga la redundancia, apoyan la ejecución administrativa de Noelia y la llegada del estado verdugo? Porque la eutanasia es un capítulo de la agenda política que excede las fronteras artificiales de los partidos pertenecientes al discurso dominante. Ese discurso dominante, el mismo que redacta la Agenda 2030 que suscriben los partidos dominantes, incluye entre sus cláusulas la eutanasia. No tendrás nada y será feliz. Todos seremos felices. El que no sea feliz pedirá la eutanasia y el estado verdugo del bienestar se la concederá con benevolencia. Estaremos todos felices o muertos.

Resulta llamativo cómo con todo este contradictorio discurso ocurre que, por ejemplo, Noelia no hubiera podido en cambio ser prostituta. El discurso dominante acepta en este momento que una mujer pueda decidir sobre su propio cuerpo para matarse, pero no puede decidir en cambio sobre su propio cuerpo para prostituirse. La mujer puede decidir sobre si misma, todo lo que el estado verdugo del bienestar le permita decidir y no choque con su agenda. En este sentido consideremos que realmente tampoco hablamos de un suicidio, sino de una ejecución administrativa. Es el estado el que decide. Es el estado el que aprieta el gatillo. Si eres lo bastante débil, pobre, enfermo, viejo y caro de mantener, el muy progresista estado verdugo del bienestar te permite solicitar tu eliminación, y el estado verdugo del bienestar, graciosamente, pone fin a tu lamentable, indigna y cara vida para el estado. El caso de Noelia u otros que ya se han dado en otros lugares simplemente ensanchan la puerta, para hacer más ilimitada la potestad del estado de aprobar la eliminación de sus súbditos en vez de cuidarlos.

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