Maricarmen no tendrá nada y será feliz

El 15M fue un movimiento que nació allá por mayo de 2011 como expresión del descontento popular en aquellos años de crisis económica postzapateriles y que dio lugar al surgimiento de Podemos. Es decir, ya sea porque era un movimiento nacido del discurso izquierdista o porque se lo apropió el izquierdismo la consecuencia más directa del mismo fue el auge y llegada poco después al poder de Podemos. Siendo realistas Podemos no se habría podido apropiar el 15M si el 15M no hubiera sido ya un movimiento más o menos ultraizquierdista y aupado por todos los medios de izquierda.

La traslación electoral de las acampadas del 15 en la Puerta del Sol desembocó por tanto en la entrada de Podemos al Congreso y en la emergencia de figuras como Pablo Iglesias, Monedero y Errejón. Tampoco nos engañemos, hizo mucho más por Podemos La Sexta (en la que los podemitas se convirtieron en tertuliamos habituales) que una pequeña acampada de desarrapados en Sol. Podría parecer que Podemos y el propio 15M era un movimiento popular cuando era más bien una maniobra político-empresarial.

Sea como sea, el sanchismo es la culminación final de 15M, podríamos decir que su consecuencia lógica. Lo irónico por tanto es que ahora la izquierda vuelva a acampar en Sol, 15 años después, cuando lleva en el poder desde 2018. Este PSOE radicalizado, todos estos años de gobiernos de coalición con Podemos, con Sumar, con ERC o con Bildu, son exactamente lo que aquel 15M demandaba desde sus tiendas de campaña en Sol hace ya tantos años. ¿Cuál es la lógica de manifestarse ahora? ¿Un 15M contra el 15M? ¿Se manifiesta a favor del gobierno o contra el gobierno? ¿Se puede protestar por la situación del país y apoyar al mismo tiempo al gobierno responsable de la misma? ¿Es el segundo 15M, ya conocido como “15Meme”, una maniobra propagandística del propio gobierno? Desde luego resulta llamativo que los nuevos “indignados” acampen en Sol y no en la puerta de Moncloa, o ante el Palacio de la Generalidad. ¿No hay ninguna Maricarmen catalana? ¿Por qué no aparece en la sincronizada ningún desahucio que no sea en Madrid?

Por lo que se refiere a la vivienda, antes de hacer más promesas sería bueno que el sanchismo cumpliera alguna de las promesas pasadas, como las entre 184.000 y 250.000 viviendas que lleva años prometiendo Pedro Sánchez cuando se avecina alguna elección. ¿Pero cómo se puede impulsar y frenar a la vez la construcción de viviendas? Una parte del gobierno, precisamente la podemita, la teóricamente más cercana al 15M, rechaza la construcción de viviendas. El punto crítico en que se encuentra la construcción de vivienda en el presente es el resultado de años y años de políticas 15M. El remedio contra el fracaso del 15M no puede ser más 15M.

Las contradicciones internas del discurso izquierdista respecto a la vivienda se evidencian en cuestiones tan variopintas como el doble discurso del Gran Wyoming y Rufián. Para Rufián, solucionar la escasez de vivienda pasa por que “la gente que tiene pasta deje de invertir en casas, que deje de creerse que una casa es un bien de riqueza, que la gente que tenga pasta pues que invierta en oro en bolsa, en Rolex en criptomonedas, en vino, pero en casas no”. Por su parte, el Gran Wyoming, gran tenedor de 19 pisos, declara que “he ganado mucho dinero y lo invierto en lo que quiero. Otros lo invierten en barcos o fincas para criar toros”. Para Rufián lo antisocial es invertir en pisos, para Wyoming lo antisocial es gastarlo en toros, barcos, criptos, Rolex o vino. Por supuesto la izquierda aplaude a sus contradictorios gurús con igual entusiasmo.

Lo cierto es que Gran Wyoming no es un gran ejemplo de coherencia. Hacerse rico atacando el capitalismo o criticando a los ricos no deja de tener su ironía. ¿No estábamos además en que para que unos pudieran ser ricos otros tenían que ser pobres? ¿O este principio se exceptúa para Wyoming? El caso sin embargo es que Rufián tiene menos razón que Wyoming. Es decir, también la izquierda nos dice que hay que no tener nada para ser feliz, que la propiedad es una antigualla y que en el futuro nadie será propietario de nada y todo será alquilado. La señora Maricarmen ya disfruta, aunque sin comprender la diferencia entre propiedad y alquiler, de estas delicias programadas por la izquierda y la Agenda 2030 de la felicidad de la no propiedad. Entre la propiedad y el alquiler, la izquierda siempre ha apostado por el alquiler. Cuando España era un país 95% de propietarios, se nos presentaba como más avanzado el modelo europeo más volcado en el alquiler. Por supuesto el inquilino era amigo y el propietario enemigo, y más amigo que nadie el okupa, el inquilino que no paga alquiler al propietario. ¿En qué ha consistido la política “social” de la izquierda? ¿En construir más vivienda? ¿En que la gente tuviera más trabajo y mayor poder adquisitivo? Por el contrario, en dejar que conseguir vivienda para todos consistiera en que uno le quitara la vivienda a otro, con el beneplácito y la pasividad del estado. ¿No habrá tenido nunca problemas de impagos y okupaciones el Gran Wyoming con su flota de pisos? Quizá es que sean pisos de lujo alquilados sólo a personas de gran poder adquisitivo. Porque esa es otra: prohibiendo el desahucio a los vulnerables lo que se consigue es que nadie alquile un piso a un vulnerable. Lo que hay que hacer es reducir el número de vulnerables potenciando la economía y dar alternativas al inquilino, no convertir al propietario en el escudo social que pagamos impuestos para que lo sea el gobierno. Así y todo, frente a lo que dice Rufián, para promover el alquiler hace falta que alguien sea propietario de un piso y lo alquile, o sea que invierta en un piso en vez de gastarse el dinero en Rolex y vino.

Ya que estamos con Rufián y que gracias a el se pueden decir cosas que cuando no las dice él son fascistas, un elemento importante en la escasez de vivienda es la inmigración. España tenía 46,5 millones de habitantes en 2015 frente a los 49,5 actuales. ¿Acaso esas personas no necesitan techo? ¿Puedes importar 3 millones de personas sin construir viviendas para 3 millones más de personas? Si metes en el país 3 millones más de personas sin construir viviendas para 3 millones de habitantes más. ¿puedes esperar que no haya una tensión de la demanda y no se disparen los precios?

¿Por qué estamos otra vez hablando del 15M y, de entre todos los desahucios de España en los últimos años, del desahucio ahora de Maricarmen? Es evidente que Moncloa está intentado poner en marcha otro 15M, y quizá otro Podemos, porque las elecciones se le escapan, porque la Ley de Nietos a lo mejor no consigue el pucherazo pretendido, y porque para Sánchez es menos incómodo volver a vivir en el 15M y en 2011 que en la España corrupta y la Ceuta ocupada de 2026.

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