La violencia del sindicalismo nacionalista vuelve a golpear Navarra y la CAV

Navarra y la CAV han vuelto a padecer una jornada de huelga general convocada por el sindicalismo nacionalista. La huelga está respondiendo exactamente a lo previsible en una huelga de este tipo, porque siempre repiten el mismo esquema. Los sindicatos nacionalistas van por libre, porque todas sus huelgas buscan la diferenciación y la construcción nacional. Eso sí, en todas sus huelgas nunca dejaremos de ver violencia y destrucción. No les importa exhibir esa violencia. No tienen que rendir cuentas por esa violencia. Nadie les pasa factura, ni penal ni social, por esa violencia. Y por supuesto no serían casi nada sin esa violencia.

Hablar del seguimiento de la huelga no tiene sentido precisamente en la medida en que todas las grebas orokorras hacen gala de un elevado nivel de violencia. Precisamente por eso, por otro lado, cabe dudar de la confianza de los convocantes en su propia capacidad de movilizar a los trabajadores sinceramente. El seguimiento sincero y real es sustituido, en el caso del sindicalismo nacionalista, por la capacidad para cortar carreteras y accesos o sembrar el terror y la destrucción por las calles. La jornada deja sobrados ejemplos de todo ello.

La huelga es un derecho pero para los sindicatos en general, y para los sindicatos nacionalistas en particular, no es también un derecho el no hacerla. Los sindicatos nacionalistas reivindican un salario mínimo de 1.500 euros mensuales, pero reivindican sobre todo un salario propio para Euskal Herria. En realidad, seguramente preferirían un salario mínimo de 1.000 euros, pero euskadiano, que un salario mínimo de 1.500 euros pero nacional. Por otro lado, si el salario mínimo es una cosa que se puede determinar por decreto desde un despacho del gobierno, ¿por qué 1.500 y no 7.500? Ratas además de violentos. ¿Por qué no se dedican a poner en marcha empresas que paguen salarios de 5.000 euros en vez de dedicarse a reventar las empresas del prójimo? Si es tan fácil poner en marcha una empresa, tener beneficios y pagar abultados salarios, ¿por qué no las ponen en marcha ellos mismos para enseñar cómo se hace y mostrar el camino?

El sindicalismo de la izquierda abertzale siempre ha sido por otro lado intocable. Es decir, la ETA era una cabeza con multitud de cuerpos que infiltraba toda la sociedad vasca y Navarra, desde la cultura y los medios hasta las instituciones y los partidos. En un momento dado, con la ilegalización de Herri Batasuna, se empezó a intentar desmantelar desde la Justicia todo ese entramado que permitía a los violentos estar a la vez en las instituciones y atentando contra sus rivales. ¿Para qué elegir entre bombas o votos cuando hasta la ilegalización se les permitía hacer las dos cosas? Por alguna extraña razón, nunca hubo valor para desarticular la rama sindical de la izquierda abertzale. Todas las demás ramas tuvieron que afrontar la depuración judicial menos la rama sindical. Por lo demás, ya vemos incluso ahora la afición a la violencia del sindicalismo abertzale. Una vez más nos encontramos con ese espacio oscuro entre que ETA no mate pero haya normalidad. ¿Qué normalidad para poder trabajar el que quiere hay hoy en la CAV y Navarra? Sí, desde luego también hay muchos comercios, oficinas o empresas que han podido realizar su labor con normalidad, y de hecho el seguimiento de la huelga es escaso, pero sólo porque la violencia del sindicalismo abertzale no tiene el poder suficiente para llegar hasta la última oficina o el último establecimiento de Navarra o la CAV.

Las escenas de violencia a las que estamos asistiendo evidencian una vez más la no renuncia absoluta del mundo nacionalista a la violencia política. Es intolerable y fascista que Vito Quiles se acerque con un micrófono a Sarah Santaolalla, pero que las hordas de los sindicatos nacionalistas vandalicen a su paso los comercios y establecimientos hay que aceptarlo con resignación o con simpatía. ¿Qué encontramos por otro lado debajo de los pasamontañas de los violentos de la greba orokorra? ¿Son diferentes caras de las que encontraríamos bajo los pasamontañas de los que se paseaban el año pasado por el campus de la UNAV y destrozaron media Pamplona? ¿Encontraríamos a los mismos atacando el «Sabor a España» o el Starbucks? ¿Son otras caras que las podríamos encontrar en los sabotajes promocionados por Ernai y GKS? ¿Serán los violentos de Indar Gorri un grupo totalmente ajeno? ¿O forman todos parte de un mismo ejército en la sombra del que tiran todas las ramas de la izquierda abertzale cuando hace falta? Y esta gente que practica el hodio y la violencia, ¿dónde la mama? ¿En qué colegios estudia? ¿A quién vota? ¿Qué medios sigue? ¿Cuáles son sus grupos de música favoritos? Si son lo que leen, ¿qué es lo que leen? ¿Quiénes son los oligarkas nacionalistas que promocionan el discurso del odio? A lo mejor no queremos saberlo, no sea que saberlo nos obligara a hacer algo al respecto. Y la Fiscalía, ¿de quién depende? ¿Y de quién depende la silla de Chivite o de Sánchez?

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