La delincuencia en Navarra va como un tiro. Y no ya por lo que se refiere al capítulo de la corrupción política, que por supuesto, sino hablando de la delincuencia en general. Lo que es peor: los delitos que se disparan en Navarra durante el último año son los más graves, los que tienen que ver con la violencia física, el asesinato o las agresiones sexuales. Así lo ponen de manifiesto los datos del último Balance Trimestral de Criminalidad. De este modo, los homicidios en Navarra crecen un 150% respecto al mismo trimestre de 2024, las tentativas de asesinato un 40%, los delitos por lesiones y riñas tumultuarias un 34,5%, y las agresiones sexuales con penetración un 48%. Pero Maria Chivite está muy contenta porque, por otro lado, la adjudicación de las obras de los túneles de Velate a la empresa de Cerdán ha sido no sólo legal sino absolutamente ejemplar. O sea que todas las adjudicaciones públicas deberían seguir el modelo de la de Velate. Chivite por tanto no sólo es que no vea los problemas, es que ve un pozo de agua cristalina donde para el resto del mundo existe una fosa séptica. Desde luego Chivite no va a resolver los problemas que niega que existan. Juzguen ustedes sin embargo, según los propios datos oficiales, si en Navarra tenemos o no tenemos un evidente problema con la degradación en el ámbito de la seguridad.

La gravedad del problema todavía resulta más evidente si nos focalizamos en los datos de Pamplona. La criminalidad en general crece anualmente un 10,5%, pero eso es pecata minuta. Los homicidios en la capital navarra crecen un 300%, los intentos de homicidio un 50%, los delitos por lesiones y peleas un 115%, y las agresiones sexuales con penetración un 76,9%. Por lo visto los agresores sexuales no han visto al entrar en la ciudad los carteles diciendo que Pamplona no tolera las agresiones sexistas, y eso que lo decimos también en euskera. Podemos quedarnos cruzados de brazos, o podemos pintar más bancos de morado y poner carteles más grandes con luces destellantes y escritos también en aranés.

El acumulado hasta junio de violaciones con penetración era de 48 en el conjunto de Navarra y de 23 en Pamplona. Pero es que junio termina la semana 26 del año. Es decir, que en el conjunto de Navarra estamos a 1,3 violaciones por semana y en Pamplona a casi una violación con penetración semanal. Y de esto, ¿por qué no hablan los partidos que nos gobiernan? ¿Qué tiene que decir Asirón de que en la ciudad de la que es alcalde haya casi una violación con penetración semanal? ¿Le preocupa más cerrarle la carretera a la universidad privada? ¿Y qué sabemos de los autores de esas agresiones? ¿Hay algún rasgo en el perfil de esos agresores sexuales que resulte llamativo? ¿Puede ser por ejemplo que la mitad de ellos sean madrileños? ¿Por qué este silencio para ocultar este problema con los madrileños? ¿O es que no son madrileños? ¿Se podría hablar de ello si fueran madrileños pero no se puede hablar de ello si son romulanos? ¿Por qué se dispara el número de delitos graves en los últimos años? ¿Qué ha pasado en los últimos años? ¿Qué ha cambiado en la sociedad los últimos años? Hacerse estas preguntas todavía puede que sea legal, aunque contestarlas podría ser ya delito de odio. El problema es cómo tratar una enfermedad sin reconocerla y diagnosticarla, y cómo diagnosticarla si hay una serie de enfermedades que nombrarlas puede significar para el médico ser acusado de un delito de odio o fascismo. ¿De qué se podría acusar a su vez a quienes niegan la existencia de una enfermedad y su tratamiento? ¿Quién sería responsable de las víctimas por falta de tratamiento? Los males que se derivan del buenismo son evidentes, el único debate a estas alturas es si llamarlo buenismo.