El tenista 671 del ranking masculino gana con facilidad a la numero uno del mundo

El ridículo negacionismo de género, o la negación de que existen dos géneros, ha recibido un nuevo mazazo por parte de la realidad en las últimas horas. Un partido entra la tenista número uno del mundo, Aryna Sabalenka, y el jugador en el puesto 671 del ranking masculino, el estrafalario Nick Kyrgios, se ha saldado con una contundente victoria de Kyrgios en dos sets por 6-3 y 6-3. Los negacionistas de género se niegan a aceptar el resultado y califican de “circo” la organización del partido. Y efectivamente, fue un circo.

El problema es que efectivamente el partido fue un circo, pero uno en que las condiciones de partida ya eran desiguales a favor de la jugadora, siendo las medidas de su parte de la cancha inferiores a las del jugador masculino. Es decir, que era mucho más fácil meter la bola dentro de las líneas para la chica. Así y todo ganó claramente Kyrgios. No sólo eso, lo hizo sin despeinarse y sin esforzarse. La sensación es que dejaba ganar a la tenista algunos juegos para mantener una simulación de tensión. Quienes califican por tanto el partido como un circo parecen no darse cuenta de que en un partido igualado, en una pista con las mismas medidas y enfrentando a la número uno con el número uno, mucho menos aún se habría podido probar la igualdad física de géneros. Por el contrario, en un partido igualado el resultado a favor del tenista masculino hubiera sido mucho más abultado.

Naturalmente el resultado de este partido entre géneros ha recordado las recientes declaraciones de Garbiñe Muguruza, ex número uno del mundo, reconociendo las diferencias físicas entre hombres y mujeres y sus nulas posibilidades frente a un hombre incluso aunque se tratara de un junior. Este arranque de sinceridad le valió a la ex tenista una avalancha de criticas.

El reconocimiento de Muguruza no es sin embargo una declaración inusitada. También Serena Williams reconoció en su momento la evidencia de la realidad. De hecho, en 1998 se disputó un partido entre el alemán Karsten Braasch, 203 del ranking masculino, y las hermanas Venus y Serena Williams. El alemán ganó fácilmente por 6-1 el set contra Serena y por 6-2 el set contra Venus.

Pachangas en todo caso han sido los partidos en que se ha construido la ficción de podía existir una igualdad en el juego. De este modo, en septiembre de 1973 se organizó un partido en que la número uno del mundo, Billie Jean King , se enfrentó y ganó por 6-4, 6-3 y 6-3 al ex número uno Bobby Riggs. Sin embargo, esta partido era la revancha por un partido anterior en el que Riggs había ganado fácilmente por 6-2 y 6-1 a otra número uno, Margaret Court, en la que se denominó como “masacre del Día de la Madre”, por haber sido el primer partido de este tipo enfrentando géneros y coincidiendo con esa festividad. Eso sí, cabe reseñar que Bobby Riggs tenía 55 años y era fumador.

En 1992 todavía se celebró otra pachanga de género en Las Vegas enfrentado a Jimmy Connors y Martina Navratilova, ex números uno del mundo y ya con 40 y 35 años respectivamente. Las reglas sin embargo no fueron iguales para los dos. Connors sólo tenía un servicio y a Navratilova le valían las bolas que botaban en los pasillos. A pesar de estas desventajas Connors ganó por 7-5 y 6-2.

El discurso del igualitarismo físico de género, que llega a afirmar que el género es una ficción cultural y que es una cosa que se puede autodeterminar o cambiar a voluntad, incurre por lo demás en contradicciones como establecer baremos distintos para hombres y mujeres a la par que afirma la igualdad. De este modo, son comunes las pruebas y exigencias distintas, según el género, para entrar en los bomberos, las fuerzas armadas o los cuerpos de seguridad. Mientras por un lado se niegan las diferencias físicas de género, se exigen diferencias de género en las pruebas físicas para que puedan acceder las mujeres a ciertos puestos. Se reconoce por un lado, por la vía de los hechos, lo que se niega por el otro, o no habría prácticamente mujeres bombero, policía o soldado.

Otra derivada de la negación de las diferencias de género es la introducción de los trans en el deporte femenino, lo cual coloca en desventaja a las mujeres dentro del propio deporte femenino. Es decir, el negacionismo de género acaba provocando que sólo triunfen en los deportes los hombres, en las ligas masculinas, y los trans en las ligas femeninas. El feminismo y la ideología de género son en realidad la cancelación y el borrado de la mujer.

La idea de que para tener igualdad de derechos tenemos que tener una misma biología en realidad es un presupuesto bastante delirante. La premisa de fondo es de hecho que sólo se pueden reconocer los mismos derechos sobre la base de una igualdad biológica. Esto es poco más o menos como tener que reconocer que todos somos blancos, también los negros, y que hay que ser blanco para tener derechos en vez de reconocer los mismos derechos a blancos y negros. Lo cual por cierto sería un poco racista. Pasa un poco lo mismo sin embargo con todo el discurso del feminismo.

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