La izquierda celebra en el 1 de mayo la forma en que expolia a los trabajadores

La izquierda y la defensa de los trabajadores son como el agua y el aceite. Si fue distinto en otro tiempo, ahora ya es así por completo. Ver a los líderes de la izquierda ayer celebrando el 1 de mayo y tratando de encarnar los intereses de la clase trabajadores resulta a estas alturas hasta ridículo. No hay trabajadores en la casta política izquierdista. La casta política izquierdista se nutre de políticos profesionales, personajes que nunca o sólo fugazmente han pasado por el mercado laboral, y desde luego todo tipo de especímenes no cualificados cuyos salarios públicos jamás los hubieran podido alcanzar en el mundo del trabajo real.

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Un trabajador español medio, entre impuestos y cotizaciones, dedica la mitad de su salario a pagar al estado. ¿Qué es lo que obtiene a cambio? Inseguridad, listas de espera sanitarias, una educación pública deficiente y apagones.

Instalados en sus sueldos de seis cifras, los políticos de la casta izquierdista no son conscientes de que la fiscalidad ahoga a la clase trabajadora. A un rico a lo mejor se le pueden adjudicar impuestos del 50% pero a un pobre no. Si a un pobre le quitas el 50% de lo que gana, le dejas sin recursos para llenar el carro de la compra y pagar la luz. El empobrecimiento de los españoles es apabullante por culpa de la fiscalidad. Hace tiempo además que lo que está pagando el trabajador con sus impuestos no es una mejora de la cantidad y calidad de los servicios, sino la incompetencia en la gestión. Con una administración plagada de enchufados e incapaces, hay que subir constantemente los impuestos para pagar la mala gestión. ¿Y para qué tendrían que gestionar bien además si para rellenar sus agujeros suben los impuestos y la gente mayoritariamente todavía les aplaude? Lo que sucede es que esos que les aplauden cada vez son menos entre los trabajadores, lo que nos lleva a la siguiente cuestión.

La sociedad ya no se divide entre empresarios y trabajadores siendo los buenos los trabajadores y los malos los empresarios. Ahora la izquierda ha creado una nueva clase social que son los dependientes del estado. En gran medida se trata de personas que cobran sin trabajar una paga del estado, que por supuesto financian los que sí trabajan. Dentro de esta nueva clase se cuentan por un lado no ya pensionistas o personas con una discapacidad, sino legiones de personas que trabajan para la administración sin haber aprobado una oposición, o legiones de personas que ni siquiera trabajan, sino que pertenecen a colectivos, oenegés y plataformas que sólo cobran por su idelogía, por suscribir el discurso del gobierno a través de sus altavoces, cobrando cantidades astronómicas por informes de dos folios repletos de trivialidades al alcance de un niño. Sin mencionar todos los amiguetes, correligionarios y familiares enchufados al presupuesto incluyendo las sobrinas que no son familiares.

Los efectos de esta casta de inútiles y parásitos expoliadores que pueblan la administración no son sólo el empobrecimiento de la clase trabajadora, sino el mal funcionamiento de toda la cosa pública. Conforme crece la masa que puebla esta casta parasitaria, no sólo es que la clase trabajadora se hace más pobre porque se alimenta de sus salarios, sino que todo funciona peor porque al frente de cada apartado hay un inútil, o porque los recursos dejan de llegar a las cosas necesarias para pagar las cosas innecesarias, la mala gestión y los gigasueldos de los inútiles responsables de esa mala gestión. Como la clase trabajadora va abriendo lentamente los ojos, hoy ya casi ningún trabajador acude a celebrar el 1 de mayo a los actos de los sindicatos o los partidos a los que sirven los sindicatos. Pero esto es sólo el principio. ¿Cuántos más apagones o semanas en la lista de espera aguantarán los trabajadores antes de votar la motosierrra de Musk o Milei? Y cuando ese momento llegue, ¿todavía se preguntará la izquierda parasitaria el porqué?

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