Hablemos de vivienda, pero también de los Rochos

La vivienda es objetivamente un grave problema que tiene España. Es lógico por tanto que se hable durante la campaña electoral de vivienda. No es por otra parte un debate del que deba tener miedo la derecha. Todo lo contrario, estamos como estamos tras ocho años de gobiernos progresistas y políticas que han pivotado sobre dos ejes falsos: que no hacía falta construir más viviendas y que había que desproteger a los propietarios. Podríamos añadir al menos una tercera falsedad, y es la falsa disyuntiva entre que la vivienda tiene que ser accesible o negocio, cuando en realidad todos los problemas de abastecimiento de un producto cualquiera, también la vivienda, suelen presentarse precisamente cuando hay algo que no es negocio. Los precios no se disparan cuando algo es negocio sino cuando algo es escaso o no hay mercado y por tanto competencia en la oferta.

Sea como sea el debate sobre la vivienda lo tiene ganado la derecha, tanto desde el punto de vista conceptual como desde el punto de vista práctico, incluso desde el punto de vista emotivo. El desahucio de Maricarmen, uno entre cientos de miles de desahucios silenciados por la izquierda, se ha producido gobernando la izquierda, señalando Maricarmen como principal responsable a Pedro Sánchez y teniendo Pedro Sánchez olvidado en un cajón el expediente de Maricarmen: muchas lágrimas el día después, para utilizarla electoralmente, pero indiferencia por su situación antes de su desahucio. A esto podemos sumar el hecho de que los perroflautas acampados en Sol cada día añaden nuevas muestras de su naturaleza parasitaria y violenta. Unir su imagen a la de todos estos batasunos frustrados es dudoso que en el fondo favorezca la popularidad del gobierno. Es más, es probable que al final, incluso antes de las elecciones, el gobierno se vea obligado a mandar a la UIP a desalojar a los perroflautas, cosa que sucederá precisamente en el instante que Sánchez perciba que los perroflas le quitan muchos más votos de los que le proporcionan. Maricarmen puede provocar simpatía, no los perroflas. Acabar disolviendo a pelotazos a sus perroflas, sin embargo, suscitará la pregunta de por qué los habia tolerado invadiendo la plaza hasta ahora, y por supuesto le quitará el apoyo electoral de la extrema izquierda.

El sanchismo no puede sostener un debate serio sobre la vivienda durante un mes y medio, porque ocho años después quien propone construir más y ofrece soluciones creíbles es la derecha. La paradoja llega al punto en que ahora el sanchismo nos pretende vender la moto de que hay un problema con la vivienda porque los ocho años de política de vivienda sanchista, por culpa de Junts y PNV, no han sido el realidad progresistas, y que la política de vivienda progresista la van a hacer a partir de las próximas elecciones. Es irónico porque nos han estado vendiendo estos ocho años los pactos con los separatistas o la amnistía precisamente bajo el pretexto de que así podía haber un gobierno progresista que practicara políticas progresistas. Cada ladrillo del muro sanchista es una contradicción mentirosa.

No ha pasado una semana de la muerte de Maricarmen, falta un mes y medio para las elecciones y de hecho ya está costando mantener la vivienda como único objeto de debate en la sociedad. Poco a poco va regresando a las portadas la dura realidad del sanchismo y el escándalo inasumible de su cloaca mafiosa, así como la preocupante naturaleza del ataque contra Ceuta, la España asaltada. El propio Sánchez ha revelado la irrupción de barcos de guerra marroquíes en aguas españolas durante el asalto a Ceuta para escoltar y dar cobertura a los asaltantes. Los asaltantes iban desarmados, amparados por su número como en la Marcha Verde sobre el Sahara, pero militarmente respaldados por el ejército de Marruecos. También había militares marroquíes pastoreando a esa masa. Una masa que por otro lado Marruecos controla a placer abriendo o cerrando la puerta para que entre o salga, según interese en cada caso.

El último favor de Marruecos a Sánchez podría ser de hecho abrir la puerta de regreso a los invasores, poniendo aún más de manifiesto ese control del gobierno marroquí sobre la masa invasora. Es llamativo porque en el primer momento los partidos a la izquierda del PSOE fueron los primeros en llamar invasión a la invasión, ataque al ataque y «arma» a la masa invasora de civiles utilizada por el rey marroquí. Hasta Pedro Sánchez declaró en las primera horas que estábamos ante «una violación de la integridad territorial de España». Lo que sucedió después es que la incapacidad del gobierno para afrontar esa violación hizo de la necesidad virtud, convirtió el ataque en una falsa crisis migratoria, a los asaltantes en niños desvalidos, a la falta de reacción en falso humanitarismo y a Marruecos en falso amigo y falso aliado. Cuando Sánchez no puede cambiar la realidad lo que hace es cambiar el lenguaje, como si fuera lo mismo, y marcharse a la Mareta a darse baños y recomendarnos libros que seguramente él mismo jamás ha leído.

Se le va a hacer muy larga la campaña a Pedro Sánchez. El escándalo de los Rochos, el clan de narcos contactados por la cloaca sanchista para eliminar a la juez que instruía el caso del hermano de Sánchez, ha ocupado o nada de espacio o una insignificante reseña en los medios sanchistas. La gravedad del asunto es sin embargo descomunal y no para de crecer, como un fuego mal apagado que no van a poder tapar hasta el 29N. El escándalo de los Rochos convierte a Moncloa en el Bada Bing de los Soprano. Hay que remontarse de hecho a la Italia de los 90 y al asesinato del juez Falcone para encontrar precedentes similares en Occidente, con la diferencia de que el asesinato de Falcone, aunque enmarcado en los escándalos del socialista corrupto Craxi y la Tangentópolis, al menos fue una operación propia de la mafia y no hasta donde se sabe de una operación encubierta de Craxi. En el caso de la juez Biedma, sin embargo, estaríamos ante una operación de la cloaca de Sánchez para eliminar a la juez instructora del proceso contra el hermano de Sánchez. Sánchez no sería por tanto sólo el neceswario vértice jerárquico de la cloaca sino el beneficiario directo de las operaciones de la cloaca, en este caso intentado proteger a su hermano. No es además sólo el caso del hermano. La cloaca es el último capítulo de un interminable rosario de casos de corrupción involucrando, además de al hermano de Sánchez, a su mujer, a Zapatero, a la directora y el DAO de la Guardia Civil de Sánchez, al número dos de Sánchez o al siguiente número dos de Sánchez. El hilo conductor de todo es siempre Sánchez.

Si algo hemos comprobado durante los últimos ocho años es que un mes es una eternidad y que un escándalo tapa otro. Esto hasta ahora ha favorecido a Sánchez, cuyo último escándalo tapaba el penúltimo. En este momento sin embargo el vértigo de la actualidad perjudica a Sánchez. Dentro de dos semanas es improbable que sigamos centrados en la vivienda y en Maricarmen porque ya el foco se está desplazando. De todos modos tampoco la vivienda seguramente iba a ser la gran baza electoral de Sánchez cuando es más bien otro de sus grandes fracasos. Maricarmen además ha muerto en mal momento para Sánchez, el día después de la convocatoria en vez del día antes de las elecciones. Cuando los sindicatos organicen su huelga, obviamente un intento del PSOE de mantener vivo el caso Maricarmen hasta el final de la campaña, seguramente la huelga llegue descolocada y fuera de tiempo y de juego, constituyendo no sólo un fracaso popular sino evidenciando un ridículo servilismo.

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