Contra el trasfondo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

Ayer se celebró el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, una de esas cosas que no está claro que sirva para eliminar la violencia contra la mujer, sino para demostrar cuánto nos preocupa la violencia contra la mujer. Ay, como a alguien se le ocurra cuestionar la celebración, el sentido y la filosofía tras este tipo de celebraciones y el discurso que las impone.

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Naturalmente todos rechazamos la violencia contra la mujer. No hay nadie en su sano juicio que defienda la violencia contra la mujer. Este hecho, no obstante, resulta difícil de aceptar por parte de los impulsores de este tipo de eventos en el calendario por un buen par de motivos. En primer lugar porque, como se decía, la razón fundamental de este tipo de eventos es demostrar que alguien, el que impulsa estos eventos, está más en contra de la violencia hacia la mujer que el resto. En segundo lugar porque para explicar la violencia hacia la mujer hay que presuponer la existencia de un grupo social que promueve la violencia contra la mujer, o se acaba la causa.

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O sea, si todos estamos frente a la violencia contra la mujer y sigue habiendo violencia contra las mujeres, ¿qué sentido tienen las campañas de concienciación? La teoría es que el día en que todos estemos concienciados contra la violencia que padecen las mujeres se acabará la violencia contra las mujeres, por eso tiene que haber campañas y movilizaciones constantes. Si sigue habiendo violencia contra alguna mujer es que sigue habiendo una sociedad machista. Eso o hay que revisar toda la teoría. Obviamente es mucho más fácil asumir que sigue habiendo gente que no rechaza la violencia contra la mujer a que nuestra teoría está equivocada. Es más, resulta exageradamente tentador pensar que la gente que discute nuestra teoría lo hace porque no rechaza la violencia contra las mujeres.

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La dura realidad para las feministas, o para las femiprogres, o como queramos llamar al feminismo identificado con el marxismo y la ideología de género, es que nadie con dos dedos de frente ni fibra moral puede bendecir la violencia contra la mujer y existe sobre eso un consenso social absoluto. Tampoco niega nadie que exista la violencia contra la mujer, lo que se discute es la teoría que pretende explicar esa violencia. Para empezar puede haber y hay maltratadores con ideas progresistas. En el PSOE, sin ir más lejos, alguno hasta ha podido presidir sin problemas el partido en una comunidad autónoma.

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Cualquiera que siga más o menos curiosamente los artículos que publican los prebostes y prebostas del feminismo, sabe por ejemplo que constantemente se afirma que la así llamada violencia machista es un fenómeno universal. Y tienen razón. Paradójicamente, estos mismos prebostes y prebostas afirman con el mismo ardor que la violencia machista es un fenómeno cultural. Aquí ya no pueden tener razón. O sea, o tienen en razón en esto o lo tienen en lo anterior. Si la violencia machista es universal no es cultural. Si es universal es natural. Y si es natural y no cultural, no se puede erradicar mediante la educación, las campañas o las masivas subvenciones a los grupos y plataformas de estos prebostes y prebostas. Es más, si la violencia tiene una raíz biológica seguirá existiendo aunque todos votemos a Podemos. Por tanto es mentira que para acabar con la violencia machista haya que hacerse progresista. Tan mentira como que el que no quiere hacerse progresista es que quiere matar a las mujeres. Al no haber relación alguna entre mansedumbre y progresismo, puede ocurrir que hasta en la mismísima Bildu pueda encontrarse gente violenta.

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Más aún. Resulta que en el reino animal también existe la violencia machista. Casi podría decirse que la violencia machista en el reino animal es la norma, salvo las mantis religiosas. Una evidencia más de que la “violencia de género” no es fruto de la educación ni de un oscuro entramado patrialcal conspiranoico. Hay una base biológica. No ya para la violencia contra las mujeres, sino respecto a cualquier violencia. A fin de cuentas el  90% de los asesinatos los cometen hombres matando a otros hombres.

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Por no hablar de otra falacia más como el intelectualismo moral. Un sujeto puede saber perfectamente que está mal pegar a una mujer y sin embargo pegarle. Igual que un sujeto puede saber perfectamente que robar está mal y robar. Si existen la mentira, la deslealtad, el robo o la violencia no es porque falten campañas contra la mentira, la deslealtad, el robo o la violencia, sino porque somos humanos, porque somos imperfectos, porque existe el mal y porque a veces elegimos deliberadamente el mal. Porque todos somos libres y porque algunos, como los que hacen daño a las mujeres, no es que sean imperfectos o un poco malvados, sino extraordinariamente malvados.

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Este es otro punto importante porque el que pega o mata a una mujer no es un mero ignorante, alguien que no sabía lo que hacía, alguien al que no le llegaron las campañas del Ministerio de Igualdad advirtiéndole de que pegar o matar a las mujeres estaba mal, alguien de cuyo crimen la culpa no la tiene él sino la sociedad que no le supo educar. Cuando un hombre mata a una mujer lo hace él, no mata en absoluto en representación del conjunto de los hombres. Puede que en algunos ámbitos exista un discurso promotor de la violencia contra la mujer, pero habría que encontrarlo en las palabras del profeta Mahoma: “Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres en virtud de la preferencia que Dios ha dado a unos más que a otros”, “¡Amonestad a aquéllas de quienes temáis que se rebelen, dejadlas solas en el lecho, pegadles! ”, ¿alguien escuchó ayer algún discurso de progreso contra el Islam?

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El punto final es que el feminismo ha comenzado a convertirse en una ideología totalitaria. Ya no se permite cuestionar ninguno de sus postulados. El asesinato de mujeres es un hecho que le sirve para imponer todas sus ideas por discutibles que sean. No acepta que quien no piense como él no rechace también la violencia contra la mujer. No es casualidad que el feminismo actual camine de la mano del comunismo. El comunismo tampoco acepta, pese a los resultados históricos, que se discuta su programa para acabar con la pobreza. No hay otro camino que el comunismo para acabar con la pobreza. Si alguien discute su programa es que no quiere acabar con la pobreza. El que discrepa no puede por tanto ser buena persona. El que discrepa es un machista, un fascista, un cerdo. Al fascismo no se le discute, se le combate.  Poco a poco vamos llegando a un punto en el que la izquierda piensa que a todo el que no piensa como ella hay que combatirlo. Este temor se nota también en todos los que se van rindiendo a su discurso no por convicción sino por temor. Ayer  fue un día prolífico en ese tipo de ejemplos.

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Comentarios (1)
  1. Urko Jon says:

    Se trata además de convertir actos individuales en actos realizados por un colectivo, como si hubiera un grupo terrorista que asesinara mujeres. Es un fin de la ideología de género enfrentar a mujeres contra hombres para que todas se sientan víctimas. Por supuesto y cómo no, esto lleva consigo regar con cientos de miles de euros a todos sus amigos y familiares que crean asociaciones ad hoc, cuyo único objetivo es engordar sus cuentas corrientes.

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