Y ahora el hantavirus

Después del coronavirus llega el hantavirus. Creíamos que ya habíamos pasado página de este tipo de terrores pero parece que no. Lo cierto es que de momento no sabemos demasiado respecto al hantavirus pero sabemos lo que pudimos concluir de la pandemia del COVID: hay que desconfiar sistemáticamente de la “información oficial”. De todos modos hay algunas reflexiones que parecen de sentido común. Para empezar es improbable que caiga un meteorito dos veces en poco tiempo. Este tipo de eventos catastróficos suceden cada cientos de miles de años o no estaríamos donde estamos. El planeta tendría que reiniciarse cada poco tiempo y serían imposibles las formas de vida superiores, o la propia vida, si cayeran grandes meteoritos sobre la Tierra constantemente. Por tanto es improbable que caigan dos en la misma década, y tampoco son probables dos macropandemias tan seguidas por más o menos la misma razón.

Lo que sí sabemos es que si hay otra pandemia y para defendernos de ella dependemos de Sánchez, de Illa y de Fernando Simón estamos perdidos. Literalmente no hubo un gobierno más incompetente que el de Sánchez afrontando la primera oleada del COVID, al punto que fuimos el país desarrollado de cierto tamaño con más muertos por habitantes del mundo. El empeño en negar la amenaza y celebrar a toda costa el 8M sin tomar ninguna medida de contención, siempre la agenda política por encima de la realidad, tuvo sin duda mucho que ver en aquella cuestión.

Por supuesto nadie en el gobierno asumió ninguna responsabilidad política por aquel desastre. Tenemos un gobierno que no asume la responsabilidad política de nada, ya sean imputaciones delictivas en el entorno, apagones, inundaciones, pandemias o descarrilamientos. No asumir las responsabilidades políticas de nada genera la ficción de que el gobierno no es culpable de nada. Adicionalmente lo que hace el gobierno es promover campañas para criminalizar a la oposición por todos los males de los que no se hace responsable él mismo, como evidenció la campaña 7.291. En España, sin emabrgo, hubo más de 125.000 muertos y Madrid ni siquiera fue la comunidad con más muertos por habitantes, de hecho tuvo una cifra promedio, pero de esos más de cien mil muertos a la izquierda sólo le importan 7.291. Todos los demás están cancelados.

Una diferencia sustancial respecto al COVID es que, en aquel caso, un mes antes de que la pandemia llegara a Occidente las bolsas mundiales ya se estaban desplomando. Los políticos mentían o al menos se equivocaban, pero los mercados anticipaban la gravedad. En este caso, sin embargo, las noticias del hantavirus conviven con máximos bursátiles en todo el mundo incluso con el lastre añadido de la guerra de Irán. Al menos desde el punto de vista de los mercados no se anticipa por tanto una situación similar a la de 2020 y nos podemos fiar mucho más de los mercados que del gobierno y de Fernando Simón, el mortífero, calamitoso y mentiroso portavoz gubernamental.

Pase lo que pase con el hantavirus, además de que no podemos fiarnos de la información gubernamental, otra cosa que aprendimos con el COVID es que el gobierno aprovechó la pandemia para imponer una forma despótica de gobernar, apisonando los derechos fundamentales y declarando un estado de alarma ilegal. Aquel ensayo totalitario no tuvo nada que ver con la pandemia, el gobierno sencillamente aprovechó la pandemia para imponer todo tipo de recortes a la libertad sin ningún tipo de respaldo médico, sólo por comprobar lo cómodo que resulta ejercer el poder sin parlamento, sin respetar los derechos fundamentales de los ciudadanos, declarando un estado policial y comprando las portadas de todos los grandes medios.

Somos humanos, somos mortales y vivimos en un universo imperfecto en el que además de asesinatos, violaciones, corrupción y pucherazos a veces hay enfermedades y terremotos. No podemos por tanto dejar de vivir alerta porque a veces ocurren cosas malas, pero tampoco podemos vivir aterrados. Primero porque a veces, de hecho es lo normal, no hay pandemias ni caen meteoritos, y segundo porque si vivimos en un mundo imperfecto precisamente por eso tenemos que acostumbrarnos a seguir adelante y vivir con la imperfección. A lo que ni tenemos que resignarnos ni debemos hacerlo es a que nos vuelvan a colocar al comité fantasma de expertos o a Fernando Simón. De la gestión del barco infectado, para los propios afectados, lo mejor sería que se ocupara cualquier otro gobierno antes que el español, porque cualquier otro gobierno tiene un historial de gestión con las enfermedades infecciosas mejor que el del gobierno español, en el que además seguimos teniendo a los mismos inútiles y mentirosos que entonces aún.

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