Navarra, ¿se abertzaliza o se japoniza?

Redacción 26 noviembre 2019 Noticias
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Si Navarra se convierte en un herrialde de Vardulia es un asunto que está por ver. Existe una amenaza muy real. Hay mucha gente muy empeñada en ello dedicando muchos recursos a la causa. Pero al menos en esto existe también una amplia conciencia (nunca suficiente) del peligro y la amenaza. No tanta, sin embargo, es la conciencia de otra amenaza también muy real. Concretamente la japonización, por extensión, de la economía navarra.

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No todo en las redes sociales dura 3 minutos u ocupa 140 caracteres. También hay demanda en el ciberespacio para reflexiones más profundas, intensas y razonadas. Es seguramente por ello el éxito que está alcanzando el vídeo de una conferencia titulada “La Japonización de la Unión Europea”, pronunciada hace unos meses por el economista y profesor Jesús Huerta de Soto.

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Antes de abordar qué ese riesgo de la japonización de la economía, interesa anticipar algunas de las ideas desgranadas a lo largo de la intervención del profesor Huerta de Soto como que es un grave error pensar que la inyección y la manipulación monetarias pueden dar lugar a la prosperidad económica, y como ejemplo curioso el perjuicio (sí, el perjuicio) que le provocó a España la afluencia masiva de oro desde América.

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España y la maldición del oro de las Américas

Sostiene de este modo el profesor que la afluencia masiva de metales preciosos que tuvo lugar en nuestro país después del descubrimiento de América, lejos de generarnos prosperidad, motivó que España se convirtiera en un erial, en un verdadero desierto económico, y que no alcanzara la prosperidad económica de los países de nuestro entorno hasta muchos siglos después. En efecto, la llegada de oro impactó al alza los precios nominales, es decir, hundió el poder adquisitivo de la unidad monetaria en España. Esto hizo que dejaran de ser competitivos los productos españoles y que fuera mucho más barato comprar fuera, por lo que, con la misma rapidez que entraba el oro, salía de nuestras fronteras para pagar importaciones masivas. Y como resultado de este proceso los productos tradicionales de la península Ibérica dejaron de ser competitivos, sus productores se arruinaron y no les quedó más remedio que emigrar. A los españolitos de la época que quisieran prosperar no les quedaba más que una de estas tres opciones: “Iglesia, mar o Casa Real”. Es decir, hacerse clérigo o meterse en un convento para vivir de las rentas; cruzar el Atlántico “para hacer fortuna” en América o servir al rey como soldado en Flandes. Todo esto explica el tradicional retraso económico de nuestro país, su atonía y subdesarrollo relativo durante siglos. Un episodio tan característico de nuestra historia, de este modo, viene a cuestionar la idea tan popular en la izquierda de que crear riqueza es tan sencillo como imprimir billetes y lanzarlos desde helicópteros.

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Los alemanes contra la fortaleza del marco

Otro contrajemplo llamativo esgrimido por el profesor como preámbulo a la diagnosis de la japonización es el de Alemania, aunque seguramente la mayoría de nosotros no hubiéramos pensado en los germanos desde este punto de vista. Y es que el profesor Huerta de Soto considera la economía alemana como una economía paradigmática. Para empezar es una potencia exportadora. Pero ¿cómo ha llegado a exportar tanto? Exporta tanto porque produce productos de gran calidad. ¿Y por qué produce productos de enorme calidad?, porque la cultura empresarial alemana tradicionalmente se ha desenvuelto en un entorno comercial muy difícil, es decir, con una moneda, el marco alemán, que nunca dejaba de apreciarse y hacer cada vez más difícil exportar. Y en ese contexto la única forma de exportar es haciendo que tus productos sean los mejores del mundo. Por consiguiente, en esas circunstancias para los alemanes no había otra salida que descubrir, innovar, producir e introducir los mejores productos del mundo, fueran vehículos, instrumentos de precisión, maquinaria o lo que fuera. Y así Alemania, contra toda la falsa lógica de las depreciaciones monetarias competitivas patrocinadas por keynesianos y monetaristas, se convierte en una de las potencias exportadoras más importantes del mundo. Al depreciarse el euro, Alemania por el contrario ha podido exportar, a corto plazo, mucho más fácilmente, por lo que ha descuidado en términos relativos su tradicional ventaja competitiva basada en la mejora continua de la calidad. El euro depreciado ha tenido un efecto droga, de generar grasa en vez de músculo, sobre la economía alemana, permitiendo que esta se duerma hasta cierto punto en sus pasados laureles. Vamos llegando a Japón. Hasta Alemania se japoniza. Francia hace tiempo que vive japonizada.

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¿Qué pasa con el modelo japones?

La economía japonesa, como recuerda el profesor, era una de las más envidiadas y admiradas del mundo. En todas las escuelas de negocios se estudiaba con fruición el supuesto “milagro económico japonés”. Se alababa y se llegaba incluso a adorar la cultura empresarial y económica japonesa que, de alguna manera, parecía que había sido capaz de alcanzar la cuadratura del círculo. Por un lado, una protección intensa al trabajador dentro de cada empresa, en un entorno cuasi familiar y a cambio de una lealtad recíproca y absoluta por parte de cada empleado. Todo ello en un entorno de constante innovación, crecimiento económico y aumento de las exportaciones. Es cierto que el modelo se basaba mucho en copiar las innovaciones y descubrimientos previamente introducidos en Estados Unidos y Europa, para luego lanzarlos al mercado a precios mucho más baratos y con un nivel al principio muy aceptable, y después incluso muy elevado, de calidad. Y sin embargo, este modelo idealizado, al que todos quisieron aproximarse durante esas décadas, era en gran medida un espejismo. Ocultaba que tanto la cultura como especialmente la economía japonesa eran (y siguen siendo) enormemente rígidas e intervencionistas, y que lo que durante esos años parecía una economía muy próspera y de gran estabilidad económica, en realidad se basaba en una burbuja inmensa de crecimiento artificial, manipulación monetaria y expansión crediticia. La burbuja se aglutinó sobre todo en torno al mercado inmobiliario, llegando a cotizarse incluso por centímetro cuadrado y en miles de yenes los precios de las zonas más valoradas de Tokyo y de otras ciudades importantes de Japón. Y en ese entorno de euforia o borrachera especulativa, los grandes grupos industriales japoneses (Zaibatsus) se convirtieron de facto en entidades financieras y especulativas, cuyas actividades secundarias en términos relativos eran la fabricación de vehículos, de aparatos electrónicos, etc., etc. Pues bien, a comienzos de los años noventa, explota la burbuja japonesa en perfecta consonancia con lo indicado por la teoría austriaca del ciclo económico. El índice Nikkei de la bolsa de Japón cayó de los treinta mil yenes a comienzos de los años noventa a doce mil yenes diez años después, y todavía hoy, casi treinta años después, aún no ha logrado recuperarse. Se produjo, por tanto, un derrumbamiento catastrófico de la bolsa, además de una serie de quiebras en cascada de grandes bancos e instituciones financieras.

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Tras una crisis, hay 4 escenarios posibles, 3 de ellos muy malos, 1 de ellos el japonés

Lo importante que analiza Huerta de Soto en su exposición es cómo reaccionaron las autoridades económicas y financieras japonesas ante el estallido de la burbuja y el advenimiento de la crisis financiera. Pero previamente el profesor señala cuales son los cuatro escenarios que pueden darse tras el estallido de una gran burbuja financiera.

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En un primer lugar, puede ser que las autoridades monetarias y económicas se empeñen en seguir inyectando dinero en una huida ilimitada hacia adelante tendente a impedir el advenimiento de la recesión. Esto eventualmente daría lugar a una hiperinflación, como la que históricamente hemos conocido en determinados momentos: por ejemplo, la hiperinflación alemana posterior a la Primera Guerra Mundial, que prácticamente acabó con la destrucción de su sistema monetario e impulsó la llegada de Hitler al poder.

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El segundo escenario, es el escenario justamente opuesto. Es un escenario en el que se produce un derrumbamiento total y absoluto del sistema bancario y financiero. Al desaparecer el sistema monetario, es preciso empezar evolutivamente desde cero a elegir el nuevo dinero que sustituya al dinero fiduciario previamente destruido y desaparecido. Este es otro escenario posible y catastrófico que tampoco ha sucedido históricamente en el último ciclo (ni en los anteriores pues los bancos centrales fueron precisamente creados para apoyar lo que sea necesario a los bancos privados antes de que suspendan pagos en cadena).

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El tercer escenario es el escenario normalmente más común. Es aquel en el que, a atrancas y barrancas y a pesar de las manipulaciones monetarias más o menos tímidas o puntuales, retóricas o fácticas, la economía real termina restructurándose y reajustándose a la nueva situación. Es decir, se despiden masivamente factores productivos de las líneas de inversión insostenibles y, en un entorno de relativa libertad empresa, los empresarios terminan recuperando de nuevo la confianza y empiezan a detectar nuevas líneas de negocio y proyectos de inversión sostenibles, iniciándose así, poco a poco, la recuperación.

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Un cuarto escenario es el que surge cuando el entorno económico, en agudo contraste con el de Estados Unidos, es un entorno económico muy rígido y plagado de impuestos, intervencionismo y regulaciones. En este contexto de gran rigidez, cuando las autoridades monetarias se empeñan en inyectar una gran cantidad de dinero, es cuando inexorablemente se desencadena este síndrome que el profesor Huerta de Soto califica de enfermedad económica nipona o de japonización de la economía. Y es que este cóctel de gran rigidez institucional, elevados impuestos, mercados laborales muy regulados, junto con una creciente intervención estatal de la economía a todos los niveles, y una gran manipulación e inyección monetaria descontrolada, es precisamente lo que caracteriza a la economía de Japón y amenaza con extenderse a otras áreas económicas del mundo empezando por la Unión Europea, y por ello a Navarra, por supuesto.

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Las autoridades japonesas reaccionaron al estallido de su burbuja con una política monetaria ultra laxa, en la que además se decidió proceder a un “roll over” continuo de créditos; es decir, a las empresas que no podían devolver sus créditos se les facilitaron nuevos préstamos para devolver los antiguos, y así sucesivamente, y todo ello respaldado e impulsado por el Banco Central de Japón. Y es que en Japón culturalmente no es aceptable que una empresa quiebre; culturalmente no se considera aceptable que los trabajadores puedan ser despedidos. Cada empresa es como la madre de una gran familia que debe de mantener a todos sus miembros colocados y seguros. Pero aunque oficialmente las cifras de desempleo sean muy bajas y aparentemente todo el mundo permanezca ocupado, debemos recordar las fotografías de esos grandes departamentos en múltiples empresas japonesas, con sus empleados durmiendo o sin hacer nada; oficialmente están ocupados, aunque obviamente el desempleo encubierto es tremendo, y la caída en términos de productividad y la pérdida continua de competitividad relativa es muy grande (especialmente frente a China, Corea y las otras economías emergentes del entorno asiático). Además se redujeron casi a cero los tipos de interés, y a todo ello el gobierno añadió una agresiva política fiscal que disparó el gasto público.

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Pues bien, todo este “mix” de medidas de política económica es lo que genera este cuarto escenario de “japonización”. En un entorno de gran rigidez institucional y económica, como sucede también ahora en la mayor parte de Europa, la manipulación monetaria masiva y el incremento descontrolado del gasto público dificultan cualquier incentivo que pueda existir para que se reestructure de forma espontánea la economía, impidiendo que se trasladen los factores de producción, desde donde se encontraban erróneamente invertidos, hacia otras líneas alternativas y sostenibles de inversión, cosa que solo en un entorno de libertad, flexibilidad económica y confianza serían descubiertas por los empresarios. Fue así como Japón entró en un periodo de recesión y atonía económica indefinida que viene durando ya varias décadas y del que todavía no ha logrado salir.

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Los tipos de interés negativos, el Armagedón financiero impensable que ya tenemos aquí

En esta situación llegamos a lo que Huerta de Soto llama la “máxima aberración”: el tipo interés negativo. En un entorno natural de economía de mercado no intervenida los tipos de interés nunca pueden ser negativos. Y es que si el tipo de interés fuera negativo, es decir, si alguien le presta mil euros y usted dentro de un año solo le tiene que devolver 990, obviamente esto a lo que induce es a no hacer nada y a no invertir: incentiva a dejar el dinero en el bolsillo y a pagar dentro de un año 990 euros redondos ganando 10 sin hacer nada y sin tener que asumir ningún riesgo empresarial ni tener que soportar la persecución e incomprensión de los burócratas. Porque si como empresario me meto en líos, invierto y me va mal a lo mejor ni siquiera puedo devolver los 990, y si gano algo me van a quitar la mitad, me van a perseguir los funcionarios, y los sindicatos me van a hacer la vida imposible. Por el contrario con tipos de interés negativos, lo mejor es pedir préstamos ilimitadamente, sentarse encima de ellos y no hacer nada, para luego devolver menos y quedarse con la diferencia y así obtener un beneficio seguro sin asumir ningún riesgo. Por tanto, en términos conceptuales, el tipo de interés negativo lleva directamente a no hacer nada, a la atonía y a la japonización.

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Pero es que, además, esta política monetaria aberrante de tipos de interés negativos tiene otro efecto colateral muy pernicioso: y es que se utiliza para financiar sin coste el déficit público de manera automática e ilimitada bloqueando así los pocos incentivos que pudieran quedar para que los gobiernos realicen alguna reforma estructural. Por el contrario, lo que se incentiva es a incrementar las políticas de subvenciones y compra de votos que hunden inexorablemente en la demagogia y el populismo a nuestras sociedades. Así tenemos la ilustración clarísima de como en nuestro propio país, España, así como en el resto de Europa, prácticamente el mismo día en que se inició el cuantitative easing por parte del Banco Central Europeo en 2015, se paralizaron todas las reformas. Y aquellos países que más las necesitaban, estaban a punto de iniciarlas y aún no las habían emprendido, las dejaron aparcadas indefinidamente. Por tanto, las políticas de manipulación monetaria no logran ninguno de sus objetivos, son auto frustrantes y además bloquean lo único que puede sacar al país de la atonía: las necesarias reformas estructurales y de liberalización económica.

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Nadie está haciendo reformas estructurales porque el Banco Central Europeo está financiando gratis a los gobiernos. Y es que es evidente que el BCE ha traicionado sus principios fundacionales: en última instancia está financiando el déficit público de todos los países al punto en que ya es propietario del 30% de su deuda pública viva, incluyendo la española, y además pretende impulsar el crecimiento económico (como la FED) cuando su mandato es exclusivamente de estabilidad monetaria. Como consecuencia de ello el BCE es rehén y se encuentra atrapado por sus propios errores, por su política monetaria ultra laxa. Porque en el mismo momento que anuncie que la retira surge una recesión que nadie está dispuesto a asumir. Y así japonizando completamente la eurozona y la condena a una atonía indefinida en un entorno de continuas desavenencias en el seno de un consejo de gobierno ya completamente politizado como es el del Banco Central Europeo.

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Hay una enorme burbuja de renta fija

Huerta de Soto advierte finalmente que la actual política monetaria ultra laxa solo beneficia a unos pocos: los gobiernos manirrotos y los tenedores de renta fija, hedge funds y especuladores, en grave perjuicio de la mayoría de los ciudadanos y, en especial, de los ahorradores, y ha creado una burbuja en los mercados de renta fija que deja pequeña a la burbuja inmobiliaria que generó la última Gran Recesión. En palabras de otro economista la próxima gran crisis llegará cuando toda la enorme masa de deuda que se ha generado en las últimas décadas, como consecuencia de todas estas políticas, explote “como una supernova”.

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¿Y la salida a todo esto? Alternativamente, Huerta de Soto indica que hay que normalizar la política monetaria para que los gobiernos se vean obligados a controlar su gasto, a introducir políticas de austeridad y a impulsar las necesarias reformas liberalizadoras que se interrumpieron o pospusieron y que hoy resultan imprescindibles para recuperar de una forma sostenible, no digamos aumentar, nuestra evasiva prosperidad.

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