El pasado lunes, el campus de Álava de la Universidad del País Vasco cerró sus puertas tras suspender las clases presenciales, ante un supuesto “riesgo” derivado de un acto convocado por Vox junto al recinto universitario, contra el que a su vez la organización violenta abertzale GKS había llamado a un boicot.

La convocatoria de este acto había levantado una notable polémica y el rector de la UPV no sólo decidió cerrar el campus y suspender las clases presenciales, sino que también escribió un artículo en El Correo para hacer visible su «plante» y su «rechazo» a un partido que, aunque «legal», el rector considera que «niega los valores sobre los que se asienta nuestra universidad», entre ellos el «pluralismo», la «convivencia basada en la paz y en el diálogo» o la igualdad contra «toda forma de discriminación». Resulta sin embargo de lo más contradictorio que se suspenda un acto político en nombre del diálogo, el pluralismo y la lucha contra toda forma de discriminación. 40 profesores de la UPV y varios ex vice rectores denunciaron también mediante una carta esta discriminación.

El cordón sanitario al que es sometido VOX contrasta por otro lado con la liberalidad con la que Bildu, Podemos o los familiares de los presos de ETA han podido disfrutar por ejemplo del Bizkaia Aretoa, el gran auditorio de la UPV en Bilbao. Por lo visto VOX es incompatible con los valores de la universidad, pero esos valores no son incompatibles con formaciones que defienden la violencia política contra sus rivales, las dictaduras comunistas o la impunidad de los presos de ETA.

Por lo que se refiere a VOX, algún día quienes como el rector de la UPV denuncian que ataca la democracia, o la igualdad, o los valores de la universidad, deberían especificar en qué los ataca. ¿Qué es atacar la democracia o los valores de la universidad vasca? ¿Decir que la violencia contra las mujeres es terrible y condenable pero que no se explica por las razones que pretende la izquierda? ¿Denunciar una política de reemplazo poblacional que la propia Irene Montero reconoce? ¿Pedir que se expulse a los delincuentes importados? ¿Oponerse al burka? ¿Recordar que los etarras son terroristas y no presos políticos?

La violencia política funciona y por eso persiste. Quienes se benefician de esa violencia, el nacionalismo y la extrema izquierda, no quieren renunciar a esa ventaja. En el caso de la UPV nos encontramos ante una doble pinza para cancelar al que piensa diferente de la izquierda y el nacionalismo. Por un lado está la pinza institucional, encarnada por el rector, que pone su parte para cerrar las puertas al cancelado. Por otro lado el brazo armado de la izquierda y el nacionalismo, GKS, que moviliza a la manada violenta abertzale para boicotear la convocatoria de VOX. Nótese que no es VOX quien va a boicotear las convocatorias, mítines o carpas de los demás, sino el nacionalismo y la extrema izquierda quienes acuden a boicotear violentamente los actos de VOX. El devorado es llamado caníbal y el antropógafo come la carne humana asegurando entre bocado y bocado que lucha contra el canibalismo.