Las dos estrategias de la izquierda: el muro exterior y el trasvase interno

¿Cómo puede ganar Sánchez las elecciones al margen lo que pueda hacer con el censo? ¿Qué le responde el ejército de asesores que tiene en Moncloa a la pregunta de “cómo puedo ganar como sea”? Ganar por supuesto no significa que el PSOE tenga mayoría absoluta o siquiera que Sánchez sea el más votado, como pronostica el CIS, sino sumar del modo que se pueda y con quien se pueda para revalidar una mayoría sanchista, aunque sea por un diputado.

Al margen de posibles pucherazos censales, lo que nos conduciría a otro escenario, en realidad vemos cómo se intenta revalidar la misma estrategia de las elecciones generales de 2023. El muro sanchista es la herramienta principal de esa estrategia. Qué viene la derecha hitleriana es el único instrumento movilizador del electorado de izquierdas a estas alturas. No es racional, pero funciona. Naturalmente cuanto mayores son los problemas de España, empezando por la corrupción, más hay que elevar la altura del muro para que no haya votantes que se fuguen al otro lado. El muro se sube insistiendo aún más en lo fascistas y comeniños que son los del otro lado del muro.

Este movimiento de separación radical del campo político y electoral en dos lados no es sin embargo suficiente y una vez más ya lo vimos en las generales de 2023. Evitar que la gente pase al otro lado y construir un muro de odio lo bastante alto para impedirlo es sólo una parte del problema de Pedro Sánchez. La otra parte es evitar que su electorado se abstenga. De nada sirve evitar que la gente vote a la derecha si tampoco sale a votar a la izquierda, ¿pero cómo evitarlo si gran parte del electorado izquierdista se siente asqueado por los casos de corrupción y todo lo que sufre y contempla con este gobierno?

Es por esto que la estrategia complementaria al muro es facilitar el trasvase interno de votos. La aparición de Sumar y Yolanda Díaz, a fin de cuentas, no fue más que una forma de garantizar ese trasvase y evitar esa pérdida de votos en 2023. Había que ofrecer al electorado decepcionado con PSOE y Podemos una alternativa a la abstención, un nuevo partido aceptable, una marca blanca no contaminada a la que pudiera votar. Y funcionó. No maravillosamente bien pero lo bastante para revalidar la mayoría sanchista.

A lo que asistimos con el intento de impulsar una candidatura liderada por Rufián es a un movimiento en esa misma dirección, ahora que Yolanda Díaz y Sumar meros restos carbonizados de los fuegos artificiales de Sánchez. La candidatura de Rufián trataría de que no perder diputados por culpa de la fragmentación de la izquierda en las circunscripciones pequeñas, pero también de ofrecer una alternativa aceptable y novedosa al votante de izquierdas asqueado por la corrupción y seducido por la abstención. Por eso Rufián rectificó al día siguiente de salir con el resto en tromba en defensa de Zapatero. Irónicamente, quizá fue el propio Sánchez quien para conseguir sus fines le pidió a Rufián que no lo defendiera tanto. El problema es que Rufián tampoco es que sea un personaje muy novedoso. Repetir el mismo truco dos veces y convertirlo en otra Yolanda Díaz es complicado sin que la gente lo note. Lo que sucede es que si no se consigue un trasvase de votos dentro del mismo lado del muro, sino que los votos se marchan a la abstención o al otro lado del muro, las posibilidades de una victoria sanchista desaparecen. ¿Hay de hecho alguna estrategia aparte de la manipulación del censo y la sustitución del sujeto electoral que pueda evitar la volatilización de la mayoría sanchista? El exceso de confianza y una desmovilización del electorado de derechas parece poco viable. Por otro lado, la misma polarización que necesita la izquierda para elevar la altura del muro sirve simultaneamente de movilizadora de la derecha.

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