Las mujeres no mienten jamás

El feminismo no persigue la igualdad. Si alguna vez fue así, y probablemente lo fue, al menos para la mayoría de mujeres, ya no lo es. La última vuelta de tuerca la acaba de dar Cristina Fallarás, la feminista que dio la puntilla a Errejón, o que fue utilizada para dar la puntilla a Errejón, que puede que sea más exactamente lo que pasó. Obviamente lo relevante no es que Fallarás diga tal o cual cosa, sino que Fallarás refleja el discurso de la mente colmena. No es lo que dice Fallarás, Fallarás no hace sino repetir una consigna del sistema. La última consigna es que las mujeres no mienten jamás.

Podría parecer radical plantear el dilema entre ser hombre o ser de izquierdas, pero lo cierto es que la encrucijada está ahí. No la planteamos nosotros, la plantea Fallarás. No la plantea Fallarás, la plantea el sistema que sustenta a Fallarás. ¿Qué clase de hombre acataría sin rechistar el discurso que plantea Fallarás? Es decir, lo que plantea Fallarás no es igualdad, sino una especie de supremacismo vaginal. Los hombres mienten, las mujeres no. Los hombres pueden decir la verdad o mentir. Las mujeres sólo dicen la verdad. Para saber si un hombre dice la verdad o miente, sólo hay que ver si coincide con lo que dicen las mujeres. Si no coincide, está mintiendo. Que haya una señora diciendo este tipo de cosas puede resultar más o menos esperpéntico, pero que haya hombres que asuman este discurso y apoyen la maquinaria ideológica que genera este discurso es patético.

El Corán, por lo que se refiere al valor de la palabra de una mujer, lo establece en la mitad que el valor de la palabra de un hombre. El testimonio de un hombre equivale en El Corán al de dos mujeres. Si no hay dos testigos masculinos, se puede aportar como testigo a un hombre y dos mujeres: “Llamad, para que sirvan de testigos, a dos de vuestros hombres; si no los hay, elegid a un hombre y a dos mujeres de entre quienes os plazcan como testigos, de tal modo que si una yerra, la otra subsane su error”. (Sura 2-282) Por consiguiente, lo que propone Fallarás es una especie de Corán woke, en el que la palabra de un hombre valga menos que la de la mujer. No es entonces exagerado hablar de un supremacismo de género. Esto no es igualdad. A esto no se le puede llamar feminismo sino hembrismo. No tiene sentido que ningún hombre acepte un estatus de inferioridad respecto a la mujer como el que pregona Fallarás, salvo que acaso ese hombre efectivamente merezca ese estatus. En todo caso es cuestión de tiempo que ese hombre, como cualquiera, acabe siendo víctima de ese estatus de inferioridad si se consigue imponer.

Nadie a estas alturas considera inferior a la mujer. Si todavía queda alguien así, es estadísticamente irrelevante, por lo menos en Occidente. A lo que parece que por el contrario nos enfrentamos es a un movimiento que pretende establecer la inferioridad del hombre, la existencia de un género criminal y un género virtuoso, un género sincero y un género mentiroso, un género cuya palabra valga en juicio y otro que no. ¿Se puede ser hombre y aceptar esto? Seguramente se puede ser hombre y aceptarlo, ¿pero qué clase de hombre? Es más, ¿se puede ser mujer y aceptar esto? Una mujer que acepte la inferioridad del hombre sería tan lamentable como un hombre que aceptara la inferioridad de la mujer y de sus hijas respecto a sus hijos.

¿Y qué pasa cuando una mujer dice que los burros vuelan o cuando una mujer dice blanco y otra negro? Si todas las mujeres dicen siempre la verdad, ¿por que no todas dicen siempre lo mismo? ¿Por qué hay diferentes versiones entre mujeres? ¿Por qué hay mujeres que reconocen la existencia de denuncias falsas y mujeres que no? Si Fallarás dice que las mujeres no mienten jamás, y una mujer cualquiera dice que las mujeres a veces mienten, ¿a cuál de las dos hay que creer? Según Fallarás de entrada habría que creer a esta mujer que dice que las mujeres mienten, porque las mujeres no mienten, pero por otro lado la premisa de la mujer que no puede mentir es precisamente que las mujeres también mienten. ¿Qué hacemos entonces?

Todo este asunto nos remite al problema de las denuncias por agresión sexual o maltrato y al debate de si existen o no existen falsas denuncias. El debate es absurdo. No tiene sentido un falso dilema entre que todas las denuncias son ciertas o todas las denuncias son falsas. Evidentemente ni todas las denuncias son ciertas ni todas son falsas. Así que hay que examinar cada denuncia caso por caso. No puede haber presunción de inocencia para un género y presunción de culpabilidad para el otro. Lo que propone Fallarás, o sea el feminismo que representa Fallarás, es una especie de talibanismo inverso. Esto en que se ha convertido el feminismo debería suscitar el rechazo del 100% de la población. De entrada el rechazo del 100% de los hombres, y después el rechazo del 100% de las mujeres que crean en la igualdad.

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Un comentario

  1. Corre por ahí la falacia de que sólo el 0’01% de las denuncias de violencia son falsas. Una falacia es una afirmación que esconde una mentira. La mentira aquí es que si sólo son falsas el 0’01%, el 99’99% son ciertas. Es una mentira diseñada para engañar, al que la dice y al que la escucha. Todo ello es muy socialista.

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