El «Puma de Olite» no se rinde, no elige libremente la eutanasia, es que no le dan la opción ni los recursos para vivir

Carlos Ardanaz Baigorri, navarro de 59 años, enfermo de ELA, conocido como el ‘Puma’ de Olite, ha hecho público que ha iniciado el procedimiento legal de ayuda médica para morir o, hablando en plata, que se le practique la eutanasia. “Yo no me he rendido. He llegado hasta donde me han dejado llegar”, afirma Carlos en un mensaje explicando lo decidido.

En octubre de 2024 el Congreso de los Diputados aprobaba una ley para ayudar al cuidado de los enfermos de ELA, una ley que celebraba y acogía con esperanza todo el colectivo de personas afectadas por esta terrible enfermedad. Sin embargo, esa ley carece desde entonces de dotación presupuestaria. Fue por tanto un brindis al sol, un gesto vacío, una cáscara hueca, un trico de propaganda política. La realidad es que los enfermos siguen careciendo de ayudas públicas y dependen casi pro completo del apoyo de las familias o de instituciones y fondos privados. Poco se nota más allá de los eslóganes que tenemos el gobierno más social y progresista del mundo, o que la solidaridad privada es prescindible o incluso indeseable porque el estado benefactor se ocupa de todo.

En octubre de 2025, un año después de la aprobación de la citada ley en el Congreso, el “Puma” y su esposa, María García, comparecieron en el Parlamento de Navarra dando un testimonio conmovedor a los diputados forales. En junio el Parlamento de Navarra había rechazado la toma en consideración de una proposición de Ley Foral de protección, atención integral y mejora de la calidad de vida de las personas con ELA. Todos los socios “de progreso” votaron en contra. Sólo apoyaron una ley ELA foral UPN, PP y VOX. En octubre los diputados de progreso quedaron muy conmovidos y se llenaron la boca de buenas palabras, pero en el mundo de los hechos no movieron un dedo.

Un enfermo de ELA necesita cuidados y atenciones 24/7/365. Los costes y necesidad de personal cualificado son muy elevados. Una familia no puede hacer frente normalmente a unos gastos tan elevados. Para eso se supone que tenemos un estado, pero en el mundo real cuando efectivamente hace falta no aparece el estado. Hay unos 4.500 enfermos de ELA en España y el coste de atenderlos para el estado rondaría los 500 millones de euros, menos del presupuesto del Ministerio de Igualdad o del dinero que el estado transfiere todos los años a RTVE para pagar a las estrellas mediáticas del gobierno. El gasto público anual consolidado en España es de varios centenares de miles de millones euros. No se atiende a los enfermos de ELA por falta de voluntad, porque no son una prioridad y porque no se ganan las elecciones con los votos de sólo 4.500 familias, no por falta de fondos.

María, la mujer Carlos, explica que “somos una familia media, sin recursos. Con cuidadores profesionales habríamos afrontado esto de otra manera”, añade que “Somos cristianos. Creemos en la vida. Y esto no es vida”. Podemos llamarlo eutanasia, pero en realidad es casi un crimen de estado. Esto a su vez nos lleva una vez más a la vidriosa realidad de la eutanasia y del tobogán que nuestra sociedad está construyendo hacia ella. Cuando desde el discurso dominante se nos vende la eutanasia nos ofrecen una película como Mar Adentro, no una que nos cuente la historia de “el Puma”.

Nos venden la eutanasia como una opción voluntaria, pero a la vez construyen un marco que no permita la alternativa. Ofrecer la eutanasia es barato, atender a los enfermos muy caro. Es curioso lo rápido que nos hemos tragado el anzuelo, empezando por la izquierda que tanto presume de defender a los débiles y necesitados. Lo cierto es que caminamos hacia una sociedad envejecida que va exigir pensiones, cuidados y gastos médicos y farmaceúticos elevadísimos. Por un lado se nos dice que la eutanasia es una derecho maravilloso y absolutamente voluntario, pero por otro, a la par que se la deja sin recursos, se empuja a la gente a pensar que su vida no es digna, que es una carga, que elegir vivir molesta a los demás, que sobra. Si de todos modos la gente se empeña en vivir, tampoco se le ofrecen recursos. El plano está muy inclinado para elegir la eutanasia aunque nos lo quieran dulcificar. A veces está tan inclinado que directamente no hay elección.

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