En una época en la que se insiste en que los formularios que nos llegan no todo el mundo logra entenderlos por su falta de estudios, por su discapacidad intelectual la administración que está tan preocupada teóricamente en ayudar a estos sectores de la sociedad debería hacer lo propio con los impuestos. Sin triquiñuelas ni palabras grandilocuentes y veladas para impedir que el votante medio no se entere de la realidad impositiva que nos infligen las administraciones públicas.
Imaginemos que en la declaración de la renta nos desglosan los impuestos reflejando: 500 euros para las pensiones, 400 para dietas políticas, 200 para promoción del euskera, 300 para acogida de MENAs, 500 para infraestructuras, 600 para la sanidad…
Seguro que desde esta perspectiva, y vista la bajada de calidad de los servicios públicos, habría muchos más detractores de los centros de MENAs, del fomento del euskera o de que las pensiones estén al nivel privilegiado en el que están en comparación con los salarios…
Y no es que la mayoría de los salarios que son bajos se vayan a arreglar con una subida del salario mínimo interprofesional precisamente. Al fin y al cabo si una PYME ingresa 5000 euros y tiene 3000 euros de gastos e impuestos y dos empleados mileuristas, si no ingresa más no va a poder hacer frente a dos nóminas de 1500 euros. No es que sea tacaño el emprendedor, sino que realmente no le llega.
En ese caso o echa a uno de sus empleados y deja que el otro haga el trabajo de los dos mucho más ajustado de tiempo, o el propio empresario se pone a meter horas a destajo. Eso si en su situación puede sustituir a su empleado por sí mismo o si el empleado que mantiene puede o está dispuesto a trabajar más por el mismo salario. En muchos casos los emprendedores simplemente cerrarán el chiringuito y dos trabajadores engrosarán las listas del paro. Quizás incluso sean los tres los que acaben en el paro.

Pero, volviendo al tema original, las partidas presupuestarias no serían tan derrochadoras si se desglosaran en la declaración de la renta, y menos si estuvieran auditadas como hace el estado con los ciudadanos. Se puede pensar que el estado acabaría haciendo lo que le diera la gana, pero si hay medios de comunicación veraces y una justicia independiente es bastante difícil que no es te descubra el pastel.
Si no estamos al corriente del uso que se da a nuestros impuestos, tendemos a ser generosos y a que nos dé igual dónde acaba. En cambio en cuanto tenemos conocimiento del uso que les dan, tenemos una perspectiva más realista. Si hubiera suficiente difusión de los derroches económicos que perpetran nuestros políticos, cambiarían las cosas radicalmente.
Seguramente muchos jubilados, si entendieran que tener unas pensiones más altas suponen detraer recursos para mejorar las carreteras o los ferrocarriles obsoletos. Sabiendo que los políticos sin preparación para dirigir una empresa encima ganan 400 en dietas nos haría replantearnos la cuantía de las dietas y a prohibir las puertas giratorias, al menos en sectores que requieren conocimiento técnico para tomar decisiones.

Y desde luego en estos tiempos en los que el poder adquisitivo ha bajado tanto, a poca gente, a casi nadie, le va a apetecer que le quiten 200 en promoción del euskera, 300 para acoger MENAs, que son frecuentemente delincuentes. Y la sanidad, tal come está, se le va a quitar a muchos la gana de pagar 600 eurazos.
Si realmente la sanidad va a mejorar la prioridad cambiará, pero la gente preferirá que se reduzcan o eliminen los gastos en euskera o en acoger MENAs.
Así que hay que avanzar en la transparencia y hacer que los impuestos que a gran escala están desglosados, nos lleguen a los contribuyentes sin ambigüedades y de forma comprensible para todos los públicos.
Aritz Lizarraga Olascoaga