Noelia

Noelia Castillo es una joven española de 25 años, nacida y residente en Barcelona, cuyo caso se ha hecho muy conocido en España y en muchos otros países porque hoy, 26 de marzo de 2026, está programada su eutanasia.

La historia de Noelia es dramática en todos los sentidos. Según se ha publicado, procede de una familia desestructurada, con graves problemas de adicciones a los que se unieron, como consecuencia, severos problemas económicos. A los 13 años, el estado retiró la patria potestad a los padres y Noelia fue ingresada en un centro tutelado. A partir de ahí la niña fue dando tumbos de un centro a otro, aquejada además de adicciones y problemas mentales, hasta que en 2022, con 21 años, fue violada en manada por un grupo de cuatro menas. Inmediatamente después de este suceso intentó suicidarse lanzándose de un quinto piso, sólo que en vez de matarse quedo aquejada de una grave discapacidad. Aunque con dolores y dificultades es capaz de valerse por sí misma en bastante medida. No obstante, Noelia ha solicitado que se ejecute sobre ella la eutanasia contra el criterio de todos sus familiares, incluyendo sus padres, que ahora luchan para convencerla de que no renuncie a la vida. Tras un periplo judicial que ha pasado incluso por el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, hoy está prevista la aplicación de la eutanasia a Noelia, lo que ha vuelto a reabrir el debate sobre esta medida que acaba con las personas en vez de con los problemas de las personas.

A favor de Noelia hay que decir que a ella le ha fallado todo lo que tenía alrededor antes de llegar a la tesitura en la que se encuentra. Le ha fallado primero su familia, después el estado y después seguramente la sociedad en su conjunto. La familia es lo más importante del mundo. Por ser tan importante, es determinante para bien o para mal. Lo que no sucede es que la familia no sea determinante. Si falla la familia todo empieza a torcerse. Las personas que reniegan de la familia suelen partir de la mala experiencia con su propia familia, pero el caso de Noelia evidencia que carecer de una familia tradicional, amorosa y estructurada, se encuentra lejos de ser una ventaja maravillosa. Por otro lado, cuando después aparecen el estado y el gobierno, en este caso el de la Generalidad, la cosa no marcha mucho mejor para arreglar el problema. Obviamente el estado no puede ofrecer el amor y el calor de una familia, pero al menos podría esperarse que garantizara una cierta seguridad. En el caso de Noelia la chica fue víctima de una espantosa violación en grupo por parte de cuatro menas, dato que en muchos medios estos días se intenta esquivar.

Como se ha mencionado, la violación condujo a un inmediato intento de suicidio y el intento de suicidio a una discapacidad importante, aunque no totalmente inhabilitante como han puesto de manifiesto algunos vídeos aportados por el padre, el cual la anima a seguir viviendo. Esta capacidad para seguir valiéndose por sí misma mucho más que un Pablo Echenique, por poner un ejemplo, también ha sido ocultada por muchos medios que se han limitado a decir que Noelia quedó parapléjica. Se le ha llegado incluso a reprochar al padre que difundiera los vídeos en los que se aprecia que Noelia conserva una cierta autonomía y movilidad, aunque estos vídeos evidentemente aportan información valiosa en un caso en que la pena es el principal argumento a favor de la eutanasia. Parece que a algunos partidarios de la eutanasia les estorba cualquier información que no ayude a aumentar los niveles de pena ni tampoco los de esperanza.

Llegamos así una vez más a algunos de los problemas centrales relacionados con la eutanasia. No hay situaciones objetivas que justifiquen la eutanasia. Es decir, hay personas que en la misma situación objetiva, o peor, quieren vivir y viven además felices. Por tanto en la eutanasia existe un absoluto grado de subjetividad. Pero si la eutanasia y la percepción de la indignidad de la propia vida es una valoración subjetiva, entonces nos encontramos con que en realidad cualquiera puede llegar a ese nivel de desesperación sea cual sea su salud o su tipo de vida. Por alguna razón, sin embargo, siempre para vendernos la eutanasia se nos presenta a personas postradas y enfermas. De hecho molesta que aparezcan evidencias de que pueden no estar tan postradas.

Evidentemente a Noelia se le acumulan los problemas y se le acumulan además no cuando ya a lo mejor es una persona adulta y forjada, sino precisamente mientras madura y se forja. Noelia está tomando una decisión irreversible partiendo de una visión de la vida parcial en la que sólo conoce y hay sufrimiento. Los dramas han llovido sobre Noelia antes siquiera de tener la oportunidad de endurecerse contra el reverso tenebroso que también puede tener la vida, o de poder vivir otra cara de la vida. Pero esto nos lleva una vez más a la subjetividad del problema. En su misma situación, otras personas elegirían la vida. No se trata por tanto de la propia situación, sino de la forma de gestionarla. Si el problema fuera objetivo a lo mejor no tendría solución, pero si es subjetivo y de enfoque entonces a lo mejor sí es posible cambiarlo. La tragedia como sociedad es que cuando tenemos a dos personas violadas, o dos personas en silla de ruedas, ambas en la misma situación objetiva, pero una de las cuales quiere vivir y otra morir, el camino que estamos marcando como modelo es el de la persona que quiere morir. Se nos vende la eutanasia como remedio humanitario ante una situación de indignidad vital objetiva cuando la existencia de otra persona en igual situación que quiere vivir evidencia lo contrario y que la situación es subjetiva. Es más, cuando arbitrariamente se califica de indigna la vida de una persona en silla de ruedas o violada, para justificar su eutanasia, se está señalando como indigna la vida de todas las demás personas en silla de ruedas o violadas. Miramos como modelo al que sucumbe a su situación en vez de al que la supera. Vivimos en la cultura de la muerte porque efectivamente hemos creado un sesgo a favor de la autodestrucción. Llamando digna la muerte del que elije la eutanasia, llamamos indigna la vida del que la rechaza. Hemos generado un plano inclinado a favor de la eutanasia y todo lo que cabía temer respecto a la normalización de la eutanasia se está produciendo.

En una sociedad archifeminista y supuestamente hiperprogresista y ultrahumanista, en la que por ejemplo sería implanteable la pena de muerte de los menas violadores porque su vida es sagrada, y efectivamente lo es, en cambio la muerte de las víctimas de una violación nos parece cabal y comprensible. No dudamos de que la vida de un violador o un terrorista siga siendo digna, pero en cambio validamos que se elimine por indigna la vida de la violada.

¿Qué clase de personas son al final las abonadas a la eutanasia? Las más débiles, las ancianas, las enfermas, las que se autoperciben como una carga cuando la sociedad previamente las señala como una carga, las que ven cómo se llama morir dignamente a matar a las que se encuentran al lado en su misma situación, las personas desesperadas, las desconsoladas, las afligidas, las que carecen de recursos… ¿No son todas estas personas a las que precisamente sería lo progresista proteger? ¿En qué momento lo progresista, en vez de ofrecerles ayuda o reafirmar la dignidad de su vida, se ha convertido en ofrecerles una inyección letal? Ofrecerles una inyección letal es además, casualmente, lo más barato. El progresismo y el utilitarismo más despiadado se casan en esta cuestión. Entretanto todo indica que hoy como sociedad vamos a asistir a un nuevo y penoso fracaso y que no le hemos sabido explicar a Noelia que, pese a toda su tribulación, no está objetivamente condenada para siempre a ser infeliz. Esta chica toma una decisión sin a lo mejor haber conocido nunca en su vida lo que es la felicidad, con una carencia por tanto decisiva de información. La cuestión es si ya siquiera queremos salvar a Noelia, o a la persona que sea, o si directamente normalizamos el protocolo de eliminación que divide a las personas entre las egoístas que son una carga imperfecta para la sociedad y las que por el contrario eligen la muerte digna. La carga mortal para esta sociedad no son sin embargo las personas más vulnerables, sino esta forma Nietzschiana y prenazi de pensar.

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Un comentario

  1. Desde hace ya muchos años, todos los centros de acogida de menores son gestionados por mujeres, que si licenciadas en psicología, asistencia social y demás m… pero a la hora de la verdad es más que probable que ellas hayan sido la clave para todas las noticias que nos llegan de prostitución de menores acogidos, o la violación por cuatro salvajes (que vinieron) de esta chica que muy bien se lo han callado por si acaso. Si hubiera sido en una comunidad gobernada por el PP habrían ardido las calles pero a la izquierda se lo perdonamos todo…son majetes.

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