San Fermín de Aldapa ha vuelto a ser un éxito popular, incluidas algunas tradiciones que por su carácter religioso se intentan arrinconar. La flecha de los tiempos sin embargo ha cambiado como hemos podido ver también estos días pasados con la visita del Papa a París. Escenarios y lugares muy distantes, pero un mismo retorno de la espiritualidad. Mucha gente abandonó la espiritualidad para llegar a otro sitio, pero al cabo del tiempo se ha dado cuenta de que algo faltaba y fallaba en ese lugar. No estaban todas las respuestas en ese lugar, por eso se está produciendo un regreso, en buena parte protagonizado por la juventud. Es decir, más que un regreso podríamos hablar de un éxodo del materialismo, ya que hay una generación escapando de él sin haber conocido antes otra cosa. De ahí también el variopinto retrato de los jóvenes que llegan a la esfera de la fe, ya que vienen a explorar un continente nuevo desde puntos de partida diversos y son exploradores porque, por lo que se ha dicho, muchos no conocen aún el lugar del que sus mayores partieron. Normal que algunos aparezcan confusos. Lo relevante es quizá que ya no se alejan de la fe sino que se acercan a ella. Unos avanzan más pasos que otros, pero son pasos en dirección a la fe cuando antes eran en dirección contraria.
Los actos religiosos de Sán Fermín Chiquito, como los de San Fermín, han sido vividos por tanto con creciente fervor y éxito de público. La pescadilla por lo demás se muerde la cola, puesto que como la Semana Santa el éxito de público da mayor lustre a los actos, suscita curiosidad y la asistencia llama a más asistencia.
Creyeron haber desterrado la Fe Católica de Francia🇫🇷, se burlaron de la Última Cena de Jesús en los Juegos Olímpicos, sin embargo la Francia Católica salió a reclamar su sitio en la historia, la hija mayor de la Iglesia regresa a casa! #VivaCristoRey#Jornada#PapaLeónXIV#Fe pic.twitter.com/GF6lPFhzjs
— Gustavo Clausen (@Gustavo_Clausen) September 27, 2026
En el caso de París y la laica Francia atea, republicana, iconoclasta y existencialista, impresiona la multitud que ha llenado las calles al paso de León XIII, el Papa que previamente desbordó las calles de Madrid. Alguien pensó que la fe era algo que la gente olvidaría cuando pudiera elegir. Por el contrario, es el materialismo ciego y reduccionista el que la gente está abandonando después de visitarlo cuando puede elegir. ¿Ha generado el abandono de la fe una Europa más feliz, más pujante y más próspera o más decadente, más medicada, más perdida y más triste? Por eso la gente vuelve.

¿Por qué no ha encontrado la gente la felicidad en el paraíso hedonista, relativista, animal, egoísta, hueco y ateo? ¿No era un paraíso construido científicamente a la medida del hombre? ¿Por qué se siente entonces hueca la gente en ese paraíso materialista? Puede que a la visión científica le faltara el elemento fundamental, y es que una poesía es algo más que un conjunto de letras, una superficie de papel o una cantidad de tinta. De hecho, lo fundamental de una poesía es precisamente lo que no se puede reducir a medir centímetros cuadrados de papel, a contar consonantes o a centímetros cúbicos de tinta, que es lo único que el mero materialismo es capaz de analizar, parametrizar, pesar, medir y aceptar. En el caso de la Pamplona de Asirón, además, el hueco que deja la fe lo llenan los anuncios en apoyo a los terroristas de ETA. La espiritualidad no sólo deja un vacío, sino que a menudo ese vació es ocupado rápidamente por la fealdad.