La lengua propia de la administración foral es el íbero

Con el nacionalismo de por medio la lengua siempre es un problema. A ver lo que dices y en qué lengua lo dices. Tenemos múltiples manifestaciones de esto problema en las noticias de los últimos días. En la selectividad vasca (EVAU) han decidido empezar a masacrar a los alumnos que no sean del modelo D. Es una persecución lingüística a los castellanoparlantes, pero también una persecución ideológica. Si se normaliza la sangría que han decidido comenzar este año, a partir de ahora esta será la norma. La oleada de suspensos pudo surgir por iniciativa de algún corrector hipermotivado, pero la administración nacionalista de la CAV ya la ha hecho suya y convertido en estándar futuro. No puedes pretender construir un estado en base a un hecho cultural que sería la lengua, si resulta que la gente no habla esa lengua. Entonces las dos opciones son renunciar a tu estado independiente euskaldún o euskaldunizar a toda la población por la fuerza.

El Tribunal Supremo, en esta misma batalla contra la igualdad y por la prioridad euskaldún, ha tumbado una OPE en Vizcaya por la desproporcionada exigencia de euskera para 150 plazas de administrativo, que suponía según la sentencia “la exclusión de facto de los castellanoparlantes”. En 133 de las plazas había algún requerimiento de euskera, por lo que el 88% de los puestos exigían su conocimiento. En las otras 27 plazas el euskera no era requisito pero sí mérito. El resultado en la práctica era dejar a todos los castellanopoarlantes fuera de la convocatoria.

Paralelamente, en Navarra hemos asistido a un intento más por parte del nacionalismo por extender la oficialidad del euskera a toda la comunidad. Chivite, consciente de que el PSN sólo obtiene votos fuera de la zona vascófona (que en realidad quizá debería llamarse bilingüe), rechaza de momento esta euskaldunización general, pero ofrece a sus socios reconocer el euskera como “lengua propia” de Navarra en el Amejoramiento, y extender aún más la exigencia del euskera para acceder a un empleo público. Es curioso que Chivite proponga esto asegurando al mismo tiempo que no debe suponer desigualdad de oportunidades para los castellanoparlantes.

Antes de controlar la sociedad, el nacionalismo intenta controlar el relato y el lenguaje. Decíamos por ejemplo que la zona vascófona en realidad no es tal y que debería llamarse en todo caso zona bilingüe. Es un etiquetado que pretende una deliberada confusión como cuando se habla del euskera como de lengua propia de Navarra, porque sí pero no. Al hablar de una zona vascófona podria pensarse que todos los navarros que hablan en ella sólo hablan euskera. El etiquetado de zona bilingüe tampoco resulta del todo satisfactorio, porque podría inducir a pensar que el 100% de la población de la zona habla en español y en euskera. Por el contrario, la llamemos como la llamemos debría relfejar que se trata de una zona en la que el 100% habla español y alrededor del 50% euskera. La zona supuestamente vascófona, además, hay que tener en cuenta que sólo representa al 9% de la población de Navarra.

El etiquetado del euskera como “lengua propia” también resulta controvertido. Podría llevar a entender que el español, por contraste, es una lengua ajena, cuando es la lengua primera y propia del 90% de la población y del 99% en la zona no vascófona.

Podría pensarse que el euskera es una lengua exclusiva de Navarra, pero tampoco. El euskera se habla en Navarra pero también en la CAV y en el País Vasco francés. Todos estos etiquetados por tanto resultan confusos y más basados en la ideología que en una adecuada descripción de la realidad.

En medio de todo este debate sobre el euskera resulta llamativo encontrar nada menos que en el Diario de Noticias a un lingüista como Javier Velaza, uno de los principales estudiosos de la famosa Mano de Irulegui, declarando que los argumentos que hermanan al euskera y el íbero tienen más peso tras los hallazgos en Irulegi: “en este momento, y contra lo que pensé hace 35 años, no tengo ningún argumento definitivo, pero cada vez creo que hay más argumentos a favor de una relación genética entre el ibérico y las lenguas de la familia del vasco”. Al final los euskaldunes pueden ser los hispanos más auténticos de todos, el euskera el último reducto de resistencia del íbero original que se hablaba en casi toda la península, y el íbero se puede convertir en la lengua propia no de Navarra, pero sí de la administración foral. El nacionalismo vasco podría vivir por tanto sin saberlo en una paradoja espectacular.

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