La kale borroka francesa y la futura “normalidad” española

La izquierda internacional cada vez es más violenta y antidemocrática. Todo lo que está sucediendo las últimas semanas en Francia, alentado por la Francia Insumisa del ultraizquierdista Melenchón, es buena prueba de ello. Si no tuviéramos nuestros graves y propios problemas seguramente hubiéramos hablado mucho más y mucho antes de la violencia inmigrante y ultraizquierdista desatada en el país vecino, aunque no todos. Hay medios que no es que no den abasto para centrar el foco en lo que sucede en Francia, sino que no quieren que se hable de lo que pasa en Francia. En la propia Francia los medios mayoritarios de izquierda no quieren que se hable de lo que pasa en Francia. Partamos por tanto del hecho, puede que desconocido para muchos, de que hace ya más de diez días que Francia está siendo presa de una violencia callejera tan extendida como furiosa, protagonizada por hordas de origen inmigrante y activistas de extrema izquierda.

Irónicamente, el origen de la kale borroka francesa se remonta al inicio del curso escolar y la exigencia de mayores recursos para la educación pública. No obstante, la protesta ha consistido en buena medida en agredir a profesores y quemar escuelas públicas. El perfil de los manifestantes, por otro lado, permite sospechar que no son los empollones de la clase dejando de estudiar un rato para quemar contenedores y apredrear policías.

Políticamente, las siguientes y cercanas elecciones francesas se dibujan el año que viene como un duelo entre la extrema izquierda de Melenchón y la derecha patriótica de Marine Le Pen. Si ambos candidatos resultan los más votados en primera vuelta, la segunda vuelta se convertiría en una elección entre el uno o la otra. Por otra parte, la mejor opción de Marine Le Pen para reventar al fin el cordón sanitario puede ser primero el desastre en que vive Francia, y segundo que la alternativa sea el chiflado castrista y chavista de Melenchón. Lo que está claro es que no habrá paz en la calle si el que gana es Melenchón.

¿Habrá paz en las calles españolas si pierde la izquierda? Todavía no ha perdido la izquierda y ya empezamos a ver cómo la ultraizquierda calienta. La ultraizquierda pone la violencia física, pero el propio Sánchez aporta ya la violencia dialéctica, asegurando que el parlamento no representa a la sociedad, que la sociedad la representan los que se movilizan en la calle y que él es su portavoz. Es en virtud de esta descalificación del parlamento salido de las urnas, que por cierto todos hemos aceptado democráticamente durante ocho años para que él gobernara, que ahora Sánchez usa la Diputación Permanente para aprobar los decretazos rechazados por la mayoría parlamentaria.

Para justificar su convocatoria de elecciones, Sánchez ha proferido algunas afirmaciones escandalosas. Por un lado ha dinamitado el principio fundamental del parlamentarismo, las elecciones y la representación democrática. Es decir, tras el rechazo de la mayoría del Congreso a sus decretos ha dicho que «Sé que en parte de esa mayoría social hoy hay insatisfacción. Sé que les indigna ver cómo sus intereses son pisoteados en el Parlamento en beneficio de unos pocos”. De este modo, Sánchez ha opuesto a la mayoría parlamentaria con la mayoría social. No sólo eso, ha usado la Diputación Permanente para aprobar un decreto contra la mayoría parlamentaria apelando a la mayoría social. Lo que pasa es que la mayoría social se mide votando o puede ser cualquier cosa. Por supuesto Sánchez, como todos los tiranos, se erige en único intérprete autorizado de la mayoría social. Si de todas formas el parlamento no representa a la mayoría de la sociedad, ¿para qué convoca elecciones para resolver el problema? ¿O si pierde las elecciones dirá que el resultado electoral y la consiguiente composición del parlamento no refleja la mayoría social? Si el sanchismo tiene mayoría aceptará el resultado, en caso contrario no, como acaba de pasar. Después de inventarse los pseudomedios y los pseudojueces, ahora Sánchez se inventa los pseudoparlamentos. Por supuesto los jueces de verdad y los medios de verdad son los que no investigan su corrupción, y los parlamentos de verdad sólo los que le permiten guiar con mano de hierro el timón.

Curiosamente, en el mismo discurso convocando elecciones Sánchez también dijo que “es a la gente a la que nos debemos. Es a esa mayoría social que vive con angustia, ve cómo sus salarios, su pensión, no bastan para pagar el alquiler, para ahorrar y poder hacer una entrada de una hipoteca o echar una mano a sus hijos e hijas para que se puedan emancipar”. Efectivamente, acaba usted de leer a Sánchez diciendo que, tras ocho años de sanchismo, el resultado es que la mayoría vive con angustia y ve que sus salarios y pensiones no bastan para vivir. ¿Pero no era este hombre el que decía que la economía iba como una moto? ¿Y la solución a ocho años de políticas que han conducido a un resultado tan desastroso puede ser en serio volver a poner a este personaje otra vez cuatro años al frente del gobierno?

Tenemos una izquierda que cuando está en el poder roba y lleva al país a la pobreza y la inseguridad, pero que cuando pierde no acepta el resultado y practica la kale borroka. El precio de la paz será que ellos decidan lo que se hace también cuando no gobiernan. Melenchón utiliza a partes iguales la violencia inmigrante y el voto inmigrante, no es esperable otra cosa de la izquierda española incluso sin Sánchez, que además de la violencia inmigrante y ultraizquierdista puede contar también de su parte con la violencia nacionalista.

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