La amenaza antidemocrática y violenta siempre fue la extrema izquierda, como estamos viendo en Francia. Es a la extrema izquierda a la que si queremos paz y libertad habría que haberle aplicado el cordón sanitario. En realidad tampoco es que en España nos faltaran pistas al respecto, tras décadas de violencia etarra, o los GRAPO, o el FRAP… En el origen de Podemos tenemos la violencia de Rodea el Congreso y las agresiones a policías que emocionaban a Pablo Iglesias. Fuerzas como Podemos o Bildu rechazan las actuaciones ponderadas de las policías de los estados democráticos pero apoyan sin matices la violencia asesina de las policías de los estados dictatoriales comunistas como Cuba, Venezuela o China. La acampada de Sol y el fenómeno en que está derivando, inspirado por el ejemplo francés, también es un fenómeno suceso poblado de escuadristas violentos por no hablar de la reciente visita de Vito Quiles a Pamplona o las agresiones contra personas que llevaban camisetas de la Selección Española durante el Mundial.
El Ayuntamiento de Limoges, destruido por las llamas en la jornada de protestas en Francia
— EL PAÍS (@el_pais) October 17, 2026
Un grupo de manifestantes ataca el edificio, declarado monumento histórico y construido en el último cuarto del siglo XIX pic.twitter.com/rZu2TMMqMR
Puede decirse sin temor que la violencia de extrema derecha que pueda existir representa una pequeña fracción de la violencia ultraizquierdista que vemos a todas horas, con una gran diferencia además y es que, salvo Núcleo Nacional, ningún partido de la derecha justifica la violencia política contra la izquierda, mientras que prácticamente todos los partidos de izquierda justifican la violencia política contra la derecha. En el peor de los casos la justifican directamente, en el mejor dicen condenar la violencia pero acusan a la víctima de esa violencia de provocarla, la colocan en un plano de igualdad con el agresor y le recomiendan no volver a abrir la boca ni dejarse ver para no volver a ser agredido. La solución a la violencia de la extrema izquierda, por tanto, para la izquierda no es reprimir a la violencia de la extrema izquierda, sino silenciar y cancelar al agredido por esa violencia, validando por consiguiente esa violencia y el volver a usarla contra cualquiera al que se pretenda silenciar.

Que la violencia ultraizquierdista crezca y se intensifique no es extraño teniendo en cuenta la normalización de calificativos como fascista o racista para calificar a cualquiera que ose cuestionar el más mínimo dogma izquierdista. Tras el señalamiento como fascista, llega la agresión blanqueada y justificada como lucha contra el fascismo. Irónicamente el fascismo era/es violento, antidemocrático, anticapitalista y antijudío, exactamente igual que la extrema izquierda. En este sentido la ampliación del término fascista hasta abarcar todo lo que esté a la derecha del PSOE no es inocente. Calificar de fascista a todo el que esté a la derecha del PSOE abre la puerta a justificar la violencia contra todo el que está a la derecha del PSOE. Ciudadanos ya era un partido fascista, pero poco antes también de hecho el PSOE era un partido fascista, cuando no estaba aliado a la extrema izquierda.

Ahora el PSOE abraza el mismo radicalismo que la ultraizquierda y habla de fascismo con la misma liberalidad por dos motivos. Primero porque al PSOE le cuesta muy poco volver a la radicalidad antidemocrática de que viene históricamente y que nos retrotrae a las checas, a la Motorizada, a 1934 e incluso antes. Segundo porque los casos de corrupción que desbordan al PSOE y más concretamente al entorno inmediato de Sánchez obligan a llamar fascista a la alternativa aunque la dirigiera San Francisco de Asís. Convencer a una mayoría de que la alternativa es Hitler, es la única forma de que esa mayoría te perdone tu corrupción y te siga votando. A la vista está que Sánchez esto lo tiene muy claro.
Cuando despiertas a la realidad :
— EL ÚLTIMO COLINESIO Ⓜ️ (@ultimocolinesio) October 18, 2026
La tienda de la francesa saqueada
”yo voté para que vinierais no para que me robaríais” pic.twitter.com/2ISPgpBb8B
Adicionalmente, en Francia vemos que a la violencia ultraizquierdista de la Francia Insumisa de Melenchón se suma una violencia extraordinaria de carácter inmigrante y origen musulmán. Las imágenes son evidentes mostrando a las claras que los inmigrantes de origen magrebí son la fuerza de choque violenta de la extrema izquierda que quema Francia. El mensaje es claro: o mandamos nosotros o le prendemos fuego a todo. La inmensa mayoría de los inmigrantes magrebíes votan a la extrema izquierda y el ansia de la extrema izquierda por importar inmigrantes magrebíes a millones reemplazando a la población nativa se explica por este hecho. La inmigración magrebí, además de su arma de choque violenta, es su fuerza de choque electoral. No existe integración de la inmigración magrebí, los jóvenes que destrozan las calles y asaltan los comercios son franceses de tercera generación.
Francia roza el Estado fallido. 🔥
— ✝️ Julián Zamudio 🇨🇴 (@JulianZamudio) October 17, 2026
Esto es Marsella hace un rato. Mira hasta el final. 👇🔥
Furgones policiales incapaces de frenar o enfrentarse a miles de manifestantes comunistas y africanos que los rodean.
Explícales a tus hijos que Francia Cayó en semanas rendida a la…
Paradójicamente, toda la violencia que desata la extrema izquierda seguramente engrosa el voto de Marine Le Pen, igual que toda la violencia y la corrupción izquierdista ha polarizado la sociedad española. Nunca hubo más españoles que se autoubicaran en la extrema derecha como ahora según las encuestas. A más sanchismo, más derecha, igual que a más melenchonismo más ultraderecha. La pregunta por tanto es si identificamos correctamente los riesgos para la libertad hablando de la extrema derecha, cuando es evidente que es la extrema izquierda la que casi monopoliza la violencia y el discurso totalitario en Europa, si para frenar la violencia antidemocrática a quien por tanto habría que aplicarle el cordón sanitario no sería a la extrema izquierda, y si cancelando a la extrema izquierda no se evitaría además un posible auge de la extrema derecha de verdad. Cuando hay gente intentado quemar tu casa, tu comercio, tu coche, tu iglesia, tu ayuntamiento o tu colegio, puedes votar a cualquiera que se presente como freno a eso. Es lo que está consiguiendo la izquierda en Francia y en todas partes donde de alguna forma el modelo francés es ejemplo.