El alcalde de Valtierra (UPN) la lía al hablar de los menas

No son niños, son menas

“Son niños”, es la frase del momento para justificar la avalancha y reparto de menas. Si los menas son niños, o niñes, lógicamente es mucho más difícil atacar su acogimiento, su reparto y todo gasto que exija su atención o mantenimiento. ¿Pero es cierto que los menas son niños?

La radiografía de los menas evidencia que los menas, para empezar, son casi exclusivamente varones, que son muy mayoritariamente marroquíes y que además dos tercios de aquellos que son sometidos a pruebas, aunque cabría matizar que no todos son sometidos a pruebas sino generalmente los sospechosos, resultan ser mayores de edad. El hecho es que en la mayoría de los casos, como son indocumentados, nos referimos a los menas como menores sin tener evidencia de que efectivamente sea esa la verdad.

A la idea de que “son niños”, se le suele añadir además la coletilla de que “huyen de la guerra”. De este modo, hay que ser ya un auténtico desalmado para no abrir los brazos a todos los menas que quieran llegar, repartirlos y abrir un centro de menas junto a la casa del vecino. No junto a la nuestra, junto a la del vecino.

Varones y marroquíes tampoco es exactamente el perfil de personas que huyen de una guerra, como en Ucrania. De Ucrania sí que casi todos los refugiados eran mujeres y niños. ¿Cómo se explica entonces que casi todos los inmigrantes africanos sean varones en edad militar? Al menos demográficamente eso se parece más a una oleada de invasores que a una de refugiados, ¿o son las mujeres y los niños los que se han quedado a hacer la guerra?, pero como eso podría ser discurso de odio no se puede pensar. Decíamos que el 60% de los menas provienen de Marruecos y no hay ninguna guerra en Marruecos de la que puedan huir como refugiados. Pero no le demos tampoco muchas vueltas a esto no haya alguna fea palabra de la que nos puedan acusar o alguna ley que infrinjamos al pensar.

Volviendo al principio, demos una vuelta al uso de la palabra “niños” para referirse a los menas. Según el diccionario de la RAE, niño es el que “está en la niñez”, y la niñez es el “período de la vida humana que se extiende desde el nacimiento a la pubertad”. Es decir, un niño no es un menor de 18 años, o un menor de 21 años allí donde ese es el límite de la mayoría de edad. Un niño es una persona que no ha llegado a la pubertad, la cual suele comprender entre los 8 y 14 años. Por tanto esta definición excluye a casi todos los menas y explica que casi todos aquellos menas que el gobierno llama “niños” sean en realidad jóvenes perfectamente capaces de pegar a un adulto. Interesa tener claro este tipo de cosas porque no tiene sentido intentar iniciar un razonamiento o establecer un debate cuando ni siquiera sabemos de lo que estamos hablando.

De este modo llegamos al último hecho noticioso que ha tenido lugar en la Comunidad Foral, al tener un alcalde de UPN la ocurrencia de cuestionar el coste de los menas frente a las ayudas que reciben otros segmentos de la población local. Los mismos partidos que han pactado entre «progresistas» excluir del reparto de menas a País Vasco y Cataluña, resulta que no estudian denunciar a los promotores de esa exclusión, que son socios suyos, pero sí denunciar a un alcalde que verbaliza algunas de las razones de esa exclusión, que por lo visto es justa y no xenófoba para Euskadi y Cataluña pero no para Navarra y el resto de España. Es de temer sin embargo que la propia UPN de Ibarrola repruebe a su alcalde para no tener que afrontar la carga de ser señalada como poco centrista. Naturalmente hemos recuperado de la hemeroteca las declaraciones de la alcaldesa socialista de Marcilla sobre el centro de menas en esa localidad, no sea que al gobierno foral le interese estudiar denunciar por odio antes que a otros alcaldes a una alcaldesa de progreso, por aquello de predicar con la ejemplaridad antes de pedir cuentas a los demás.

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