Joseba Santamaria, tras la publicación de un contrato hallado por la UCO en el que su hijo menor de edad aparecía como propietario del 4% de las acciones de Servinabar, fue fulminado de la dirección del Diario de Noticias, pero todavía sigue pontificando en este medio desde una pequeña columna. En este caso ha sido para sentar cátedra respecto al Monumento a los Caídos, de cuya demolición por supuesto siempre dice que ha sido partidario. A lo mejor es que la construcción de cualquier otra cosa en su lugar podría haber recaído casualmente en Servinabar, por pensar un poco mal al respecto.
OPINIÓN | La cartilla de buenísimos, por @jrekarte: "Más de 3.300 navarros y navarras fusilados sin juicio y sin que hubiera un frente de guerra. Muchos de ellos todavía permanecen desaparecidos en cunetas, montes, cementerios y descampados"https://t.co/HGDdSTLxw9
— Diario de Noticias (@NoticiasNavarra) March 25, 2026
En su artículo, Santamaría se refiere al fin de la Segunda República como “un tiempo convulso que terminó de forma brutal en 1936 con el golpe militar apoyado por la banca, la Iglesia, los sectores políticos conservadores, falangistas y carlistas y de la mano de la Alemania nazi de Hitler y de la Italia fascista de Mussolini. Un compendio del que no podía acabar saliendo nada bueno y que derivó en una cruel matanza humana y en una dictadura de 40 años, o quizá de forma encubierta aún más. No me voy a cansar de recordarlo y escribirlo: más de 3.300 navarros y navarras fusilados sin juicio y sin que hubiera un frente de guerra. Muchos de ellos todavía permanecen desaparecidos en cunetas, montes, cementerios y descampados”.
Estaría bien que alguna vez Santamaría, como muchos otros de su lado del muro (es ese muro y no los Caídos lo que habría que demoler), hablaran también de los horrores republicanos. En ese lado del muro se oculta sistemáticamente que ya hubo un golpe de estado en 1934, cuando las izquierdas no aceptaron el resultado democrático de las urnas en 1933. También se ocultan las sospechas cada vez más evidentes sobre el resultado de las urnas en 1936. Nada se habla de que la izquierda, aunque ahora habla de ella todo el tiempo en los términos más elogiosos, en realidad tras 1933 renegaba de la Segunda República, del parlamentarismo y de la democracia, acusándola de ser una inaceptable república burguesa que debía ser sustituida por una dictadura a la rusa. No lo decimos nosotros, lo decía Largo Caballero y ahí tiene Santamaría la hemeroteca. En esa misma hemeroteca puede encontrar cómo el líder del PSOE proponía arriar la bandera republicana tricolor para izar en su lugar la bandera roja de la revolución.

Efectivamente el 18 de julio de 1936 hubo un golpe de estado, pero cuatro días antes la izquierda procedió a intentar asesinar a los líderes de la oposición. Gil Robles se salvó porque no lo encontraron en su casa, pero a Calvo Sotelo sí que lo ejecutaron, casualmente los guardaespaldas del líder socialista, Indalecio Prieto. Unos días antes de ser asesinado, el diputado socialista Angel Galarza le había dicho a Calvo Sotelo en las cortes: “Pensando en Su Señoría encuentro justificado todo, incluso el atentado que le prive la vida”. Este Galarza, al estallar la guerra, fue nombrado nada menos que ministro de Gobernación. ¿Apoyó la Iglesia al bando sublevado? Pues claro que sí, ¿o acaso iba a apoyar al bando que quemaba las Iglesias y que masacraba sistemáticamente en su zona a todos los curas y monjas? Que lea Santamaría siquiera al peneuvista Manuel de Irujo, que en un memorandum enviado al gobierno republicano denunciaba cómo “sacerdotes y religiosos han sido detenidos, sometidos a prisión y fusilados sin formación de causa por miles”. Esa era la realidad, la cartilla de buenísimos del bando republicano.

Joseba Santamaría, repartidor de carnés de demócrata, de periodista y de bueno, habla de los 3.000 represaliados en la retaguardia navarra por el bando de los alzados, pero olvida los alrededor de 50.000 represaliados en toda España por el bando republicano. La retaguardia del bando nacional no fue distinta de la retaguardia republicana. Si las cifras totales de represaliados por el bando nacional son algo superiores a las del bando republicano es simplemente porque los republicanos nunca llegaron a controlar más que el 50% del territorio el primer año de guerra, el 25% el segundo y el 15% el tercero. La represión nacional fue mayor sencillamente porque ganaron la guerra y controlaron por tanto el 100% del territorio. Si hubieran ganado los republicanos, los olvidados en las cunetas hubieran sido los nacionales. De todos modos también en estos tiempos aparecen de vez en cuando en alguna cuneta represaliados por el bando republicano. Nadie por lo demás se opone a buscar y enterrar con respeto a todos los muertos.

A lo mejor se puede demoler el Monumento a los Caídos, pero lo que no se puede demoler es la realidad histórica. La santidad del bando republicano es un mito. Al bando nacional lo apoyaron Hitler y Mussolini, pero al bando republicano era Stalin quien lo apoyaba. Por lo demás el Monumento a los Caídos no es una construcción para exaltar el franquismo. De hecho Franco no era particularmente popular entre la mayoría de los alzados navarros. De lo que se trataba con el edificio, como su propio nombre indica, es de guardar homenaje y respeto a los muertos. Dejemos de una vez en paz a todos los muertos.