Cerdán no cuenta nada interesante en su libro, lo cual es interesante

El libro de Cerdán titulado La Caída, como la película sobre el final de Hitler en su búnker, tiene menos de 100 páginas, 100 páginas que se quedan en menos descontando las fotos y considerando la forma telegráfica de construir las frases del texto. Las fotos, por cierto, recogen los momentos triunfales de Cerdán, como al formar gobierno con Podemos o la celebración tras la victoria electoral en julio del 23. Cerdán también incluye abundantes fotos de sus reuniones con Junts, fundamentales para la investidura de Sánchez. La ex mano derecha del presidente tampoco escatima fotos siempre sonriendo con Sánchez. La que en cambio no aparece en las fotos es María Chivite. Ni Koldo, Abalos, Leire Díez, Antxon Alonso, Vicente Fernández o Aldama, evidentemente.

El contenido del libro es poco interesante. Cerdán se limita a negarlo todo, a asegurar que no hay ninguna prueba contra él y que los audios en los que aparece implicado son todos falsos. El ex secretario de organización del PSOE sería la víctima de una enorme conspiración cuyo origen ubica oscuramente en un siniestro pacto entre Trump y VOX. Todo el resto del libro es una prescindible reflexión sobre cómo hoy puedes estar arriba y mañana abajo, o cómo una maquiavélica conspiración puede destruir tu reputación.

Cerdán no deja de presumir sin embargo del poder que llegó a tener, presentándose como el hombre que llevó al poder primero a Pedro Sánchez y segundo a María Chi. El milagrés y milagrero fue el hombre que supo convencer al PNV de que apoyara la moción de censura dos días después de que el PNV le apoyara los Presupuestos a Rajoy. Cerdán fue después, una vez con Sánchez en el poder, el que le convenció de que había que normalizar el pacto con Bildu y hacer presidenta de Navarra a María Chivite, o como escribía Leire Díez en sus agendas “María Chi”. Así pues, gracias a su portentosa habilidad negociadora, Cerdán se presenta humildemente como el hombre que llevó al poder a Pedro Sánchez y María Chi. En realidad no le falta razón, sólo que en ese ascenso instrumental al poder faltan piezas como Antxon Alonso, el hombre-puente con el nacionalismo, y el papel central de Servinabar, porque al final todo se reduce al papel central en esta historia, aunque no la mencione Cerdán, de la caja registradora de la empresa Servinabar.

Por lo que se refiere a su relación con Sánchez, Cerdán hace un relato muy particular de su desarrollo y su abrupto final. Cerdán era “Santi” para Sánchez, su hombre de confianza, el único con autoridad absoluta y el único que reportaba ante Sánchez, lo cual es por cierto significativo. “Con el PNV sólo habla Santi, y Santi sólo me reporta a mi”, cita Cerdán hablando de la negociación para la moción de censura. Estas palabras indican el nivel de confianza de Sánchez con Cerdán, que podríamos comparar al de Tom Hagen y Michael Corleone, pero también sugieren el control personal de Sánchez sobre las cosas que hacía su lugarteniente. Esto es un dato a tener en cuenta porque, una vez más, reincide en la dificultad de creer que Sánchez vivía sin enterarse de nada sentado sobre una pirámide de corruptos.

La ruptura entre Cerdán y Sánchez aparece también totalmente dulcificada. En realidad, Cerdán relata una realidad paralela en la que Sánchez no le echa, sino que él decide irse y presenta su dimisión sin que se la pidan, como si hubiera tenido la opción de no dimitir y quedarse todavía como diputado y factotum de Sánchez. Todos recordamos sin embargo la triste despedida de Cerdán del Congreso, cuando se acerca por detrás a Sánchez intentado llamar su atención y tocarle el hombro, mientras Sánchez le da la espalda y lo ignora por completo.

Hasta cierto punto el relato de los hechos resulta incriminador para Cerdán por su soberbia para presentarse como el gran arquitecto en la sombra de todas las decisiones importantes del gobierno sanchista. Una y otra vez Cerdán se presenta como uno de esos personajes que no aparecen en la foto, aunque después llene el libro de fotos, pero que son los que realmente deciden las cosas desde el segundo plano. En este sentido es fácil que al lector le venga a la mente el papel de la fontanera de Moncloa, Leire Díez, la “nadie” que tenía a su servicio a la SEPI, la Guardia Civil o la Fiscalía, y con la que había que negociar los rescates cienmillonarios. La Leire sombría que manejaba la cloaca para destruir a los jueces, guardias civiles y fiscales que investigaban la corrupción del PSOE, y a la que Cerdán presentó a Vicente Fernández (ex de la SEPI y empleado de Servinabar) y a Antxon Alonso en una productiva comida el 20 de enero de 2021, que marca el inicio de las actividades del grupo Hirurok. ¿De dónde sacaban su poder Leire Díez o Cerdán? Desde luego no de su cargo, sino de la confianza en ellos que tenía alguien que sí tenía el cargo con el Poder Suficiente, o como podría abreviarse P.S.

A Cerdán, sin embargo, no le falta cierta razón a la hora de presumir. Efectivamente fue él quien de algún modo, con su empeño y a través de sus contactos, consiguió que Sánchez y Chivite llegaran al poder. El papel de Cerdán en la política durante los últimos años ha sido por tanto trascendental. En el libro, por cierto, Cerdán apenas menciona a Chivite pero sí menciona que no era partidaria de Sánchez en la primarias, sino de Patxi López. Tal vez sea una mención inocente, pero reincide en la idea de que Chivite no era una persona de la confianza de Sánchez, sino de Cerdán, y que de algún modo no es tanto Cerdán el elegido sino el elector de Sánchez y Chivite como las personas más indicadas para que sus ansiados planes de hacerse millonario pudieran prosperar. ¿En qué sentido podía considerar Cerdán a Chivite o Sánchez como las personas indicadas para desarrollar con éxito su trama corrupta? O bien las consideraba inútiles que no se enteraban de nada, o bien Cerdán consideraba que Sánchez y chivite eran personas óptimas para convertirse en cómplices de la trama. Si es lo uno o lo otro lo determinará la Justicia aunque ya sólo por responsabilidad política hace tiempo que, al menos si son inocentes, deberían haber dimitido y escrito un libro los dos.

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