¿No podría ser oficial el francés en la Ribera antes que el euskera?

La imposición del euskera en toda Navarra es una amenaza que se ha visto intensificada en los últimos días. Por un lado los nacionalistas valoran que el chollo de tener a Sánchez en Moncloa o a Chivite en la Diputación, dependiendo de ellos, se les puede acabar en un año si no lo evita algún pucherazo. Es por tanto para ellos el momento de apretar el acelerador y exprimir al máximo. Por otra parte, el PSN ya ofrece públicamente algunas concesiones a este respecto como modificar el Amejoramiento del Fuero (la LORAFNA), para que este recoja el euskera como “lengua propia de Navarra”.

Naturalmente los nacionalistas piden más y exigen no sólo reconocer el euskera como lengua propia, sino que se oficialice en toda Navarra. En realidad tan sólo se trata de una cuestión de matiz. Con la oficialidad se llegaría al objetivo de un salto y con el reconocimiento como lengua propia simplemente se haría una parada temporal entremedio. No por nada, sino porque Chivite sabe que sus votantes no son euskaldunes, no viven en zonas euskaldunes y más tarde o temprano le pueden pedir cuentas cuando resulten discriminados por la “prioridad euskérica” en la administración pública de su propia tierra.

Respecto a la imposición del euskera, que ahora dicen los estudiosos de Irulegui que puede ser en realidad el íbero, cosa que por otro lado ya era la tesis predominante entre los estudiosos (el famoso vascoiberismo) hasta la llegada al poder y al presupuesto de los partidos nacionalistas, cabe añadir alguna reflexión al respecto.

Por supuesto el vascuence es una lengua absolutamente respetable y un valioso patrimonio cultural. Otra cosa es tratar de imponerlo o forzar la realidad mediante la ley. Por otra parte, hablando de la realidad, el hecho es que el vascuence no se habla en toda Navarra. Hay una zona de Navarra donde lo habla alrededor de la mitad de la población y fuera de esa zona no lo conoce o no lo habla casi nadie. Dicen los nacionalistas, faltando a la verdad, que el romance era la lengua de la administración del reino y el euskera la lengua del pueblo. Seguramente el vascuence estaba algo más extendido que en la actualidad, pero el romance también era una lengua navarra y del pueblo. Ahora es cuando los nacionalistas quieren convertir al euskera en la lengua de la administración al margen de la lengua del pueblo. Pero el hecho relevante es que el español es una lengua común. Todos los navarros hablan español y un porcentaje bastante minoritario hablan vascuence y español. No hay ningún vascoparlante que no hable español. Por consiguiente, cuando hablamos de una zona vascófona es una zona en la que el 100% habla español, aunque la llamemos vascófona. Y cuando hablamos de que Navarra es una comunidad bilingüe, hablamos de que el 100% habla español y sólo un 15% habla además vascuence. Hablar del euskera como una lengua propia genera la falsa sensación de que el español es una lengua ajena, cuando es la lengua materna de la inmensa mayoría, por no hablar de la práctica totalidad, puesto que son muy escasos los hogares en los que conociendo el euskera y el español sólo se use el euskera. Los hogares navarros euskaldunes, precisamente, apreciaban hasta hace poco de forma especial la educación en español, para que los hijos dominaran el euskera que hablaban en casa y el español que utilizaban en el colegio. Pero volvamos a la administración.

El nacionalismo ha convertido al euskera en el idioma propio… de la administración. El euskera determina la entrada o no a multitud de empleos públicos ya sea porque se exige como requisito o porque computa como mérito de una forma desmesurada. El resultado es una ventaja para la población vascoparlante y una discriminación de la población castellanoparlante. Se da además la circunstancia de que la población vascoparlante es mayoritariamente nacionalista, por lo que todo beneficio legal y presupuestario a los vascoparlantes se convierte de forma indirecta y encubierta en un beneficio a los ideológicamente afines. La cuestión es sin embargo qué aporta en el funcionamiento de la administración conocer el euskera en una comunidad donde el 100% habla español. Se está tratando de imponer el euskera como si hubiera navarros que sólo hablan euskera, a los que necesariamente la administración les tuviera que atender en euskera .

Ya que hemos citado el francés y lo habíamos elevado al titular, pensemos en lo que pasaría si Navarra conservara aún el territorio de Ultrapuertos. ¿Cómo lo llamaríamos, zona francófona? ¿Y tendríamos que considerar en la LORAFNA al francés como una lengua propia? ¿Y habría que saber francés para poder ser funcionario en Tudela? Sin embargo, la lógica es la misma para exigir saber euskera a los funcionarios de Tudela. Una ley que no responde a la realidad no sólo no puede ser una buena ley, es que tampoco puede ser justa.

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