Criticar al César es delito de hodio

Llamarte odiador debería ser delito de odio. Etiquetar de odiador es odio. El gobierno alienta el odio al odiador, lo que resulta como poco bastante irónico. Cuando alguien es señalado como odiador recibe automáticamente una oleada de odio. Cuando alguien es etiquetado como odiador se disparan las posibilidades de que sufra una agresión, una exclusión o un boicot. Llamar odiador al odiado es una forma de legitimar el odio. Legitimar el odio al odiador es una forma de legitimar la censura y la represión. Si el gobierno se autoconcede la capacidad de determinar lo que es odio o no, en el fondo se autoconcede la capacidad para censurar, amordazar, cancelar y multar a quien le parezca. Sospechosamente, el gobierno y sus socios llaman odio a nada que esté a su lado del muro y a todo lo que está al otro lado del muro. Levantar un muro entre españoles, por cierto, también es odio.

El odio no sólo sirve para reprimir al que critica al gobierno, también sirve para evitar la fuga de votos. Es muy difícil que puedas dar la razón o no digamos votar a alguien al que odias. El muro sirve además y sobre todo para que no pase la información o no pasen los votos. Si esto lo publica alguien al que odias no te lo crees, te bunkerizas ante la información negativa. No escuchas al odiado. Odiar al que informa sobre la corrupción de tu lado del muro sirve para cerrar voluntariamente los ojos ante esa corrupción. En último término perdonas la corrupción del gobierno porque prefieres a tus corruptos que a los odiados del otro lado del muro. Odiar al otro es una forma de garantizar tu impunidad frente a los casos de corrupción o tu mala gestión.

Odiar al otro también es una forma de justificar tu autoritarismo, tu recorte de libertades, tu demolición del estado de derecho y tu progresiva conversión del estado en una dictadura. Sánchez no está activando una serie de medidas represoras como consecuencia del discurso del odio, Sánchez se ha inventado el discurso del odio, llamando odio a todas las críticas al gobierno, para activar medidas represoras contra la critica. En todo momento se trató de conseguir aprobar medidas represoras y el discurso del odio es tan sólo una excusa para justificarlas, bien es cierto que con la bendición de la inefable Unión Europea. Toda Europa está siendo recorrida por un recorte general de las libertades, aunque no tan acusado como en España, para evitar las críticas al politburó de Bruselas. El PSOE, lógicamente, se aprovecha cuanto puede para sus intereses particulares del manto de legitimidad que le proporciona la burocracia europea. Nadie difunde más bulos ni practica con más intensidad el discurso del odio que el gobierno de España y sus socios. Desde luego llamar fascista todo el rato a todo el que te lleva la contraria, y después decir que hay que reventar a los fascistas, también es delito de odio, es llamarte fascista para poder agredirte.

Todas estas medidas, una vez más, nos ponen ante la inquietante disyuntiva de si el gobierno de Sánchez es tonto o es que no está dispuesto a dejar nunca el poder. Es decir, si tú pones en marcha una serie de medidas que te permiten reprimir desde el gobierno a los medios críticos y las redes sociales, cuando haya un cambio de gobierno estás entregando al siguiente gobierno esas medidas para que pueda amordazarte a ti. Por tanto o eres tonto o es que no tienes intención alguna de dejar el poder. De hecho el tipo de medidas represoras que anuncia Sánchez con la voz aflautada que le caracteriza siempre que miente son las que podrían esperarse de un aspirante a tirano, acorralado además en su caso por las acusaciones de corrupción, que no piensa dejar nunca el poder. ¿Qué es odio?, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. ¿Qué es odio? ¿Y tú me lo preguntas? Odio… eres tú.

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