La Cámara de Contos de Navarra

Contos es una de esas reliquias que nos ha dejado el romance navarroaragonés como amejoramiento, castellanización del romance navarro “amelloramient”, pero que en español estándar diríamos “mejora” o “mejoría”.

Aunque hoy en día todo el mundo en Navarra pronuncia “contos” (en referencia a la cámara de comptos), seguimos escribiéndolo de la forma cercana al latín obviando que el latín que trajeron los romanos hace milenios ya pasó previamente por el romance navarro como “contos” y hasta varios textos antiguos, tanto en Navarra como en Aragón, lo documentan repetidamente como CONTOS.

La denominación histórica «Cámara de Comptos» (o «Cambra de contos» en romance navarroaragonés) tiene una etimología que refleja la compleja realidad lingüística de la Navarra medieval. El término contos proviene del romance navarro, una lengua iberorromance propia del reino que evolucionó a partir del latín vulgar en convivencia con el vascuence, el árabe…

Aunque la institución fue impulsada por monarcas de dinastías francesas, el nombre utilizado en la documentación oficial terminó adoptando una forma gráfica de la lengua romance local, contos, diferenciándose así de los términos puramente occitanos “comptes” o galicismos estrictos, a pesar de que hoy se utilice gráficamente la forma intermedia “comptos”.

La institución fue establecida formalmente en 1365 por el rey Carlos II de Navarra, perteneciente a la casa de Évreux, con el objetivo de fiscalizar la gestión económica del reino. Aunque la influencia de las dinastías francesas (como las casas de Champaña y Évreux) introdujo modelos administrativos y términos contables foráneos, el idioma de la administración navarra para esa fecha ya era predominantemente el romance navarro. Por ello, el nombre de la cámara se consolidó bajo las reglas lingüísticas de esta variedad autóctona. 

Lingüísticamente, el romance navarro se encuadra dentro del grupo navarroaragonés, compartiendo rasgos con el aragonés medieval pero manteniendo hasta cierto punto una personalidad gráfica y fonética propia. El término contos o comptos designaba tanto a los «maestros de cuentas» como a las cuentas mismas que debían ser auditadas. Esta denominación es la evolución natural del latín computus (cuenta o cálculo), que en romance navarro dio lugar a las grafías registradas en los documentos del archivo real. 

Es importante destacar que el romance navarroaragonés fue la lengua oficial de la corte y la cancillería de Navarra desde el siglo XIV hasta su posterior asimilación por el español en el siglo XVI, a pesar de que obras como el Vocabulario Navarro de Iribarren o el Atlas Lingüístico y Etnográfico de La Rioja, Navarra y Aragón demuestran la predominancia del léxico (e incluso de la gramática) navarroaragonés en nuestras tres regiones, al menos hasta bien entrado el siglo XX, y que se trató de una asimilación sencilla por la cercanía lingüística entre el navarroaragonés y el castellano.

Documentos fundamentales como el Fuero General de Navarra, los fueros aragoneses, el Privilegio de la Unión de Pamplona, el Privilegio de la Unión de Zaragoza…fueron redactados en esta lengua, lo que otorgaba al término «Cámara de Comptos» una validez jurídica y administrativa plena dentro de los estándares lingüísticos del reino, lejos de ser simplemente un préstamo extranjero. 

La convivencia con el occitano y el francés enriqueció el léxico administrativo navarro debido a la llegada de «francos» que se asentaron en burgos como Pamplona o Estella. Sin embargo, la investigación filológica moderna confirma que el romance navarro suplantó gradualmente al occitano y al latín en la documentación pública. Así, mientras el occitano conservaba formas como comptes (como el catalán), el navarroaragonés se estabilizó en la forma comptos o contos, reflejando la fonética local. 

Se conservan textos medievales con el término contos tanto en Aragón y Navarra, como los contos del Concejo de Mirambel (Teruel) y la sección de contos del Archivo General de Navarra. El término «Cuentas del Concejo de Mirambel» se refiere principalmente a una obra de investigación histórica que transcribe y analiza los registros contables de la localidad aragonesa durante la Baja Edad Media.

Aritz Lizarraga Olascoaga

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