Dejar vivir a los niños es un peligro para la democracia. Irene Montero, dixit. Se trata de un pensamiento salido de la misma factora neuronal que el de que los niñes de este país tienen derecho a saber que ningún adulto puede tocar su cuerpo si ellos no quieren, pero que con consentimiento pueden tener relaciones sexuales con quien quieran. Es increíble que esta mujer cuyo corolario político ha sido la rebaja masiva de penas a los agresores sexuales haya mantenido toda la legislatura su puesto y que, si gana las elecciones el sanchismo, todas estas ideas puedan reencarnarse la legislatura que viene en otro ministre. En este caso la todavía titular de Igualdad ha decido iluminar a los humanos con sus reflexiones sobre el aborto. Como siempre sucede con Irene Montero, todo lo que no coincide con lo que ella piensa no es democrático.
El aborto es un derecho. Quien propone retroceder es un peligro para la democracia. Las mujeres tenemos derecho a decidir sobre nuestro propio cuerpo.
— Irene Montero (@IreneMontero) June 29, 2023
El problema, como también sucede casi siempre con lo que piensa Irene Montero, es que lo que dice no es coherente ni lógico. Para empezar, el aborto no es decidir sobre el propio cuerpo. El niño en gestación está en el cuerpo de la mujer, pero no es el cuerpo de la mujer. Una mujer embarazada no es una mujer con dos cabezas, dos cerebros, dos corazones, cuatro ojos, cuatro brazos y veinte dedos. Por tanto no, abortar no es decidir sobre el propio cuerpo. Si abortar no fuera decidir sobre otro cuerpo, la madre no podría matar al niño y seguir viviendo. No sería aborto, sería suicidio.
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Pero es que además Irene Montero defiende al mismo tiempo que las mujeres puedan hacer con su cuerpo lo que quieran y que no puedan hacer con su cuerpo lo que quieran. Esto en lógica se llama saltarse el principio de no contradicción. A diferencia de cuando aborta, cuando una mujer se prostituye sí que está decidiendo sobre su propio cuerpo. Sin embargo esto Irene Montero no lo tolera. O sea, que el criterio es dejar que las mujeres decidan sobre su propio cuerpo, salvo cuando Irene Montero decide lo contrario. Podría pensarse que Irene Montero es como el Gato de Schrodinger, que puede estar vivo y muerto a la vez dentro de una caja. Sin embargo, al menos en la Comunidad Foral de Navarra, cuando metes un gato muerto en una caja puedes estar bastante seguro de que sigue muerto cuando vuelves a abrir la caja.
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Irene Montero es también la misma que dice que los hijos no son propiedad de los padres, y que por tanto no pueden educarlos como quieran, sino como quiera Irene Montero. Pero los padres pueden por lo visto matar a sus hijos aunque no sean sus propietarios. No hay problema porque dentro de la cabeza de Irene Montero no hay un pensamiento coherente, sólo un bulle-bulle caótico de consignas que repite y escupe como una ametralladora.
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Dentro del largo capítulo de incoherencias de Irene Montero, cabe añadir que cuando se refería a sus propios hijos estando embarazada de 13 semanas (edad en la que sería legal abortarlos) no hablaba de ellos como de su cuerpo, sino de dos criaturas que crecían dentro de su cuerpo, y a los padres de Pablo o los suyos ya los llamaba abuelos. El problema es que los niños que no son de Irene Montero son igual de humanos y tienen los mismos derechos que los hijos de Irene Montero. Eso sí, esto tampoco podemos mandar a Feijóo a explicárselo a Irene Montero.
Dijo @NunezFeijoo en @El_Hormiguero: “CUANDO UNA MUJER QUIERE INTERRUMPIR SU EMBARAZO, NO PUEDE HABER UN PODER PÚBLICO QUE SE LO IMPIDA”. Pues bien, yo planteo dos preguntas a quien corresponda:
1ª.- ¿Y quién defiende el derecho a la vida del ser humano no nacido, en el caso de… pic.twitter.com/GhLXs68R6t— Jose Ignacio Munilla (@ObispoMunilla) June 29, 2023
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