El gobierno de Pedro Sánchez ha decidido regularizar de golpe a 500.000 inmigrantes ilegales, pero puede ser sólo el principio, o el intermedio, de un proceso de mucho mayor calado. Es un número que se suma a los ilegales ya regularizados en los últimos años, y al que habría que sumar otros 340.000 que podrían ser regularizados antes de las próximas elecciones.
🔴 #URGENTE | Sánchez regularizará a más de medio millón de inmigrantes y lo hará por Real Decreto para sortear al Congreso https://t.co/ehGppYRXsc
— EL ESPAÑOL (@elespanolcom) January 26, 2026
¿Qué significa esta regularización masiva de extranjeros? Desde luego nos enfrentamos a un fenómeno demográfico de la mayor trascendencia. Podemos evitar hablar de la teoría del reemplazo, que tantas ampollas levanta entre los ámbitos biempensantes, pero no por no existir ese masivo reemplazo poblacional y cultural, que esta a la vista de todo el mundo, sino por llamarlo todavía “teoría”, no digamos “teoría conspirativa”. El gobierno acaba de dar otras 500.000 razones para creer en esa teoría, que ya no es teoría. Por otra parte no estamos ante una decisión que pone fin a una situación. Ni estas son las 500.000 primeras regularizaciones ni serán las últimas. Detrás de estos 500.000 vendrán otros 500.000, y después otros 500.000. Regularizar ilegales no es solución a nada si es un proceso sin fin.

Obviamente un reemplazo poblacional tan masivo y concentrado en el tiempo implica una dilución de la población autóctona. Pero no hablamos sólo de la población, sino de todo el cambio que conlleva un reemplazo de la población por otra población con otras culturas, creencias y valores. Cambiar a la población es también un cambio cultural, ideológico, religioso, racial… y por supuesto ideológico, que puede ser el fondo de la cuestión.

Si los electores no te quieren, cambia el electorado. Todos consideramos que cambiar los votos en unas elecciones es un pucherazo, ¿pero acaso es menos pucherazo cambiar a los electores? Es decir, existen no una sino dos formas de cambiar a tu favor un resultado electoral. Una forma es cambiar los votos, pero la otra es cambiar a los electores. El gobierno está reemplazando el censo electoral por otro censo electoral. Casualmente, todas las encuestas sugieren que la izquierda se ve favorecida por el voto de la inmigración. Cuando la izquierda regulariza masivamente inmigrantes por un lado, y se vuelca por otro en cubrirlos de ayudas y subvenciones con ingentes recursos que no tenemos, está cambiando el censo y comprando el voto de los nuevos censados. En una democracia es el electorado el que decide si mantiene o cambia al presidente, pero con Pedro Sánchez es el presidente el que decide si mantiene o cambia al electorado.
Entre el año 2013 y el 2024 se ha otorgado la nacionalidad española a 1.895.407 inmigrantes.
— Javi Cabello (@ciudadanoalt) January 26, 2026
Hablo de nacionalidad, no regularización. Es decir, pasaporte.
Record en el año 2024 con 252.476 personas.
Fuente: INE pic.twitter.com/ZdXGRCSSe8
A todo esto habría que añadir un par de datos para rematar el análisis de la decisión gubernamental. Los inmigrantes regularizados ya de entrada pueden participar en muchos casos, según su nacionalidad, en las elecciones municipales. Una vez regularizados pueden aspirar a conseguir la nacionalidad, que de forma casi inexorable y automática les será concedida si la solicitan con el paso del tiempo. Es más, el gobierno también podría cambiar las leyes para agilizar la concesión de la nacionalidad.

El otro dato relevante es que esta decisión la toma el gobierno, de forma escandalosa, por decreto, sin pasar por el Congreso. Es decir, la aprueba como si fuera una emergencia, sin pasar por el Congreso y sin tener los votos para respaldarla. Es más, precisamente lo hace así porque seguramente sabe que no tiene los votos para aprobarla. Es por tanto todo un ataque frontal a la democracia, en el fondo y en la forma. Con Sánchez en el poder la democracia se encuentra bajo amenaza cada minuto que pasa.
Un comentario
Claro que es un pucherazo, pero antes que nada es un ataque a la convivencia, porque se hace por conveniencia propia y no por la de los españoles, o mejor dicho, de España. Es justo y necesario controlar la entrada de emigrantes, igual que cada uno controla quién entra en su casa. Hay que poner filtros, como ya hacen otros países que están desbordados por la inmigración ilegal. Lo mínimo es exigir que no tengan antecedentes, que sean necesarios para el país (yo no encuentro trabajadores de albañilería, pintura, electricidad, fontanería, etc.), que se estudie y se priorice la demanda de empleos actuales, y que se dé preferencia a quienes ya comparten idioma y cultura (hispanoamericanos). Y para terminar, recordar que también fue un “pucherazo” la salida de 200.000 vascos de Euskadi por culpa de ETA, quienes probablemente habrían cambiado el panorama político actual.