La inmigración se ha multiplicado de forma descontrolada en los últimos años. Descontrolada además en dos sentidos. Primero que aquí ha entrado todo tipo de gente sin que supiéramos nada de ella: ni quién era, ni de dónde venía, ni qué había hecho en el lugar del que venía. En segundo lugar hemos importado población de forma descontrolada en el sentido de que si acoges a 3 ó 4 millones de personas más en unos pocos años tienes que ampliar en proporción equivalente el número de casas, la red eléctrica, el sistema sanitario o el sistema educativo. ¿Por qué tenemos crisis en todos esto sectores además de en la seguridad? Pues porque tenemos un país con vivienda y servicios para 46 o 47 millones de personas, pero hay viviendo 50 millones de personas. Evidentemente eso genera tensiones a muchos niveles.
❗️Más de la mitad de los extranjeros en España llegaron después de 2020 https://t.co/zpjYoGB1kL
— ABC.es (@abc_es) October 14, 2026
La inmigración es por tanto un problema central en cualquier debate en España y en toda Europa, un problema por cierto que los partidos habituales del sistema no han sabido abordar o incluso han multiplicado con su negacionismo y sus tabúes discursivos. Este negacionismo absurdo del problema conduce a un desdoblamiento del discurso, en virtud del cual también los que niegan el problema y llaman racistas o fascistas a los que hablan de él son conscientes del mismo. Su trauma es que se encuentran atrapados por su propio discurso y que no pueden afrontar el problema de la inmigración descontrolada sin quedar convertidos ellos mismos en fascistas y racistas bajos sus propios parámetros.
«No cambiarán el discurso cuando suban las violaciones, lo harán cuando baje la intención de voto».
— Alonso 🇪🇸 (@alonso_dm) November 14, 2025
Samuel Vázquez, Policía Nacional. https://t.co/kN2vUMDAPR
Sucede sin embargo que, pese a todo, la realidad del problema es tan evidente que un partido como VOX podría presentarse a las elecciones del 29N presentando un programa respecto a la inmigración que se limitara a recoger lo declarado en determinados momentos de lucidez, sinceridad o descuido por algunos de los más significados líderes de la izquierda. Así, por ejemplo, tenemos múltiples declaraciones del flamante y deseado Rufián, validado hasta por Podemos, reconociendo por otro lado en el Congreso que la izquierda debe empezar a «hablar de seguridad e inmigración», y que “basta poner la oreja cinco minutos en un barrio para saber que los flujos migratorios son un reto”.
La inefable Elma Saiz, ahora portavoz del gobierno, decía hace unos años refiriéndose a la delincuencia importada, cuando era delegada del gobierno en Navarra, que había que expulsar y aplicar la ley de extranjería “con más rotundidad y firmeza”, contra “ese círculo vicioso de extranjero delincuente de los que no entran nunca en la órbita de búsqueda de trabajo”.
🖐️ @mavichina: "Si no respetas, no vengas"
— Navarra Televisión (@NavarraTV) August 23, 2024
La presidenta del Gobierno de Navarra ha mostrado su "total condena y rechazo a las agresiones sexistas" tras el último episodio vivido recientemente en #Burladahttps://t.co/lIwmOCFG8J pic.twitter.com/yqgGCf3YGP
En el verano de 2024, con ocasión de una agresión sexual a una menor durante las fiestas de Burlada, por parte de un marroquí, María Chivite la condenó añadiendo la coletilla: “si no respetas, no vengas”, una frase que podía hacer suya e incluir VOX en su programa electoral pero que en ese momento Chivite diría que es nazi.
‼️ Rufián liga ahora inmigración y delincuencia ante el descalabro electoral de la izquierda: «Hay que intentar competir en ese marco. El que la hace, la paga. Se llame Gabriel o se llame Hassan».
— okdiario.com (@okdiario) September 29, 2026
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“Una de las cosas que un país tiene que hacer es controlar sus fronteras. Se necesita orden , vías de entrada legales. ¿Esto es lo incómodo? Porque hay gente que dice: es que estás comprando el marco de la derecha. El marco está compradísimo, yo sólo aspiro a competir dentro de ese marco”. “Hay que intentar competir en ese marco. El que la hace, la paga. Se llame Gabriel o se llame Hassan”. Para la nueva estrella mediática de la izquierda “Tiene que estar todo basado en derechos y obligaciones, te llames Antonio, te llames Nicolai o te llames Hassan, eso lo entiende todo el mundo”. El portavoz de ERC reconoce que “Parece que no quieres hablar de algo porque te pueden llamar racista, ¿pero por qué racista decir que tú te llames como te llames, también Hassán también la pagas?”. “Hay un enorme problema de multireincidencia”, porque “los vaquilla de ahora son los migrantes pobres”, a lo que añadía: “¿y eso es racista decirlo? Pero si es la puta verdad y eso la gente lo ve, y es un reto de inclusión y de integración”.

La hemeroteca reciente de Rufián, hablando de Ceuta, confirma casi punto por punto lo que podría decir VOX, pero por lo que sería llamado fascista, racista e inhumano cualquiera de VOX: «¿Qué respuesta, qué imagen se le da al mundo si frente a esta agresión callas, tragas y pagas? ¿Qué imagen se le da? Lo siguiente, ¿qué será? ¿80.000 más?». “Los que entraron como entraron, que sean atendidos con celeridad y que sean devueltos con dignidad». Rufián afeó a la izquierda que los «eslóganes», los «lugares comunes» y la «cobardía» no sirven para afrontar los problemas relacionados con la vivienda y la migración, que definió como «los dos dramas que nos van a arrasar».

Nos encontramos por tanto ante un problema real con la inmigración, el cual afecta directamente a cuestiones como la seguridad o la vivienda. El dilema de la izquierda es que reconocer este problema implica “comprarle el marco a la derecha”. Lo que sucede es no tiene sentido negar un problema sólo porque reconocerlo implica tener que dar la razón a la derecha: una cosa tiene que reconocerse o negarse porque sea verdad o no, no porque lo diga la derecha. Si la izquierda niega una realidad porque sería darle la razón a la derecha, lo único que hace es dejar que aumente el problema por no afrontarlo y descalificarse para solucionarlo. Así y todo la derecha puede recopilar citas de izquierdistas como Rufián, Saiz o Chivite y poner a la izquierda en la disyuntiva de tener que llamar fascistas a Saiz, Chivite y Rufián (y actuar en consecuencia), o reconocer que no son fascistas quienes dicen los mismo por la derecha, sólo que proponiendo actuaciones y sin tantas contradicciones y ambiguedades.