¿Podrá superar China la apuesta por ella de Sánchez e Iglesias?




Poco hablamos de China. Muchas veces no somos conscientes de hasta qué punto el tablero estratégico y decisiones aparentemente atrabiliarias de Trump dependen del juego de equilibrios en ese tablero. Equivocadamente solemos pensar también en China, si acaso pensamos en ella, como en un sujeto pasivo en ese tablero, ocupado como mucho en si asusta poco o bastante a Taiwan. Por el contrario, China hace mucho que ha dejado de ceñir sus intereses a las fronteras interiores y ejerce su influencia puede que de modo más sutil que los EEUU, pero seguramente de forma mucho más implacable. Entre las ventajas de China frente al resto de operadores occidentales se cuenta la de que estemos tratando con un estado totalitario. Es decir, una dictadura comunista que por un lado no se encuentra sujeta al respeto a ningún derecho fundamental, y que por tanto juega sin esos límites. Es también por el mismo motivo un régimen que puede planificar a años muchos vista, sin tener que vivir pendiente de la elección local o nacional de dentro de dos años o dentro de dos meses. El descontento popular que pueda provocar tal o cual medida tampoco es por tanto un elemento relevante en la toma de decisiones del mandarinato comunista chino. Pero todo esto al mismo tiempo es una debilidad.

Naturalmenhte, en China la división entre empresas y estado es líquida y se encuentra sometida al interés del partido comunista y su líder supremo. Es decir, si contratas tus comunicaciones y tu seguridad con Huawei, comisión a Zapatero mediante, estás contratando tus comunicaciones y tu seguridad con el partido comunista chino. Aparte de todo lo anterior, en este momento incluso un país relativamente modesto como España merece la atención expansionista de China en el tablero de juego internacional. No ya por las peculiares relaciones del gobierno chino con el gobierno de Sánchez, con Zapatero o con Podemos, sino por el empeño silencioso en hacerse con el control de los medios televisivos españoles a través de sus fondos de inversión. Pedro Sánchez no está tanto enfrentándose a Trump como echándose en manos de Xi jinping y el grupo de los BRICS. Es posible por otro lado que no tengamos término medio entre despreciar las discretas maniobras de China para desarrollar su política imperialista exterior y la idealización excesiva de su potencial.

Irónicamente, una de las principales razones del declive chino ha sido su política de hijo único. El comunismo planifica hasta los hijos que debe tener la gente y dentro de los hijos incluso el género que más conviene (el masculino, por supuesto), pero la pretensión de planificarlo y controlarlo todo se encuentra en el centro mismo del fracaso del comunismo. La fuerza de China durante mucho tiempo ha sido el tamaño de su mercado, pero la India ya ha superado a China en cuanto a número de habitantes. El problema no obstante es que la natalidad china condena al país a una rápida caída de su contingente poblacional, un contingente que por otro lado no crece a causa de la inmigración. Las previsiones en este sentido, que sin duda sorprenderán a muchos lectores, son que la decreciente población china puede igualarse para el final del siglo con la creciente población estadounidense, en torno a los 500 millones.

Uno de los posibles signos de la decadencia china es que Pablo Iglesias haya pasado de tener como referencia a Chávez y Maduro a ser ahora devoto de Xi Jinping. Sabes que eres un caballo perdedor cuando tienes a Iglesias a tu lado. Xi Jinping ha mandado ahora a Iglesias a hacer apostolado por toda Hispanoamérica, mientras a través del Canal Red y Telefónica reincide en la penetración china en España.

No obstante todo lo anterior, resulta significativo echar un vistazo a la bolsa china, cosa que naturalmente no hace la mayoría de los españoles ocupados en las andanzas de Begoña Gómez o de Leire Díez. Echar un vistazo al Hang Seng o al Indice Compuesto de Sanghai, los índices bursátiles chinos de referencia, ofrece sin embargo conclusiones curiosas. Como puede observarse, la bolsa china se encuentra actualmente por debajo de los máximos del año 2007. Es decir, que la bolsa china lleva 20 años de estancamiento. ¿Se corresponde eso con la imagen todopoderosa y de crecimiento imparable que tenemos de China?

El diagnóstico de la bolsa, por otro lado, es más predictivo que descriptivo. O sea, lo que la bolsa china sugiere no es tanto que los últimos años le hayan ido mal a su economía sino que el modelo explosivo de crecimiento ya se ha agotado. En este sentido China se enfrenta a un doble dilema. Por un lado, la superpotencia oriental deberá pensar cómo pasa de un sistema basado en la competición por el precio y la replicación a uno de creación de valor añadido. Por otro lado, el crecimiento chino se puede encontrar en un momento dado con que el elemento que frena su desarrollo es el modelo económico comunista y estatalista. ¿Qué puede pasar entonces? ¿Tiene China la capacidad de evolucionar hacia otro modelo político? ¿Puede hacerlo pacíficamente? Desde Tiananmén y en virtud de su crecimiento China ha evitado grandes convulsiones internas pero, ¿qué pasaría con la población china en el momento en que flaqueara el crecimiento económico? Damos por hecho que China será la futura dominadora del mundo, pero por un lado eso es algo que también depende de nuestros propios actos y por otro China vive bajo un modelo que sólo funciona en la medida en que es más heterodoxo respecto al comunismo canónico, que al final tendrá que transicionar hacia otra cosa, y que hasta ahora ha crecido empujado por la enorme inversión y demanda externa. ¿Tiene China la estructura que le podría permitir pasar de vagón a locomotora?

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