El euskera sigue retroceciendo y cae otro punto respecto al curso pasado
El gobierno de Navarra ha anunciado que hoy comienza el curso escolar 2026-2027 con un total de 111.771 estudiantes, 75.424 de los cuales están matriculados en la red educativa pública y 36.347 en la red concertada-privada. El porcentaje de la pública es del 67,5%, ligeramente descendente pero muy simular al del año pasado, el 67,8%. Todos sabemos por lo demás que el gobierno no es neutral en esta elección y trata de poner todas las trabas materiales posibles a la educación privada-concertada y al mismo tiempo promocionar y prestigiar todo lo posible la educación pública.

En este curso académico las ratios grupo/aula en los centros continúan bajando en todos los ciclos y etapas educativas como consecuencia del invierno demográfico. De hecho, frente a los 116.123 estudiantes del curso pasado el curso presente comienza con sólo 111.771 alumnos. Una parte importante de estos alumnos son de origen inmigrante y por otro lado nos encontramos con que crece la población navarra en general, pero decrece la población escolar. Es decir, una gran parte de la población inmigrante llega con sólo el nivel de educación adquirido en su país, habitualmente inferior al nuestro. Mientras tanto la población que sale más cualificada que sale de nuestro sistema educativo lo que hace en una medida significativa es emigrar. Importamos personas menos cualificadas que la media y exportamos a las más cualificadas. El resultado es una bajada de la media del nivel de educación. Nos contaron que el futuro de España dependía de la educación y la cualificación y de retener el talento y si era verdad esto debería causarnos preocupación.

Por otro lado, el gobierno foral indica que en conjunto 86.668 estudiantes se han matriculado en los modelos lingüísticos A y G (en español) y 25.103 en los modelos B y D (en euskera). La nota del gobierno no especifica cuántos alumnos se han matriculado en el modelo B y cuántos en el D, para poder comparar la evolución singular del modelo D, pero lo que sí podemos comparar es la evolución conjunta de los modelos en euskera respecto al curso anterior. En el curso 2025-2026 los modelos B y D representaban el 23,5% de las matriculaciones, respecto al 22,4% del curso actual. Es decir, en sólo un año los modelos en euskera han experimentado un desplome de 1,1 puntos. Teniendo en cuenta además los esfuerzos propagandísticos y presupuestarios a favor del modelo D, o que el gobierno radical de Chivite cada vez impone más el euskera para poder obtener un puesto en la administración foral, el resultado sólo puede calificarse de catastrófico.


La cosa empeora si echamos la comparativa aún más para atrás. En el curso 2020-21, por ejemplo, las matriculaciones en los modelos B-D representaron el 25,4% del total, frente al citado 22,4% del curso actual. El dato resulta vertiginoso no sólo como hecho estadístico, sino por sus implicaciones políticas y presupuestarias. Nos encontramos por un lado ante el naufragio de una política de normalización lingüística que ha costado cientos de millones de euros, y por otro ante el fracaso de un modelo político que pretendía construir una identidad nacional a partir de la lengua. Desde luego en Navarra se habla el vascuence, y el vascuence es estupendo y es parte de la realidad, pero es sólo una parte de la realidad. Navarra no es el país del euskera y no se puede construir una identidad política sobre una realidad lingüística que es muy respetable pero refleja la realidad social, una realidad social en que lo vasco es una parte de lo navarro y ni siquiera de todo navarro. Por lo demás, el nacionalismo con sus korrikas, sus fotos de etarras, su imposición lingüística y su discriminación positiva (positiva para ellos, negativa para el resto) quizá sólo está consiguiendo convertir al euskera en su víctima y en una lengua antipática. Seguramente al euskera le iría mucho mejor si la única política lingüística fuera la libertad y sin el abrazo del oso nacionalista.